Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/03/07 00:00

Gustavo Pulecio Gómez

Gustavo Pulecio Gómez

Algunas personas no se cansan nunca de trabajar para los demás. Un sacrifico del que podía enorgullecerse Gustavo Pulecio, economista bogotano de 51 años, cuyo sueño de inclusión social se vio truncado en un absurdo accidente de tránsito en días pasados. El destino de Pulecio, apasionado golfista y tenista, se entrelaza con el de la Fundación Compartir, cuyas riendas tomó en 1986, tras haber trabajado casi 10 años con su tío, guía e inspirador, el constructor Pedro Gómez. Pulecio aplicó al sector social su visión empresarial, su austeridad de gerente y la optimización de recursos de un administrador, lo que se tradujo en casi 30.000 viviendas, 30 planteles educativos, una obra pionera en el financiamiento de las pymes y la creación del Premio Compartir al Maestro, un homenaje a la educación, que jugaba para él un papel crucial. Padre de dos jóvenes profesionales, estaba a punto de iniciar un curso de Alto Gobierno en la Universidad de los Andes, y será recordado con cariño por las humildes familias cartageneras a las que les entregó casi 1.000 viviendas el año pasado gracias a la Teletón. Y por los habitantes de Montenegro, Quindío, municipio que Compartir ayudó a reconstruir tras el terremoto de 1999. Pero Pulecio, amante de la música colombiana y de los fríjoles paisas, no sólo impulsó a la Fundación Compartir, pues su camino también se cruzó con Corazón Verde, Corpomixta y Corpoeducación, entre otras asociaciones sin ánimo de lucro. Gustavo Pulecio, un hombre de convicciones, se esforzaba por ver a los afectados por desastres naturales, escucharlos y apoyarlos a largo plazo, para reconstruir su futuro.

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