Jueves, 19 de enero de 2017

| 1986/03/03 00:00

EL TIMONEL DEL AÑO 2000

Amante del croissant, jugador de bridge, enérgico y original: éste es Deng Xiaoping, según la descripción que hace el Premio Pulitzer, Harrison E. Salisbury, en su nuevo libro "La Larga Marcha", del que SEMANA reproduce algunos apartes.

EL TIMONEL DEL AÑO 2000

Deng Xiaoping emprendió la Larga Marcha bajo una nube oscura. Le habían retirado de sus cargos militares y políticos, le habían atacado duramente en las reuniones del Partido Comunista, se le había mantenido detenido y vigilado por guardias armados, había sido denunciado públicamente, y su esposa se había divorciado de él. No era el punto más bajo de su carrera, pero era un punto bajo.
La razón principal de los problemas de Deng era su terrible temperamento y su franqueza, cualidades que sigue conservando. Deng provenía de Sichuan, cuyas gentes son famosas por su carácter irascible; Deng encajaba en el molde. Esto era especialmente problemático, ya que era un gran defensor de Mao Zedong y éste se encontraba en aprietos. Había desafiado a Moscú, argumentando que los comunistas podían conquistar China sólo ganándose el apoyo de los campesinos, y no mediante el control de las ciudades. Moscú envió a un exiliado alemán llamado Otto Braun para dirigir el Ejército Rojo, pero Braun sabía muy poco de China o de la guerra de guerrillas. Bajo su dirección, los comunistas no hacían más que perder terreno, y finalmente tuvieron que abandonar su capital oficiosa de Ruijin, 400 kilómetros al noreste de Cantón.
A los 30 años, Deng inició la Larga Marcha, trabajando en el departamento político del Ejército, llevando él mismo su propio equipaje como otros miles de hombres del Ejército Rojo. Pero Mao veía en él una tremenda promesa. Muchos años después, tras hacerle atravesar el purgatorio de la Revolución Cultural, Mao se refirió calurosamente a él como a una "aguja envuelta en algodón", con lo cual quería decir que Deng era fuerte, pero también delicado. "Su cabeza -dijo Mao- es redonda, pero sus acciones son cuadradas".
Deng provenía de una familia tradicional china. Su padre fue jefe de una milicia organizada por la clase acomodada local. Tenía tres hijos, Deng, un hijo más joven y una hija. Su madre murió cuando eran niños, por lo que fueron criados por una madrastra. (A pesar de haber hablado de la necesidad de escribir la historia con exactitud, Deng se ha negado a escribir sus memorias y ha rechazado las propuestas de una biografía oficial).

FELICIDAD EN UN CROISSANT
Deng se marchó muy joven de casa, y a los 16 años se unió a un grupo de 92 estudiantes chinos que partían para un programa de estudio y trabajo en Francia. En París trabajó primero en la fábrica Renault y, posteriormente, como fogonero en una locomotora. Tenía poco dinero y no mucho que comer. "Era muy feliz cuando podía permitirse comprar un croissant y un vaso de leche", dijo en cierta ocasión. Deng creía que su pequeña estatura (mide poco más de metro y medio) podía deberse a su escasa alimentación. Sus días de París le dejaron un amor eterno por la cocina francesa y, en particular, por los croissants.
Deng pasó la mayor parte de su tiempo en el extranjero trabajando, no estudiando. Aprendió marxismo de sus compañeros franceses, e ingresó en el Partido Comunista Francés antes de militar en la sección europea del Partido Comunista Chino fundado por Zhou Enlai y otros jóvenes chinos. Deng llegó a conocer bien a Zhou en esta época. Participó activamente en la Liga de Jóvenes Socialistas iniciada por Zhou. Distribuía panfletos y preparaba los clichés para la multicopista.
Tras pasar algunos meses en Moscú, donde estudió en la universidad Sun Yat-sen, Deng regresó a China en 1926. Creó una academia de adiestramiento militar, pasando posteriormente a la clandestinidad en Shanghai, donde actuó durante algún tiempo de secretario general del Comité Central. Su primera gran misión en el partido fue en 1929, cuando le enviaron a Guangxi para organizar lo que sería una importante operación de guerrillas.
Cuando en agosto de 1931 se le escogió para ser secretario del partido en la provincia de Ruijin, empezaron sus problemas. La provincia estaba atravesando los horrores de una campaña "contra los reaccionarios", una de esas purgas periódicas que despedazan a los movimientos revolucionarios secretos.
Tenía sus raíces en una secuencia de acontecimientos casi incomprensible. Los agentes comunistas de seguridad estaban convencidos de que el Kuomintang de Jiang Jieshi (Chiang Kai-chek) estaba intentando infiltrarse en las filas comunistas. Fueron detenidos más de 3 mil sospechosos y muchos de ellos fueron fusilados. Deng puso fin a la caza de brujas. Ordenó que se estudiaran cuidadosamente los casos de los detenidos. La mayoría fueron devueltos a sus puestos de trabajo. A los que se les consideró culpables de abusos o errores fueron fusilados. Acabaron las muertes.

