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| 2/21/1983 12:00:00 AM

DE TU A TU

García Márquez-Fidel Castro, una amistad, que empezó con la literatura y se consolidó con la política.

Desde 1959 hasta 1970, la relación Fidel Castro-García Márquez, si así puede llamarse, era de una sola vía. Gabo, el periodista, admiraba y seguía la carrera del líder revolucionario quien, obviamente, no lo conocía. La ocasión en que accidentalmente coincidieron y fueron presentados en el aeropuerto de Camaguey fue un momento inolvidable para el costeño de 32 años, pero pasaría totalmente desapercibido para el jefe del gobierno cubano. 22 años después, Castro, refiriéndose jocosamente a los episodios de la época que le ha relatado García Márquez cuando era su admirador anónimo, dice: "Chico, imagínate si iba yo a poder reconocer un futuro Nobel en una rueda de prensa o en un aeropuerto".
Aunque el premio Nobel poco ha tenido que ver en la amistad entre estos dos hombres, la literatura si ha jugado un papel muy importante. En 1967, García Márquez publica Cien años de Soledad e inmediatamente queda consagrado como un "grande" de la literatura latinoamericana. Neruda encuentra la obra comparable solamente a El Quijote. El calificativo de "genio" con el cual él mismo describía a Castro es ahora utilizado para describirlo a él. Los días de anonimato y pobreza quedarían atrás para siempre.
Entrarían ahora a formar parte de una mitología creada alrededor del escritor: Aracataca, el padre telegrafista, los 18 hermanos, la Cueva, la rue Cujas, los días en México, la muerte de Alvaro Cepeda..., elementos que, en la "gabología", jugarían un papel similar al Moncada, el Granma y la Sierra Maestra en la leyenda de la revolución cubana.
EL CASO PADILLA
Este "nuevo" Gabo habría de ser buscado en 1971 para firmar un plebiscito contra el gobierno cubano en relación con el "caso Padilla". El episodio alrededor de Heberto Padilla, un poeta que fue puesto prisionero por el gobierno de Castro por el contenido supuestamente antirrevolucionario de su obra, dividió en dos bandos a los intelectuales y artistas latinoamericanos. Mientras que unos defendieron a Castro, otros vieron en la coacción a la libertad de expresión un fatal indicio de totalitarismo. Algunos llegaron, inclusive, a romper con la dirección cubana por este incidente. García Márquez estuvo entre los primeros: nunca firmó carta alguna contra la decision de Castro.
Poco tiempo después, se encuentra en Londres con Carlos Rafael Rodríguez, el tercero en la jerarquía cubana después de Fidel y Raúl Castro. Considerado como uno de los grandes intelectuales cubanos, su interés por la literatura y la solidaridad de García Márquez con el gobierno cubano, a raíz del caso Padilla, los vuelve amigos. Como Gabo no había regresado a la isla desde sus días en Prensa Latina, Rodríguez lo invita para que vea cómo han cambiado las cosas en los últimos 10 años. García Márquez acepta y poco tiempo despues es recibido en La Habana como invitado de Rodríguez.
LA CULTURA DE LA ESCASEZ
Le causa una gran impresión la evolución del proceso revolucionario. La escasez, casi total, creada por el bloqueo norteamericano ha obligado a la población a desarrollar técnicas propias de supervivencia. La recursividad cubana había logrado adaptar tecnologías caseras a una infraestructura cuyo mantenimiento dependía enteramente de repuestos y tecnología norteamericanos. Los Chevrolet Impala y todos los inmensos carros aletudos del final de los años 50 rodaban desbarajustados por las calles, no obstante no haber entrado un sólo repuesto de los Estados Unidos en los últimos doce años. Cada motor era un monumento al ingenio individual. Piezas de metal, plástico o madera, hechas a mano, a veces amarradas por un simple trapo, mantenían funcionando practicamente todos los vehículos de la isla. Lo mismo sucedía con las tuberías, la maquinaria agrícola, la maquinaria industrial, etc.
