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| 4/22/1985 12:00:00 AM

EL LAVADO DE DOLARES

La revista Business Week revela quiénes son y cómo operan los colombianos que manejan este negocio.

Después de muchos años de intentar, con poco éxito, erradicar el narcotráfico combatiéndolo en forma directa, las autoridades norteamericanas han resuelto cambiar de objetivo y enfilar sus baterías en contra de la poderosa industria del lavado de dólares. Se trata en principio de desbaratar un mercado que mueve anualmente unos 80 mil millones de dólares, producto del tráfico de drogas. Pero esta nueva cruzada no ha resultado ser una tarea fácil: los "ejecutivos" que manejan este gigantesco negocio son excepcionalmente hábiles. Además, se sabe desde ya que la ofensiva que se ha desatado golpeará una gama muy variada de actividades, desde las casas de cambio y préstamo, hasta los casinos de Atlantic City.
Todo esto sin mencionar el cambio radical que en el futuro habrá de sufrir la vida de los banqueros, en virtud de las nuevas medidas que prepara el gobierno de Reagan, entre ellas un proyecto de ley para castigar a los funcionarios bancarios a quienes se les compruebe complicidad en el lavado de dólares, elevando lo que antes eran simples irregularidades a la categoría de delitos con penas hasta de diez años de prisión. Por otra parte, los banqueros se verán obligados a pagar un alto precio por los costos administrativos que se generarán del aumento de la vigilancia de las actividades de sus clientes. De la guerra contra los lavadores se derivará una mayor intromisión del Estado en los negocios privados. La reserva bancaria se levantará más fácilmente y las autoridades tendrán un mayor acceso a lo que antes era considerado como información secreta.
La idea de las autoridades es seguirle la pista al dinero en efectivo. Según James D. Harmon, director ejecutivo de la Comisión Presidencial contra el crimen organizado, "el efectivo es el soporte vital de todo un sistema sin el cual el crimen organizado no podría existir". El uso de las primeras leyes dictadas para respaldar la ofensiva ha permitido ya una serie de logros importantes. La secretaría del tesoro confiscó, en virtud de las nuevas facultades que se le confirieron a sus agentes, más de 75 millones de dólares en efectivo, producto de actividades ilegales, en los últimos cuatro años. Además, 21 bancos han sido sancionados en los Estados Unidos por no llenar las formas requeridas por el gobierno para transacciones superiores a los diez mil dólares. Otras 41 instituciones financieras se encuentran bajo investigación por cargos similares.
Pero los lavadores no sólo utilizan bancos. Durante la llamada "pizza connection", en la cual un grupo de pizzerías fueron utilizadas para la distribución de las drogas, los lavadores se encargaron de legalizar millonarias cantidades de dólares. Hicieron depósitos en efectivo sin el debido registro, por 4.9 millones de dólares en Meryll Lynch, Pierce, Fenner & Smith Inc. y otros 15.6 millones en E.F. Hutton & Co., antes de que las autoridades los descubrieran. Pero el problema no sólo cobijó a instituciones norteamericanas. En la misma "pizza connection", los lavadores depositaron millonarias cantidades en el Swiss Bank Corp. y en el Credit Suisse, utilizando para ello el banco de Boston, que transfirió a estos y a otros siete bancos más de mil millones de dólares sin declararlos a las autoridades. La extensión del problema al otro lado del Atlántico ha llevado al parlamento europeo, con sede en Estrasburgo, a sostener reuniones para estudiar las finanzas de las organizaciones criminales. Por su parte, el parlamento británico está discutiendo propuestas para ampliar las facultades del gobierno de intervenir las transacciones en moneda corriente. Incluso los suizos, defensores por excelencia de la reserva bancaria y de las cuentas cifradas, están estudiando cambios en su legislación.
Aunque el principal objetivo de los investigadores norteamericanos es el lavado de dólares del narcotráfico, sus hallazgos han permitido establecer interesantes datos, como que los millonarios latinoamericanos, desconfiados ante la inestabilidad política de sus países, sacaron de ellos en los últimos tiempos cerca de 50 mil millones de dólares. Sin embargo, no es eso lo que más preocupa a los Estados Unidos.