CAMPAÑA EN CONTRA
En el invierno de 1932-1933, Deng Xiaoping estaba de nuevo en dificultades. La facción contraria a Mao encabezada por el secretario del partido, Bo Gu, empezó a apoderarse del área central soviética y a lanzar una campaña para privar a Mao del poder que le quedaba.
La campaña contra Mao fue iniciada con un artículo sin firma en el boletín interno del partido, escrito probablemente por Bo Gu o uno de sus seguidores, Luo Fu. Los bolcheviques no se atrevían a atacar abiertamente a Mao, por lo que, a la manera elíptica de la política china, criticaban a Luo Ming, que era secretario del partido en la provincia de Fujian y ardiente defensor de Mao. A Deng Xiaoping no se le mencionaba, pero era bien sabido que compartía los puntos de vista de Luo Ming y apoyaba a Mao. Casi inmediatamente, Luo Ming fue retirado de su cargo. A Deng se le trasladó al departamento de propaganda del comité del partido de Jiangxi.
El 15 de abril, la campaña contra Deng se hizo pública cuando Luo Fu publicó un artículo en China Roja. Luo Fu citaba nombres, el primero el de Deng Xiaoping, calificado de seguidor de la "línea de Luo Ming". El siguiente nombre era Mao Zetan, hermano de Mao Zedong. Deng, Mao Zetan y otros dos fueron retirados de sus cargos.
A Deng lo enviaron al departamento de política general del Ejército Rojo, para que fuera atacado. Los relatos de lo sucedido son diversos. Las luchas no eran nada suaves. La violencia fisica era algo normal. A la víctima se le mantenía encerrada, y parece claro que no se hizo ninguna excepción con Deng.
Lo Man, secretario del buró de organización del partido, se mostraba violento en sus exigencias de castigo a Deng. Fue entonces cuando la esposa de Deng, A Jin, se divorció y se casó con Lo Man. No se puede saber si esto influyó en la dureza de Lo Man con Deng. A Jin era cantonesa y se la recuerda como mujer de talento y algo individualista. Ella, al igual que Deng, había sido secretaria del partido en Ruijin, donde se casaron hacia el año 1931. Ella y Lo Man completaron juntos la Larga Marcha, pero luego se divorciaron.
Deng fue trasladado después al Ejército Rojo como secretario general del departamento político general. Mantuvo el cargo durante dos o tres meses y luego, según se dice, fue relevado de sus obligaciones a petición propia, convirtiéndose en un trabajador político normal. Según otro relato, le nombraron director, a petición propia, de Estrella Roja, el periódico del Ejército. No obstante, no fue posible publicar Estrella Roja durante la Larga Marcha, por lo que Deng no tenía mucho que hacer, sólo caminar.
Todo esto cambió cuando el Ejército Rojo, en retirada, llegó a Zunyi y se detuvo allí durante 10 días. Mientras los soldados descansaban, los dirigentes discutían el curso a seguir. Cada vez eran más los que se ponían del lado de Mao Zedong. Entre quienes participaban en todas estas sesiones, tomando notas asiduamente, estaba el director del no editado Estrella Roja, Deng Xiaoping. Por entonces había conseguido ya el título de secretario general del Comité Central. Las funciones del secretario consistían principalmente en mantener organizados los papeles, archivar documentos, enviar y recibir mensajes y redactar órdenes. Jamás se ha encontrado documento o mensaje alguno con la firma de Deng como secretario general.
Cuando el Ejército Rojo partió de Zunyi a finales de enero de 1935, Mao se encontraba firmemente al mando. Braun había quedado reducido al papel de espectador. Y Deng no marchaba ya con los soldados. Tenía un caballo. Poco después, Mao decretó que todos los hombres del aparato de apoyo debían ocupar puestos militares en las primeras líneas. Deng Xiaoping fue al grupo del primer Ejército para dirigir la propaganda política. Cuando el Ejército Rojo llegó finalmente al norte de Shanxi, Deng se encontraba enfermo con un tipo de fiebre tifoidea. Estuvo bastante tiempo sin poder trabajar.
Una vez acabada la Larga Marcha, Deng fue ascendido varios grados en la jerarquía comunista. Ocupó el puesto de comisario político de la 129ª División, que luchó contra los nacionalistas de Jiang Jieshi (Chiang Kai-chek) y contra los japoneses. Posteriormente, esta división, como segundo Ejército de campo, expulsó a Jiang (Chiang Kai-chek) del territorio continental. Deng se encontraba en la tarima colocada en la plaza Dienanmen de Pekín el 1° de octubre de 1949, cuando Mao proclamó la República Popular.
Se convirtió en el procónsul de Mao en el inmenso imperio del suroeste de China. En 1952 regresó a Pekín. Tomaba parte en todo. Secretario del partido, miembro del Politburó; ningún cargo le parecía demasiado pesado. En 1957 viajó a Moscú con Mao para mantener una entrevista aclaratoria con Nikita Jruschov, y en China dirigía la agricultura, la industria y la educación.