Todo el engranaje cubano estaba remendado a mano y, mal que bien seguía funcionando.
Garcia Márquez considera ésto tan interesante que inmediatamente decide escribir un libro sobre el tema.
"Cultura de la escasez" es la frase que acuña para describir el fenómeno. Se lo plantea a su anfitrión, Carlos Rafael Rodríguez quien, al instante, se estusiasma y pone todos los archivos del gobierno a su disposición. Después de investigaciones preliminares, Gabo parte de Cuba para comenzar la organización de la obra. Su base será México, pero obviamente tendrá que hacer varias visitas a la isla.
Pocas semanas después regresa a La Habana. Era el primer viaje de trabajo propiamente dicho y García Márquez va acompañado por su hijo Rodrigo.
Había que comenzar a recoger material y a estructurar la historia.
Rodríguez seguía siendo el coordinador y colaboraba en todo momento para facilitar la tarea del escritor.
Transcurridos algunos días le informa que debe viajar al exterior, pero que le tiene una sorpresa: Fidel Castro está interesado en la obra y desea hablar con él sobre el tema. Por lo tanto le recomienda quedarse en el hotel, aún cuando no puede decirle exactamente cuándo pasará Fidel. Esta es la primera vez que Gabo tiene contacto con el sistema de vida de Castro, en el cual no hay horas fijas y hay que estar en disponibilidad para el anuncio de la llegada de él e inclusive para la llegada sin anuncio.
Más de un día está García Márquez encerrado en su "suite" del Hotel Nacional, al lado de su hijo, esperando pacientemente la llegada del Comandante. Finalmente una voz por teléfono le informa que a las dos de la tarde lo visitará Castro. Exactamente a esa hora se presenta. El mismo maneja un jeep e invita a García Márquez y a su hijo a visitar un desarrollo genético.
La genética ha sido siempre una de sus pasiones y disfruta mostrándole a los visitantes los progresos que Cuba ha hecho en ese campo. De dos de la tarde a doce de la noche habría de permanecer el trío conversando en la terraza de la granja genética. Como resultado de ese encuentro García Márquez nunca escribiría el libro sobre la cultura de la escasez. Según él, Castro le suministra tanta información y con tanta profundidad que se le "enreda" en la cabeza la versión periodística que tenía en mente. Trata de ajustar el libro a esta nueva percepción, pero nunca puede recobrar el hilo ni llegar a una fórmula que lo deje satisfecho. Habrían de pasar años durante los cuales Gabo seguía pensando que algún día escribiría ese libro. Pero nunca lo hizo.
CONSEJERO DE LECTURAS
A todas éstas, García Márquez continúa viajando con frecuencia a La Habana. En cada ocasión tendría la oportunidad de entrevistarse con Castro. El lugar de reunión era la "suite" del escritor en el hotel Habana Libre. Para evitar crear una conmoción con su presencia, Fidel entra por las cocinas y utiliza los ascensores del servicio. Las reuniones duran largas horas y con frecuencia se extienden hasta el amanecer. Uno de los principales temas es obviamente la obra de García Márquez. Cien Años de Soledad había sido publicada en Cuba en 1968 y había sido objeto de una gran acogida. Castro, quien, según García Márquez, es de las personas que más conocen y entienden su obra, "devora" prácticamente de corrido El Otoño del Patriarca y pasan horas enteras comentándolo. El dictador tropical de la obra, le parece una caricatura de Fulgencio Batista, el hombre a quien Castro había combatido y derrotado durante su juventud.
Cuando lee el Relato de un naúfrago, descubre un pequeño error que nadie habia notado desde cuando el cuento había sido publicado: el barco no podía haber llegado a Cartagena a la hora en que se afirmaba en el libro, pues una multiplicación de la distancia por el número de nudos por hora daba un resultado totalmente diferente.
Más recientemente, le ha llamado la atención sobre un error en Crónica de una muerte anunciada. Era relacionado con el calibre de un revólver Magnum.