EN BILLETES DE US$ 20
Los 80 mil millones de dólares anuales del mercado de las drogas suelen moverse inicialmente en billetes de baja denominación, como los de 20 dólares. En su nivel más elemental, el lavado de dólares consiste en convertir esos billetes de 20 en valores más seguros y más "portátiles". Un maletín lleno con un millón de dólares en billetes de 20 pesa más de 45 kilos. El lavado debe además transformar ese efectivo en moneda cuya pista no pueda ser seguida. Cuando las cantidades eran menores y los agentes federales menos incisivos en sus requisas, la manera más fácil de lavar dólares era sacar el dinero en efectivo de los Estados Unidos y consignarlo en bancos de Panamá o de las islas Caimán. Pero como el efectivo hace mucho bulto y ahora los agentes aeroportuarios desconfían hasta de los pañales desechables y de las cajas de Monopolio, este tipo de lavado ha comenzado a caer en desuso. Hace unos años la colombiana María Lilia Rojas fue detenida cuando trataba de sacar de los Estados Unidos, en 6 cajas de Monopolio, un millón 430 mil dólares. Hoy en día, a nadie se le ocurriría intentar algo semejante.
A medida que los volúmenes a lavar han ido creciendo, los lavadores se han volcado hacia los grandes bancos, donde el flujo de cantidades gigantescas se nota menos. El truco consiste en evitar que el banco tenga que llenar las formas requeridas para consignaciones superiores a los diez mil dólares. Algunos lavadores optan por utilizar una ruta directa: sobornar a los banqueros para que no informen a las autoridades de las consignaciones grandes. Otros prefieren mantener cada depósito individual por debajo de los diez mil dólares, para no verse obligados a reportarlo a las autoridades. Pero otros son más sofisticados: abren cuentas corrientes a nombre de compañías panameñas fantasmas que les sirven de mampara, de tal manera que cuando consignan por encima de US$ 10 mil, la información que suministran a las autoridades en las formas no ofrece pista alguna sobre el origen o el destino del dinero. Los más duchos en el negocio van aún más lejos y obtienen exenciones que les permiten no estar obligados a llenar las formas, argumentando que los negocios que manejan son lícitos y mueven grandes flujos de dinero.
Pero cualquiera que sea el camino utilizado, el hecho es que cuando el dinero está a salvo en el banco, los lavadores sólo tienen que transferirlos a través de giros y remesas a cuentas corrientes en Panamá o las islas Caimán. Esas cuentas suelen estar a nombre de empresas fantasmas, pero una vez que el dinero ingresa en ellas, las leyes locales de reserva bancaria hacen imposible seguirle la pista al dinero. De ese modo, la moneda, "limpia" ya, sirve para pagar el siguiente embarque de droga, para financiar la gran vida que se dan los "capos" o para comprar finca raíz en California. Por su trabajo, los lavadores ganan una comisión del 3% del total lavado.

CONSIGNACIONES EN EL PISO DE ABAJO
Hasta hace poco no era difícil encontrar banqueros en los Estados Unidos que aceptaran cooperar con los lavadores. "Había mucho dinero y era fácil convencernos a nosotros mismos de que era legítimo o casi legítimo aceptar las consignaciones", admite un banquero de la Florida. Pero en palabras de un disgustado juez de ese estado "Miami se volvió el Wall Street del mercado de las drogas". No hace mucho, era común ver mensajeros parados en las filas de los bancos con talegos, cajas de cartón, maletines o paquetes de compras llenos de dinero en efectivo.
Uno de los grandes lavadores de dólares con base en Miami, el colombiano Beno Ghitis, describió a las autoridades que lo detuvieron, cómo lavó 240 millones de dólares en 8 meses, a un promedio de 1.5 millones por cada día hábil. Ghitis tenia una oficina ubicada sobre una sucursal del Capital Bank de Miami y sus mensajeros depositaban regularmente con sólo bajar las escaleras. El banco nunca pudo ser acusado de complicidad, aunque toleraba que los mensajeros de Ghitis no colocaran en las hojas de consignación sus nombres completos y aunque no consideraba sospechoso que ni siquiera esperaran a que el cajero les contara la plata.