Deng Xiaoping no cambiaba. Seguía siendo áspero y honesto. Previó el desastre del Gran Salto Adelante, el programa de Mao de industrialización acelerada lanzado en 1958, y dijo lo que pensaba. Mao se quejó posteriormente de que Deng y otros críticos "me trataron como si fuera su padre muerto en un entierro". O como dijo un subordinado de Mao, "discutir con Deng Xiaoping de igual a igual es más difícil que colocar una escalera contra el cielo".
Pronto se empezó a calificar a Deng de "compañero de viaje capitalista" y, a partir de septiembre de 1966, desapareció de la escena política. Fue confinado a su casa y no se le permitían contactos con el exterior. Sus hijos fueron enviados al campo a realizar labores manuales. Su hijo mayor, por entonces de 20 años, fue arrojado por una ventana de un cuarto piso por guardias rojos, quedando lisiado de por vida (paralizado de cintura para abajo) y sin recibir tratamiento médico. Deng, su segunda esposa (Zhuo Lin) y la madrastra que le había criado tras la muerte de su madre fueron enviados en octubre de 1969 a Jiangxi, donde había comenzado la larga marcha.
Deng tenía 65 años, pero fregaba suelos, partía leña y troceaba el carbón de la estufa para calentar la pequeña casa de ladrillo que se le había asignado. Había trabajado con las manos en la fábrica Renault en Francia. Ahora, él y su esposa trabajaban por las mañanas en una fábrica: él en las máquinas y ella limpiando bobinas de alambre. Iban siempre acompañados de guardias armados. No se les permitía hablar sin permiso. Por las tardes trabajaban en el jardín. Criaban pollos y cultivaban verduras. Ahorraban el dinero, con la esperanza de poder traer a sus cinco hijos a vivir con ellos.
Al final del día, cuando la sombra de los árboles empezaba a alargarse sobre su pequeño patio, Deng daba un paseo. Caminaba alrededor del patio, a buen ritmo, con la cabeza ligeramente inclinada, inmerso en sus pensamientos. Caminaba todos los días, hasta que sus pies labraban un sendero en el rojo suelo.
Su hija Maomao le observaba desde una ventana. Los guardias mantenían también una vigilancia continua. "Observando su caminar seguro y rápido -dijo posteriormente Maomao- pensaba que su fe, sus ideas y su determinación debían estar aclarándose y fortaleciéndose, preparándole para las batallas futuras".
Deng no fue torturado. Se le había permitido traer algunos libros de Pekín. Por las noches leía a Marx o a Lenin, la historia de China o literatura extranjera. Su madrastra bordaba. Escuchaban las noticias por la radio. Puede que incluso jugara al bridge con su esposa y su madrastra. Cuando estaba en el poder solía jugar con frecuencia, y algunos jugadores internacionales le consideraban de categoría mundial. Juega para ganar, pero no por dinero. El perdedor tiene que pasar a gatas bajo una mesa. Cuando Deng pierde, sus compañeros le dicen que no tiene por qué hacerlo. El responde: "Sí, lo haré. Es la regla del juego". Y camina a gatas bajo la mesa.
En 1971, Deng obtuvo permiso para traerse consigo a su hijo paralítico, Deng Pufang. Pufang había estado viviendo en condiciones miserables en un centro de salud al norte de Pekín, totalmente postrado, tejiendo cestas de mimbre para ganar algo de dinero. Deng empezó a dar masajes al joven y le ayudaba a bañarse. Empezó a solicitar de las autoridades que enviaran a su hijo a Pekín para que recibiera el tratamiento médico adecuado. No lo consiguió hasta 1973, año en que permitieron a Deng Pufang trasladarse a Pekín.
Deng pudo enviar a Pufang a Estados Unidos para un examen y diagnóstico médico. Los médicos norteamericanos dijeron que Deng Pufang había estado tanto tiempo sin tratamiento que no podía hacerse nada para devolver sus piernas a la normalidad. En la actualidad, Pufang vive en Pekín y es director del Fondo Chino de Bienestar para Disminuidos Físicos.
El 5 de noviembre de 1971, Deng y su esposa fueron convocados a una reunión para escuchar un informe político. Era la primera vez que sucedía desde su detención en 1966. Maomao y Deng Pufang vivían ya con sus padres. Cuando Deng y su esposa regresaron, acompañados por guardias armados, no dijeron nada. Más tarde, Zhuo Lin hizo un gesto a Maomao, y ésta siguió a su madre a la cocina. Allí, la madre, en silencio, trazó cuatro caracteres en la mano de su hija. Deletreaban lo que le había sucedido a otro superviviente de la Larga Marcha, otro superviviente que se había convertido en uno de los más amargos enemigos de Deng: "Ha muerto Lin Biao".
En febrero de 1974, Deng Xiaoping fue llamado a Pekín. La larga época de Mao estaba llegando a su fin. Había pasado el peor momento de la revolución cultural. La salud de Mao se iba deteriorando, el estado de su mente y de sus emociones era precario. El primer ministro Zhou Enlai tenía cáncer.