Castro, experto en armas, le señala que ese calibre no puede ser de Magnum.
Pero las conversaciones no se han limitado a la obra del escritor colombiano. García Márquez, en realidad, se convierte en el consejero de lecturas de Castro. Esto comienza hace muchos años cuando, a la salida de una reunión protocolaria, Fidel le comenta que tiene que leer esa noche una montaña de documentos oficiales.
Gabo le sugiere alternar ese tipo de lectura pesada con literatura ligera para relajarse. Le of rece que en un proximo viaje le traerá algunos libros de los que tiene en mente para que compruebe por si mismo la eficacia de la fórmula.
En el siguiente viaje, García Márquez llega con un paquete de libros. Es la mejor selección de lo que él llamaba literatura ligera. Incluye desde libros clásicos hasta "best sellers" norteamericanos. Estaba ahi, Drácula en su versión original, El día del Chacal El tríangulo de las Bermudas, El año de la peste, El día de los trífidos y otros. Castro, quien hasta ese momento es más bien un lector de libros "serios" se entusiasma con la literatura ligera de Gabo. Desde ese momento, García Márquez, en cada uno de sus viajes a Cuba, le lleva al Comandante en jefe por lo menos media docena de libros. Castro duerme poco y lee mucho. Gabo asegura que en una ocasión le trajo seis libros y no pudo dejar de sorprenderse cuando, a su partida dos semanas más tarde, Castro los había leido todos. Un libro casi cada dos días tiene que ser un récord entre jefes de Estado.
CAMBIO DE CAMPO
1975 es probablemente el año en que la amistad pasa del campo de la literatura al campo de la política. El vehículo para este tránsito fue el periodismo.
Cuba ha enviado tropas a Angola a enfrentarse con tropas sudafricanas que apoyan un movimiento más moderado y antagónico al del marxista Agostino Netto. Que el ejército cubano recorriera medio mundo para ayudar una revolución en Africa era algo inusitado y susceptible de gran controversia. Garcia Márquez, quien en ese momento editaba la revista Alternativa, ve la posibilidad de una gran "chiva" si puede dar los detalles militares de esa expedición. Por ese motivo vuela a Cuba a pedirle a Castro su colaboracion en esta idea. Castro consciente de que el prestigio del autor de Cien Años de Soledad amortiguaría el impacto negativo de esa intervención ante la opinión mundial, aceptó colaborar plenamente. Concertó una cita entre el escritor y su hermano Raúl quien; en su calidad de ministro de Defensa; es el responsable de la "operación Carlota" nombre con el cual es posteriormente conocida.
Gabo pasa casi 20 horas con Raúl Castro y los altos mandos interrogándoles sobre las minucias de esa expedición. Con esa información exclusiva vuela a México a redactar el artículo, Tan pronto lo termina lo envía a Cuba para tener el visto bueno de Fidel y Raúl. Este no llega y durante tres meses no hay respuesta. Algo desconcertado decide regresar a La Habana a averiguar qué ha sucedido.
Al llegar allá se encuentra con un Castro un poco escéptico sobre el contenido del articulo. Mortificado, Garcia Márquez intenta en vano establecer qué correcciones podían hacerse. Sin embargo, Castro no las concretaba. Finalmente, utilizando la decisión de Carlos Rafael Rodríguez, se aprueba una versión y el artículo es publicado. Al parecer a Castro le había incomodado que el ejército cubano quedaba como el bueno de la película, mientras que el de Angola jugaba un papel anodino. Actualmente, Gabo cree que la posición evasiva de Castro frente al tema habia obedecido a un ex;;eso de pudor frente a la veracidad de los hechos. En todo caso el artículo fue todo un éxito. Castro descubre entoni;es las repercusiones que puede tener la acción conjunta con el escritor. Desde ese evento han trabajado en llave en varias ocasiones, particularmente en Centroamérica, cada uno desde su trinchera.
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