Las relaciones de Ghitis con el Capital Bank eran muy buenas. Por su operación de lavado, el colombiano pagó inicialmente al banco un octavo del 1% del saldo de la cuenta, luego un quinto del 1% y finalmente, cuando el negocio se creció de verdad, una tarifa mensual de cerca de 300 mil dólares.
Antes de que se iniciara la ofensiva anti-lavado, los gerentes de las sucursales bancarias en Miami vieron el fenómeno del lavado de dólares como una manera fácil de aumentar los depósitos y ganarse el favor de sus superiores. Existía una verdadera competencia entre las distintas sucursales por ver quién lograba mostrar los mayores depósitos. Para un funcionario bancario en proceso de ascenso, era poco menos que una locura rechazar una consignación grande.
Como respuesta a esto, se aumentaron las multas para las violaciones al reporte de las grandes consignaciones y esto exigió a los banqueros una mayor vigilancia. A su vez, los lavadores debieron volverse más cuidadosos y dedicarse a consignar en pequeños depósitos de 5 mil y 7 mil dólares, realizando 30 o 40 consignaciones diarias, trabajando en equipo con un grupo de mensajeros. También se utilizaron testaferros para esta labor. Todo el mundo parecía buen candidato para servir de testaferro: un grupo de abuelas de la costa oeste alcanzó a lavar más de 25 millones de dólares en bancos de esa zona de los Estados Unidos, antes de ser detectado por un agente encubierto que se hacía pasar por funcionario de uno de los bancos.

LOS CAMARONES DE OROZCO
Hasta hace pocos años, los lavadores pensaban que podrían seguir trabajando impunemente, mientras mantuvieran sus actividades separadas del negocio de las drogas. Pero en el juicio que se le siguió en 1983 al colombiano Eduardo Orozco Prada, se establecieron algunos precedentes legales. El fiscal que estaba encargado del caso, Michael Feldberg, convenció al jurado de que Orozco era una institución financiera en sí misma y para sí mismo y por lo tanto estaba obligado a realizar él mismo el reporte de sus negocios a las autoridades, Feldberg demostró la culpabilidad de Orozco, describiéndolo como un co-conspirador que estaba colaborando e incitando a los narcotraficantes aunque el colombiano tenía como política el nunca tratar en forma directa con personas que tuvieran una condena por tráfico de drogas.
Agentes federales que trabajaban para Feldberg siguieron la pista de un depósito en dólares registrado en el libro de contabilidad de Orozco y descubrieron que ese depósito había sido transferido a un astillero en Alabama donde el dinero fue utilizado para la compra de un barco camaronero. El barco, llamado Northern Edge, fue detenido dos meses después en aguas colombianas, con más de 6 toneladas de marihuana. Siguiendo esta intrincada transacción, el jurado pudo comprobar que el lavado de dólares era una conexión con el narcotráfico.

EL CONFLICTO DE LOS BANQUEROS
Ante la ofensiva desatada contra el lavado de dólares, los banqueros norteamericanos han asumido dos posiciones: unos han optado por cooperar y trabajar mano a mano con las autoridades, mientras los otros alegan que con esta cruzada se está infrigiendo el derecho a la privacidad financiera de los clientes.
Entre los que están dispuestos a cooperar, el Sun Bank of Florida Inc., sólo venderá los cheques de gerencia a sus clientes regulares. Además ha montado un computador que diariamente lleva la lista de las cuentas con transacciones superiores a los 10 mil dólares.
Por su parte el Chemical de Nueva York organizó un curso intensivo para cajeros, con el fin de adiestrarlos en la detección de irregularidades. También estableció un monitoreo rutinario de los depósitos en sus 270 sucursales, para determinar cualquier flujo sorpresivo e inexplicable de grandes cantidades. Pero esta vigilancia tiene grandes costos administrativos, aparte del costo mismo de tener que prescindir de parte de la clientela.