OBSESIONADO CON EL TIEMPO
Mao echó mano de nuevo del hombrecillo al que era imposible arrinconar. Mao podía haber hecho que mataran a Deng, como a otros muchos. Pero volvió a llamarle y llegó a decir de él: "Deng es un hombre de talento de los que hay pocos. Deng tiene ideas. No se lanza de cabeza contra los problemas sin pensarlo. Encuentra soluciones. Se enfrenta a los problemas difíciles con responsabilidad". Deng, según Mao, era un buen luchador. Sabía cómo enfrentarse a los rusos. Era difícil encontrar un hombre como Deng.
Según fue debilitándose la fuerza de Zhou, Deng iba ocupándose de más y más cuestiones. Estaba lleno de impaciencia. Estaba obsesionado con el tiempo. Sabía mejor que nadie lo que le había sucedido al país. Sabía quiénes habían muerto. Conocía a los generales y administradores capaces que se encontraban entre rejas. Conocía también el peligro de la mujer de Mao, Jiang Qing, y del resto de la denominada banda de los cuatro, todavía acurrucados cerca de Mao, llenando de veneno la conciencia de un hombre que envejecía.
A pesar de su viveza y rapidez, Deng no podía acelerar el reloj. Con la muerte de Zhou en 1976 y el estallido de pasión pública producido en la plaza de Dienanmen a favor de Zhou, la banda volvió a derribar a Deng. Pero no por mucho tiempo. Ese mes de octubre, tras la muerte de Mao, cayó la banda de los cuatro, y Deng se puso al mando.
Lleva durante algún tiempo el manto del cielo. A su cargo aportó no sólo su energía y originalidad sino también los conceptos perfeccionados durante sus paseos noche tras noche en el patio de la casa de su exilio. Eran ideas sencillas. En primer lugar, volver a poner en marcha el país: reorganizar el Ejército, poner en funcionamiento las fábricas, llevar a los jóvenes a las escuelas. Luego, pasar a ocuparse de la meta de las metas: introducir a China en el siglo XX para el año 2000. "Mi misión -dijo Deng cuando hubo cobrado fuerza- es intentar vivir más". No por él, sino por China. Se sentía "tan fresco como un pez", les dijo a sus amigos tras darse un baño en el océano.

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