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| 7/26/1982 12:00:00 AM

"EL PAIS NO SE HA CONSERVATIZADO"

La líder de Anapo responde SEMANA. MARIA EUGENIA ROJAS

La política ha sido con ella a veces ingrata, a veces generosa. Antes de que hubiera pronunciado un discurso, va estaba en el poder, al lado de su padre, compartiendo honores y privilegios. También esfuerzos y trabajos, no hay duda. SENDAS era algo más que una "kermesse" de caridad: quizás una semilla de populismo a lo Evita Perón.
Desde el 10 de mayo de 1957 hasta ahora, la carrera política de María Eugenia Rojas no ha tenido otro panorama que los desiertos de la oposición. Con variables y muy contrastadas alternativas, por cierto. En 1960, pertenecía al reducido grupo de fieles de su padre, verdaderos leprosos de la política. En 1970, después de una tumultuosa campaña que tuvo ecos en los grandes sectores marginales de las principales ciudades del país, tuvo el triunfo al alcance de su mano. A ella no le cabe duda alguna, de que en aquellos controvertidos comicios su padre fue el vencedor.
Después, fue el descenso y la virtual dispersión de sus huestes políticas. El millón seiscientos mil votos de 1970 se convirtió en 1974, cuando fue candidata frente a Alvaro Gómez Hurtado y a López Michelsen, en medio millón de sufragios. La derrota sufrida entonces, la dejó en una situación más marginal que nunca.
Ahora el cantar es otro. Con el triunfo de Belisario Betancur, María Eugenia Rojas vuelve al primer plano. En el ponqué de la victoria hay algunas velas suyas. Ni ella misma puede saber, a ciencia cierta, cuántas. Es evidente que en algo contribuyó para que las dormidas huestes de 1970, que tanto interesaron a los sociólogos, politólogos e investigadores de Betancur, hicieran de nuevo su aparición en la escena alterando todas las ecuaciones políticas tradicionales.
Si Betancur, como parece, patenta un nuevo estilo de gobierno con ingredientes populistas, María Eugenia Rojas habrá de sentirse más a sus anchas. Hay en su personalidad notas de color que facilitan una buena sintonía con el pueblo raso. Es una mujer exuberante y de buen humor a quien no le faltan kilos, ni pieles de leopardo en su sala y en su ropero, que sabe reir, bailar, cantar y soltar con estrépito malas palabras. Generosa y franca, dice lo que piensa; tiene la dosis de convicción y calor humano de un político con carisma.
Algunos piensan que en el delicado juego de filigranas que supone para Betancur la administración de la victoria, María Eugenia Rojas significa un contrapeso a las aspiraciones de Alvaro Gómez y su grupo. No es un misterio para nadie que éste último ve en María Eugenia un ingrediente exótico, que su heterodoxia conservadora rechaza. Ella, más que ninguno, pone todo su peso político en el carácter "nacional" del nuevo gobierno.
¿Cuál fue su participación en el triunfo? ¿Cuáles son sus aspiraciones? María Eugenia Rojas responde a SEMANA.
SEMANA: ¿Cuántos votos considera usted que aportó Anapo al Movimiento Nacional de las pasadas elecciones presidenciales?
MARIA EUGENIA ROJAS: No soy tan ingenua ni tan optimista como algunos jefes conservadores, quienes piensan que el país se conservatizó. Esta misma afirmación la hicieron en 1978. Me explico: de los 2.400.000 votos de aquel año por la Candidatura Nacional, el Partido Conservador depósito, dos años más tarde, en 1980, la módica suma de 1.650.000 votos. Lo que estaba demostrando palmariamente que los votos de 1978 por Belisario no eran solamente conservadores. Ahora pasa lo mismo.
Yo no podría decir que el millón de votos de diferencia entre la votación conservadora de 1982 en las elecciones de Congreso, y las de Presidente, pertenecen a Anapo. Pero sí puedo afirmarle que, por lo menos los 500.000 colombianos que votaron por mí en 1974 y muchos de los que acompañaron a Rojas en 1970, lo hicieron ahora por Belisario. Tuve la ocasión de presenciar, durante toda la campaña, la nutrida presencia de la militancia anapista en todos los actos públicos del Candidato Nacional y luego, el 30 de mayo, en las calles y plazas del país.