James D. Harmon, de la Comisión contra el crimen organizado, relaciona a los banqueros reacios a cooperar con los lavadores y los narcotraficantes. No se para en matices y asegura que "si ellos escogen no contribuir con los esfuerzos para prevenir el narcotráfico, deben saber que cada dosis de cocaína o heroína, cada soborno y cada bala que se encuentre en el cuerpo de un agente federal, son pagados con el efectivo al cual ellos nunca quisieron abrirle el ojo".
Dentro de la ofensiva contra los lavadores, la secretaría del Tesoro pronto empezará a monitorear selectivamente los cheques y transferencias de cerca de 250 bancos del país, que están representados en el exterior. También se pondrá especial cuidado en los clientes que están exentos de llenar los reportes.
En otro esfuerzo mayor que se inició en mayo del año pasado, los casinos fueron obligados a llenar formas como las de los bancos para reportar transacciones superiores a los diez mil dólares, porque se pudo comprobar que una de las formas más fáciles de lavar dólares es ir a un casino, cambiar la moneda "sucia" por fichas, rondar por varias mesas durante algunos días y luego cambiar las fichas por cheques del casino y salir. Pero aún con estas nuevas leyes, subsisten boquetes. Aunque las autoridades norteamericanas han logrado una mayor cooperación de los bancos de Suiza y de las islas Caimán, en Londres, Toronto, Hong Kong y Frankfurt no existe aún monitoreo de las grandes transacciones en efectivo. Y muchos banqueros internacionales piensan que las cosas deben permanecer de ese tamaño. "La alta administración se preocupa menos por detectar depositantes sospechosos que por preservar el papel de Franckfurt como centro financiero internacional", asegura un ejecutivo de un importante banco alemán.
Algunos factores políticos complican aún más las cosas. "En muchos casos", afirma un agente inglés, "es necesario acudir a canales diplomáticos para lograr el acceso a los ministerios de Justicia" cada vez que sus averiguaciones lo conducen a países del continente. Aunque se supone que las autoridades suizas cooperan con los norteamericanos en las investigaciones sobre narcotráfico, hay con frecuencia lentitud y demoras.
En algunos países latinoamericanos, los obstáculos pueden ser mayores. "Muchas veces", sostiene el representante William J. Hughes, de una subcomisión contra el crimen, "la corrupción se extiende hasta la cúpula en algunos de esos países". Cuando la corrupción no es el problema, siempre está la cuestión de la soberanía. El gobierno colombiano, por ejemplo, no permitirá por ahora que dos de sus oficiales navales testifiquen en Nueva York en el juicio del lavador Orozco Prada. Cuando el fiscal Feldberg voló a Colombia en mayo del 83 para obtener el testimonio de los dos oficiales, fue prácticamente recibido con los brazos abiertos. "Había un mini-tumulto en el aeropuerto. Mucha gente era blanco de la DEA", cuenta Feldberg. Las relaciones se incrementaron desde que el presidente Belisario Betancur permitió que 4 colombianos, incluyendo a Ricardo Pabón Jatter y su hermano Said, fueran extraditados a los Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico y lavado de dólares. Pero la cooperación aún no es automática.
Las autoridades norteamericanas están convencidas de que sin un efectivo control global, los lavadores de dólares sólo tendrán que cambiar sus negocios de un lugar a otro, buscando siempre aquél donde las leyes protejan más sus actividades.

DINERO "SUCIO" EN MANOS "LIMPIAS"
Cuando los agentes norteamericanos buscaban lavadores de dólares, pensaron que se encontrarían con una especie de "apaches" que se movían en el mercado colombiano de la droga. Pero encontraron gente supuestamente correcta.
Entre ellos, un candidato a PHD, el propietario de un equipo de fútbol y el nieto de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia. "No son los típicos sucios y bastardos criminales" dice Charles Saphos, un procurador asistente de los Estados Unidos, asignado al Operation Greenback de Miami. "Ellos tienen educación y clase".
