Jueves, 19 de enero de 2017

| 2006/02/19 00:00

La esperanza está de duelo

El país se indignó ante el anuncio de que el mayor Julián Ernesto Guevara murió hace cuatro semanas en manos de las Farc. Pero lejos de promover soluciones, el hecho pareció encender más los odios y aplazar el reencuentro de los secuestrados con sus familiares. 
 Sólo cuando en la casa del mayor Julián Ernesto Guevara empezaron a rezar por su eterno descanso, Ana María asimiló que su padre estaba muerto. Y sólo cuando se supo de su muerte, después de siete años y tres meses de secuestro, el país se acordó del drama de las familias de los 59 secuestrados políticos en manos de la Farc. Tal como lo decía él mismo en las últimas pruebas de supervivencia suyas, hace tres años, "yo no le intereso a nadie". A esta familia las Farc le cercenaron la esperanza, pero es el momento de recordar a las demás que están heridas de muerte ante la inacción del país frente a la posibilidad de negociar, o presionar, un intercambio humanitario. Las manifestaciones de indignación y los tardíos elogios al mayor no han logrado consolar a su familia. Sobre todo porque sus miembros están seguros de que si no se rompe el muro de indiferencia que sigue aislando a los secuestrados, su drama está condenado a repetirse.


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