S. ¿Anapo aspira a formar parte del gabinete?
M.E.R. La participación de la Anapo en el Gabinete no es lo esencial. Su aspiración es que se cumplan los programas esbozados por el Candidato durante su intensa campaña. Es suficiente que en el gabinete esté bien representado el Movimiento Nacional. El país no puede volver a frustrar sus esperanzas porque los canales de la democracia quedarían rotos y los ciudadanos no volverían a expresarse en las urnas a fin de evitar otra burla sangrienta. Lo indispensable es el cumplimiento de lo prometido, es llevar a la realidad lo que la gente espera, es el binomio gobernante-pueblo.
S. ¿Usted aspira a participar en el gobierno?
M.E.R. Mis aspiraciones personales son mínimas, las políticas son muchas. No tengo afanes burocráticos porque estoy más allá de esos pequeños menesteres. Lo importante es prospectar una gran tarea de respuesta a la caudalosa votación de quienes creyeron en los programas del Candidato Nacional y hacer posible su realización. Eso es lo fundamental; lo demás es mecánica, es reparto y ésto, que traducido se llama clientelismo, fue derrotado el 30 de mayo.
S. Cuando era precandidato Alvaro Gómez Hurtado hizo fuertes críticas al movimiento nacional entre otras cosas por la presencia de Anapo. ¿Cuándo ya este movimiento está en el poder, cuál es el análisis retrospectivo que usted hace y cual es su relación ahora con el Partido Conservador?.
M.E.R. La política no se hace sobre el pasado porque nadie podría estar en ella. Se hace sobre el porvenir. Por eso no me detengo en los fuertes ataques del Dr. Gómez Hurtado al Movimiento Nacional y sus elogios desmesurados de ahora. Cada jefe político es dueño de sus contradicciones. Pero lo cierto es que ha triunfado el Movimiento Nacional. Ahora hay que consolidarlo para que su vigencia se prolongue por muchos años.
Mis relaciones con el Partido Conservador, salvo los celos de algunos dirigentes, un poco cavernarios, quienes piensan que me voy a quedar con sus efectivos, son buenas. Debo confesar que en ese partido hay varios matices: uno retardatario y otro de avanzada. Yo me entiendo mejor con los abanderados del avance social y del progreso. No me gusta lo estático: prefiero lo dinámico, lo que se renueva, lo que está a la orden del día.
S. ¿Anapo es el ala izquierdizante, centrista, o de derecha del Movimiento Nacional?
M.E.R. A pesar de la desfiguración de estos términos y su errada aplicación, pues hay izquierdistas, por lo menos de nombre, que se comportan como reaccionarios y viceversa, yo podría decir para acomodarme a este lenguaje, que la Anapo es la izquierda del centro.
S. ¿Usted estima que el Movimiento Nacional debe seguir lanzando candidato nacional o por el contrario, vislumbra usted un candidato conservador?
M.E.R. De la acción del gobierno del Dr. Betancur depende mucho la suerte del Movimiento Nacional. De la obra que realice depende el futuro de las fuerzas sociales y políticas que lo han formado. El Dr. Gómez Hurtado, hace cuatro años, por los canales de la televisión, propuso la fundación del partido del Movimiento Nacional; yo no voy tan lejos. Creo que hay que consolidarlo solamente. Si esto se logra, estoy absolutamente segura de que puede lanzarse de nuevo un candidato del Movimiento Nacional pues los millones de votantes del 30 de mayo lo volverían a hacer si se realizaran sus esperanzas en la administración que comienza el 7 de agosto. Un candidato conservador sería estruendosamente derrotado en las urnas.
S. ¿Anapo entraría en las opciones presidenciales del Movimiento Nacional hacia el futuro?
M.E.R. Todos los partidos desean llegar al poder pero cuando se forma una coalición, lo importante es lograr su triunfo. Dentro del Movimiento Nacional no se hacen distinciones de partido, si no se prospecta un programa para realizar. De modo que lo fundamental no es el partido del Candidato sino la eficacia y la vitalidad del programa que adopte la coalición y defienda y ejecute el Candidato. No interesa tanto su filiación sino su capacidad, su honesto comportamiento, su compromiso con el pueblo.
S. Aunque Anapo no cuenta con respaldo parlamentario, usted es una de las más influyentes personalidades del Movimiento Nacional. ¿Ve con buenos ojos las aspiraciones de Alvaro Gómez Hurtado a la designatura?
M.E.R. Ha sido una costumbre sana y lógica que el Designado sea la persona indicada por el Presidente de la República. Las Cámaras han respetado siempre la voluntad presidencial. De tal manera que cualquier ciudadano, con los requisitos exigidos por la Constitución, puede aspirar a ese cargo. Pero solo el Presidente sabrá a quién debe escoger para que lo elija el Congreso. Es apenas natural que el designado debe ser solidario totalmente con el Presidente y leal en absoluto a sus propósitos de gobierno y a la voluntad ciudadana expresada en las urnas.
S. ¿Cómo cree desde su posición, y obviamente respetando el fuero presidencial, que debe ser el gabinete desde el punto de vista conservador, liberal y de Movimiento Nacional?
M.E.R.No entro a analizar esos pormenores. El gabinete debe ser el reflejo de lo acontecido en la elección presidencial. Si se voto por el Movimiento Nacional y por el cambio, el gabinete debe corresponder a ese mandato. No vale la pena distribuir un gabinete en simples cuotas de partido sino llevar a él a los representantes verdaderos de una conducta y de una tarea de gobierno. Por eso la representación adecuada y equitativa no puede ser a nivel burocrático sino programático. Sólo así se puede hacer un buen gobierno. Además el fuero presidencial es ilimitado; el Presidente es totalmente autónomo para interpretar el Artículo 120 de la Constitución. Eso nadie lo discute. El Dr. Betancur lo sabe y designará sus colaboradores con absoluta libertad e independencia.
S. Haciendo un poco de historia, ¿Por qué no nos cuenta cómo fue la historia aquella del reloj de Carlos Lleras Restrepo, el 21 de abril de 1970?
M.E.R. Ese es uno de los hechos más reprobables en el proceso de las democracias del mundo. El Dr. Carlos Lleras Restrepo no le ha explicado suficientemente a la opinión de Colombia y de América por qué no cumplió su deber de respetar el resultado de las elecciones de 1970, cuando el general Rojas Pinilla las ganó amplia y limpiamente. En vez de pasar a la historia como un mandatario imparcial e intachable, resolvió someterse al implacable juicio de sus compatriotas que jamás entenderán por qué se desconoció la voluntad ciudadana y se burló aquel triunfo popular.
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