Para su disgusto, los agentes no han tenido mucho éxito en establecer un vínculo entre los "lavadores" y los narcotraficantes. Los lavadores trabajan free-lance, combinando o encubriendo sus negocios de lavado de dólares con firmas de importación y exportación, agencias de viajes, o casas de cambio legales. Algunos ejemplos: Roberto Botero fue declarado culpable en los Estados Unidos de no llenar los reportes de transacción de moneda y de lavar 57 millones de dólares a través de un banco de Miami. El y su hermano Hernán, que pronto enfrentará un juicio bajo cargos similares, vienen de la crema de la sociedad colombiana. Su familia es propietaria del hotel Nutibara en Medellín, "una especie de Waldorf Astoria de Colombia", según Joel Hirschhorn, el abogado de Roberto. Las posesiones y negocios de la familia incluyen finca raíz, compañías de mercadeo de granos y un equipo de fútbol.
Beno Ghitis, quien lavó cerca de 250 millones de dólares en 8 meses, viene de una familia colombiana de clase media educada y próspera. Ghitis estudió ingeniería, obtuvo un master y aspiraba a un doctorado antes de regresar a la agencia de viajes de su familia en Cali. Gustavo Ronderos, quien aceptó culpabilidad condicional por el cargo de "conspiración" (en Colombia es algo así como "asociación para delinquir") en el tráfico de drogas, es el nieto de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Su padre, un hombre de negocios, fue coronel del Ejército Nacional. Ronderos se aficionó al golf durante sus años de estudio en Atlanta y fue dos veces campeón nacional de amateurs en Colombia.
Los Botero, Ghitis y Ronderos tenían más que pedigrees para ofrecer. Ofrecían experiencia financiera. Tenían contactos legítimos en otras partes del mundo, contactos de los que carecían otros traficantes. Y, a través de sus agencias de viajes y casas de cambio, los lavadores tenían los pesos que los traficantes necesitaban para adelantar sus operaciones, y tenían más clientes legítimos para sus dólares.
Pero los narcotraficantes tenían que lavar cientos de millones de dólares de sus ganancias. Así, los lavadores tenían que "ceder" algunas veces parte de sus contratos a otros cambistas que podían incrementar la provisión de pesos. Durante el boom de los narcóticos a finales de los años 70, había muchos dólares negros circulando en Colombia hasta el punto de que el precio en el mercado negro era más bajo que el oficial.

DEPORTE NACIONAL
Muchas personas de lo más granado de la sociedad colombiana no veían problema alguno en el lavado de dólares. De acuerdo con el abogado de Botero, Hirschhorn, "todo el mundo en Colombia lava dólares, no solamente los traficantes de droga". La razón: el severo control de cambios que existe en Colombia. Los colombianos no pueden legalmente abrir cuentas en bancos extranjeros, y a quienes viajan al extranjero soló se les permite un cupo anual de cinco mil dólares.
Durante años, los colombianos fueron inclinándose hacia los mercados grises de lavadores cuando necesitaban dólares para viajar o para colocar dinero que estuviera a salvo de la deváluación del peso. Ghitis afirma que sus clientes eran exportadores de café que intentaban evadir impuestos. Así lo explicó a un subcomité del Senado de los Estados Unidos: "el deporte nacional en Colombia es hacerle trampa al gobierno".
Los lavadores que han sido aprehendidos por agentes norteamericanos han demostrado una desconcertante serenidad y poco remordimiento. "Piensan que porque no están tocando la droga, están limpios", dice un agente. Pero pueden estar cambiando y no precisamente a causa de la nueva vigilancia que se ejerce en los Estados Unidos. La decisión del gobierno colombiano este año de extraditar a Hernán Botero, a pesar de una campaña nacional montada por su familia para impedirlo, ha incrementado los riesgos y peligros de lavar dólares. "Se está volviendo socialmente menos aceptable y mucho más peligroso", dice el agente.
Con el tiempo y mayor presión, los tradicionales lavadores de dólares saldrán del negocio y serán reemplazados por familiares de los traficantes de droga. Los traficantes "pueden cansarse de pagar comisiones", dice Bonni G. Tischler, director de investigaciones financieras del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos. "Y no hay nada que pueda impedir que los traficantes también manden sus hijos a buenos colegios".

