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| 4/8/1985 12:00:00 AM

"LA COSTURERA DE AMERICA"

Soledad, La Brava de aquellos auditorios universitarios populares de la Caracas de los 60's, banada en consignas rebeldes y canciones de A. Yupanqui, Violeta Parra, Viglietti, del folklor latinoamericano. La Brava Soledad de aquellos cantos recobrados del pasado en los campos de España, de la mano de Alberti, de García Lorca, de León Felipe, de su propio padre, el exilado español llegado a Venezuela hacia 1950. Imposible otra síntesis de nuestra identidad cultural en esta época. Señalada, además, hace algún tiempo por Daniel Viglietti, quien llamó a Soledad Bravo "la costurera de América", para revelar cómo nuestros pueblos se unen con un hilo invisible en su canto.
En Bogotá, a donde ha llegado después de toda una vida de estar cantando, Soledad Bravo quisiera también recoger alguna de las puntas de la hebra con que afina su canto, quisiera reafirmar el sentido de nuestra música popular, como lo ha hecho ya con las jotas y puntos margariteños, con los boleros, la salsa, los cantos sefardíes, el jazz, la nueva trova de Cuba.
Su actitud, el más hondo sentido que asume el compromiso entre vida y canto, ha significado para ella, como intérprete y compositora, desembocar en tantas y diferentes expresiones que siente entrañablemente suyas, como lo manifestó a SEMANA en breve charla antes de sus exitosas presentaciones en el teatro de Colsubsidio.
SEMANA: Soledad, ¿cómo definiría el carácter de sus canciones?
SOLEDAD BRAVO: Realmente, considero que en la música que interpreto hay dos vertientes: la española y la latinoamericana. Así puede comprobarse en el desarrollo discográfico de mi trabajo. Canto para unir esas dos tendencias. Cuando comencé a cantar en público, en la década del 60, lo hice con musicalizaciones de poemas de García Lorca, canciones del folklor venezolano y de autores como Atahualpa, Violeta Parra, Viglietti... En adelante, mi canto se orientó en ese sentido, ahondando en cada una de esas expresiones musicales. Cuando murió Franco volví a España y fue como una revelación de la tierra de mis padres. Encontré a Alberti, la música judeo-española; es decir, indagando e investigando, saldé cuentas con esas raíces mías.
S.: ¿Qué sentido tiene para Ud. la interpretación de canciones de Silvio Rodríguez, A tahualpa, Viglietti, Violeta Parra?
S.B.: He cantado las composiciones de todos ellos porque han tenido que ver con mi vida, con mi desarrollo personal, porque muchos de ellos son coetáneos míos, gente de mi misma edad y han vivido los procesos de la misma manera que yo. Son también influencias que pesan en mí, muchas y afortunadamente.
S.: Y Alberti, ¿qué significado tuvo para Ud. musicalizar sus poemas?
S.B.: El encuentro con Alberti fue para mí maravilloso, porque tuve, además, la oportunidad de conocer un gran hombre, un gran poeta. Al principio tenía miedo de lo que él fuera a opinar sobre mi trabajo con sus textos, pero rápidamente me hizo sentir confianza, porque verdaderamente le gustaron los temas que hice; y no sólo éso, sino que el disco fue premiado en Francia. Por otra parte, no es gratuito que después de haberme criado en Venezuela, de haber cantado canciones latinoamericanas, el primer disco que grabé estuviera dedicado a García Lorca. Eso, digamos, tiene que ver con mi propia identidad. Como también tiene que ver que después de tantos años haya vuelto a España, por primera vez a cantar, después de la muerte de Franco, y que un disco que cierra algo así como un periplo vital sea un disco hecho con un poeta español, un poeta del exilio, que se llama Rafael Alberti.
S.: Soledad, a Ud. se la ha calificado como una cantante de protesta. ¿Cuál es su opinión en este sentido?
S.B.: A la gente le gusta tener sus cosas en orden, le encanta tener sus propios archivos personales, y me parece muy bien que lo haga. Por mi parte, no solamente soy una cantante que ha cultivado ese género, aunque no era propiamente un género, sino una manera de ver las cosas, una manera de vivir. Una persona joven en Latinoamerica, entre 1960 y 1975, no podía hacer otra cosa que expresar, de alguna forma, su protesta. Yo lo hice a través del canto, otra gente lo hizo luchando directamente. Sin embargo, creo que un ser humano es muchísimo más completo que todo éso, que los sellos y las etiquetas. La gente puede decir también que soy folklorista, pero algún día también dirán que soy salsera, algún día también dirán que soy flamenca, algún día también dirán que soy "jazzista". ¡Qué sé yo! Creo que una persona tiene múltiples facetas y a medida que pasa el tiempo las quiere ir desarrollando.
S.: Ud. siempre ha ido cambiando, buscando nuevas cosas, ¿cuáles son sus planes para el futuro?
S.B.: Yo soy siempre la misma, pero cambiando ¿no? Por supuesto, porque uno crece, madura y las mismas cosas que pensaba como valores fundamentales las sigue pensando, sólo que con el tiempo, con la madurez uno cambia. Por fortuna. Ahí está lo verdaderamente revolucionario de úna persona: que uno mismo pueda evolucionar internamente. Lo contrario sería dramático. A mí cada día me preocupa más la música. Antes era mucho más inmediata. Ultimamente me interesan esencialmente los elementos que pueda haber en mis discos: elementos de jazz, de otros estilos, mejor sonoridad, excelentes músicos. Aunque nunca hago nada espectacular, simplemente voy haciendo cosas que son muy tradicionales, pero con ciertas formas innovadoras. El último disco que hice es con base en canciones tradicionaies españolas y latinoamericanas, porque, como te dije al principio, esas son las dos vertientes que marcan y marcarán mi canto hasta que me muera. O hasta que deje de cantar.--
Luz Clemencia Pérez
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