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| 3/7/2015 10:00:00 PM

Una mujer enorme

La chocoana Josefina Klinger recibió el jueves el Premio Cafam a la Mujer 2015.

El premio se debe a su trabajo para hacer sobresalir a su departamento desde la fundación Mano Cambiada, dedicada al ecoturismo comunitario en Nuquí.

Semana: ¿Qué sintió cuando Nicolás Gaviria les dijo a unos policías que iba a mandarlos a Chocó?

Josefina Klinger: Yo no me engancho con eso. Él dijo lo que muchos no se atreven a decir, pues hay un sentimiento de país que se ha construido a partir del recelo y el miedo hacia los que son distintos. No hay que ahondar en ese tema, sino ayudarlo a resolver.

Semana: ¿Pero por qué cree que todo el país reaccionó menos los chocoanos?

J. K.: Tal vez opinan como yo: que a eso no hay que darle tanta trascendencia. En Chocó hay cosas mucho más delicadas de atender.

Semana: Basta revisar noticias recientes para saber que Chocó no anda bien. ¿De quién es la culpa?

J. K.: Los chocoanos tenemos la principal responsabilidad. No se trata de pasarle cuenta de cobro al Estado, cuando nosotros mismos no hemos podido poner el potencial humano que tenemos al servicio de la región. Hay desigualdad, sí. Pero eso se da en la medida en que los chocoanos no reaccionamos.

Semana: Usted ha dicho que los chocoanos se han “tragado el cuento” de que con ciudadanos de tercera. ¿Cómo así?

J. K.: A uno le decían: ‘Mija, cásese con un blanco para que arregle la raza’. O: ‘Estudie pa’ que sea alguien, no se vaya a quedar acá en el monte sembrando’. Mis primeros 25 años, yo me tragué ese cuento y miré para afuera. La gente olvida que la educación es una herramienta que hay que saber usar para generar los cambios.

Semana: Pero mientras usted intenta hacer cosas buenas, muchos hacen lo contrario. ¿No se cansa?


J. K.: Hay momentos en los que me siento como una niña ingenua jugando con barquitos de papel en un lago de cocodrilos. Pero sabe: yo hago de cuenta que no los hay. No podemos quedarnos pegados en las cosas negativas. Más daño nos hace la indiferencia de los buenos que los actos de los malos.

Semana: Usted dice que no le gustan los pobres. ¿A qué se refiere?

J. K.: A que no me gusta que la gente se quede en el papel de víctima.

Semana: Usted viene de un hogar humilde. ¿En qué momento empezó a pensar distinto?

J. K.: Yo me fui varias veces de Nuquí por dificultades económicas. Creía que los que se quedaban allá era porque fracasaban. Pero cuando volví, por necesidad, empecé a valorar mi territorio.

Semana: Usted le regala a la comunidad toda la plata que le llega. ¿Quién va a velar por usted cuando esté mayor?

J. K.: Siempre me dicen que soy una irresponsable, y es verdad. Pero yo no tengo asideros en la tierra. ¿Quién dijo que cuando sea viejita voy a estar enferma y no me pueda ganar la subsistencia? Los miedos al mañana impiden que uno en el presente haga cosas que pueden cambiar la vida a otros.
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