EL TOUR DE LOS REFUGIOS
Algunos de los más apetecidos refugios para lavar dólares no pueden ser encontrados en una guía Michelin. Figuran en cambio en un listado de la DEA. Y si Suiza, Panamá, Hong Kong y otros lugares estrellas pierden su fama como sitios privilegiados para consignar dineros de dudosa procedencia, aún quedarán muchos más disponibles.
Un rápido tour por los nuevos refugios lo llevaría a uno por el sur desde Miami hacia las islas Turks y Caicos, pertenecientes al Reino Unido. Cruzando el Atlántico, se podría llegar hasta las islas Canal, frente a las costas francesas. Al otro lado del mundo está Vanuatu en las Nuevas Hébridas y de allí, un poco más al norte" Nauru. Esta última es una nueva adquisición del tour. No tiene más de 8 millas cuadradas y cuenta con unos 8 mil habitantes, que no tienen que pagar impuestos y reciben gratis los servicios de salud, todo ello gracias a la riqueza que produce el fosfato para exportación. El problema para estos isleños es que se calcula que la roca de fosfato se va a agotar en unos 15 años y, por esa razón, las autoridades han relajado las medidas bancarias y la han convertido en un paraíso para guardar dinero. Una corporación puede montarse allí por correo en unos pocos días.
Casos como el de Nauru explican por qué a veces las autoridades piensan que eliminar el lavado de dólares persiguiendo los refugios bancarios es como tratar de erradicar la mosca casera con una roca. Pero la reserva bancaria es crucial para las grandes operaciones de lavado y por eso las autoridades están presionando por todo el mundo una revisión de conceptos. Dos puntos focales de esta lucha han sido Suiza y Panamá con los cuales las relaciones han mejorado, pero aún existen fricciones.
Los suizos permitieron hace poco que las autoridades norteamericanas obtuvieran cierta información sobre una cuenta que necesitaban investigar para resolver un caso que involucraba a Santa Fe Industries Inc. Aún así, fueron necesarios más de tres años y una tortuosa serie de trámites a través de las cortes suizas. Este país sólo permite a sus bancos dar la información cuando se haya violado la ley suiza y este punto será tema de una discusión entre autoridades suizas y norteamericanas proximamente.
En cambio, Panamá parece menos dispuesta a cooperar. Oficiales de la Interpol aseguran que este país centroamericano se niega a participar en una reunión en la cual se discutirán nuevas pautas para la reglamentación de la reserva bancaria en el Caribe. Panamá es ampliamente reconocida como la primera estación para el lavado de dólares, que son luego transferidos a Europa y Asia para que obtengan una mayor "limpieza".
Pero de todos modos la reserva bancaria está siendo atacada en esos lugares que antes eran considerados como el paraíso del negocio del lavado. En Suiza, el partido socialista y grupos tercermundistas están presionando a los bancos para que suspendan sus actividades como conductos para la evasión de capitales de los países en desarrollo. Aunque los socialistas suizos no han logrado aún un cambio de legislación, lo cierto es que su presión y la de otros grupos en otros países puede determinar algunos cambios.
Reducir la reserva en determinados lugares sin embargo, sólo logra empujar a los lavadores hacia otros sitios. La ley de reserva bancaria norteamericana de 1970 obligó a muchos a trasladar sus cuentas fuera de los Estados Unidos, principalmente al Caribe. Un banquero de Alemania, donde sólo prevalece la reserva en ciertos casos, sostiene que si ellos deciden levantarla, una cantidad grande de cuenta-habientes -incluyendo lavadores- sacarán su dinero hacia Africa, América Latina o Hong Kong.
Pero algunos dineros no tendrán que viajar tan lejos. Austria, que tiene una ley sobre reserva, está actualmente "pescando" las cuentas que están saliendo de Suiza. Además, el lavado de dólares se está trasladando hacia algunas áreas donde las autoridades occidentales no tienen muchas posibilidades de encontrar colaboración. Bulgaria, según la Interpol, se ha convertido en el nuevo centro para lavar los dólares provenientes del narcotráfico y, aún más, países como Libia han hecho conocer su interés por "manejar" dineros calientes.
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