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| 4/4/2015 10:00:00 PM

La exguerrillera yogui

Silvia Montaña pasó nueve años con un fusil al hombro en la guerrilla y hoy se prepara para enseñar yoga.

Silvia Montaña es una de los 25 excombatientes que la corporación Dunna capacita para volverse maestros de yoga.

Semana: ¿Cuándo fue la primera vez que escuchó la palabra yoga?


Silvia Montaña: En televisión, cuando me desmovilicé en 2008. Pensé que era algo más bien pasajero y de poca importancia como cualquier propaganda que uno ve.

Semana: ¿Usted por qué había terminado en la guerrilla?


S. M.: Entré voluntariamente a los 17 años. Tenía muchos sueños, pero pocas oportunidades, y entonces me fui por lo más fácil, que era el Ejército Revolucionario Guevarista con el que convivíamos en Carmen de Atrato, Chocó. Creí que allá iba a estudiar y luchar por el pueblo. Pero fue mentira.

Semana: ¿Cuándo entró a la escuela de yoga?


S. M.:
En 2011. Soy de las personas a las que les gusta conocer cosas nuevas y allá fui a ver de qué se trataba el yoga. La primera semana no le encontré ningún sentido, pero luego entendí cuán necesario era para recuperar el control sobre mí misma.

Semana: ¿Cómo le ha ayudado el yoga?

S. M.: Me ha permitido mejorar mi salud y a controlarme. Ahora soy consciente de las cosas que hago y veo hacer. ¡Quién iba a pensar que el cuento de respirar controladamente tenía un sentido!

Semana: Después de delinquir, ¿cree que es posible dar enseñanzas sobre el espíritu?

S. M.: Sí. Independiente de donde yo haya estado, ahora soy una mejor persona. Y eso es así porque he logrado aprender. Muchos de los errores que uno comete en la vida se deben a la ignorancia.

Semana: ¿Y cómo piensa contribuir enseñando yoga?


S. M.: Yo no quiero que esto me sirva solo a mí. Quiero que ahora me alcance el tiempo que me queda para ser buena persona. Mi idea es evitar que más gente repita lo que yo hice. Entonces, lo primero que quiero enseñar es a tomar consciencia.

Semana: ¿Logra sentirse tranquila en un país y un mundo donde siguen pasando cosas terribles?

S. M.: Yo sé lo que pasa y no es que no me preocupe, pero hay que estar en paz con uno mismo. Obvio, a uno le duele lo que pasa, pero hay que superarlo. Debemos aferrarnos a una esperanza, educarnos y valorar lo que tenemos porque ahí uno se da cuenta lo que vale.

Semana: Muchos de sus compañeros no quieren hablar con los medios. ¿Usted por qué decidió hacerlo?

S. M.: Yo a nadie le digo que pertenecía a esto, ni suelo contar acerca de lo que fui. Pero mi conciencia me dice que yo podría aportar y ayudar. ¡Y sí puedo!
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