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| 5/3/2014 12:00:00 AM

Luto nacional

“Ni siquiera el chaleco antibalas que tenía lo habría salvado”.

“Ni siquiera el chaleco antibalas que tenía lo habría salvado”. Así describieron los medios la forma como, la noche del 30 de abril de 1984, dos sicarios del cartel de Medellín mataron de siete balazos al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, uno de los pocos dirigentes de la época capaces de denunciar al cáncer del narcotráfico que estaba invadiendo el país. 

Hace 30 años SEMANA dedicó su portada a este asesinato que enlutó a Colombia y desató la ira de la sociedad hacia el capo de capos Pablo Escobar. La muerte de Lara Bonilla, una de las figuras políticas “con más porvenir” en el país, encendió las alarmas del gobierno, que había sido demasiado pasivo en la lucha contra la mafia. El presidente Belisario Betancur reaccionó con ferocidad. Ordenó allanar y confiscar propiedades y detener a cuanto cabecilla de los carteles fuera posible. También retomó el difícil tema de la extradición y aseguró que el Estado no se iba a dejar amenazar por los ilegales. La historia sabe, sin embargo, que la respuesta presidencial fue un paño de agua tibia ante el terremoto que se venía.

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