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| 10/7/1985 12:00:00 AM

LA PREGUNTA FINAL

Del libro de Arturo Alape "La paz, la violencia: testigos de excepción", SEMANA reproduce la última parte por considerarla de interés para los lectores

La idea definitiva de este trabajo surgió en los comienzos del actual proceso de paz, tregua, cese al fuego y acuerdos entre el gobierno y los insurgentes en armas. Definitiva por la decisión, lo más importante, de culminarlo. Porque la idea venía gestándose desde tiempo atrás, de escribir, con la documentación que estaba acumulando desde el año 72 -parte de ella utilizada en crónicas publicadas en la revista Alternativa y luego ampliada y desarrollada en El Bogotazo: memorias del olvido-, un texto documental y testimonial que recorriera el período entre el año 50 hasta la finalización del Frente Nacional. Se me da la confluencia necesaria, al estudiar detenidamente la situación del país, que me indujo a concluir, después de mucho meditarlo, que esta historia reciente de buscar la paz, por cierto sembrada con tantos obstáculos de diversa índole, no podía entenderse si no rastreando meticulosamente su propia historia, aquella que venía detrás a pasos agigantados. Porque entendí que debía antecederse ese proceso, a todas luces sin finalizar, y un texto de naturaleza coyuntural podía correr el peligro de ser prisionero del olvido inmediato en que suelen caer publicaciones de tal envergadura. Por ello, estas páginas comienzan en el año 50 y culminan en el año 84, dispuestas a afrontar el devenir que nos espera, siguiendo una línea estructural-temática de conflictos afines al origen de la violencia y al surgimiento de la guerrilla, de las distintas conversaciones en el tiempo y los acuerdos firmados entre gobierno-alzados en armas, de las amnistías promulgadas y las pacificaciones decretadas, de las treguas o supuestas treguas, en fin, todo apuntalado al orden público como elemento esencial en el análisis final. Para así, a través de la información recogida, poder entrar al terreno de las comparaciones, de las diversas propuestas políticas y programáticas, del desarrollo y experiencias de los contendientes, ejército y guerrilla, en una multiplicidad de procesos, involucrados en uno solo, en un largo período histórico que aún no culmina.
Ya con una adecuada definición del carácter del trabajo, viene la intensa búsqueda de lo que llamamos los testigos de excepción. Que son los primeros a nuestro juicio, los participantes directos de la confrontación armada, en la gestión gubernamental, como en la acción política, social y gremial relacionados con el conflicto.Los segundos, los analistas del fenómeno, desde las distintas áreas de la investigación histórica. A ellos se les entregó un temario general, con preguntas que iban surgiendo en las conversaciones, con inquietudes particulares para cada uno, que precisaban en todas las instancias, una información veraz y fidedigna, que recogían reflexiones personales, testimoniales, como reflexiones sobre el acontecer social. Se reunieron treinta grandes entrevistas, sin que ninguna de ellas perdiera el carácter ideológico de los testimoniantes. Por el contrario, el afán era tener a mano, una visión pluralista en lo político, en lo ideológico, en las actitudes personales. Y siempre se trató de localizar al testigo preciso, en lo posible al más directo en todo sentido, al más comprometido en el hecho que se estaba estudiando.
Estos testimonios, finalmente llegaron a cincuenta. Los veinte restantes fueron localizados, leyendo diversos autores-participantes en ensayos que habían escrito o en declaraciones para los medios de comunicación. A muchos de ellos fue imposible contactarlos o simplemente no quisieron dar la entrevista.
Es interesante ver cómo las entrevistas individuales, escritas o grabadas, van asumiendo en el contexto mismo del montaje del montaje del libro, una profunda transmutación en algunos casos, en otros, la simbiosis les da otras connotaciones y en últimas, todas conforman esa información colectiva, la enriquecen. Distinta es la apreciación que se puede tener de una entrevista leída como unidad solitaria, que cuando ésta se coloca al lado de otras que polarizan su análisis personal o el recuerdo testimonial. Son los resultados del cruce de la información que crea nuevos valores y nuevos hallazgos.
Para evitar posibles deformaciones que suelen surgir en el testimonio o en la entrevista esa información se confrontó con otras fuentes de primera mano, escritas en documentos o en textos de autor y en otros casos, se buscaron dos o tres versiones desde distintos ángulos, de un acontecimiento. Por ello podemos decir sin temor a equivocarnos, que el lector de estas páginas tiene ante sí, una profusa documentación que podrá leer escudriñar, interpretar en las distintas posibles lecturas que le sugiera el texto.
Por último, el papel del escritor en este caso, podríamos definirlo como un organizador final del texto, en su montaje, pero que no esconde sus puntos de vista, que por cierto están revelados explícitamente en las notas introductorias a cada capítulo. Notas en que reflexiona, a la vez que amplía con sus acotaciones, otras informaciones que el lector no encontrará en las diversas entrevistas y en los documentos. Y que a través de la multiplicidad de las voces que testimonian, de los documentos que confronta, construye un texto, mediante una estructura de amarre de situaciones que van apareciendo como las más relevantes en cada momento del hecho social o político que se estudia.

¿Si el proceso de conversaciones, de tregua y cese del fuego, de una paz definitiva no fructifica, qué va a pasar con el país?

MISAEL PASTRANA BORRERO
-Es un interrogante apocalíptico, porque en este momento yo le haría la otra pregunta, ¿al consolidarse la paz, no cree usted que el país va a dar un gran salto? Porque nosotros estamos trabajando por la paz, porque creemos que es para el bien del país y que el país la necesita y que no es que la necesite un gobierno, ni unas clases dirigentes políticas, sino que es quizá el marco necesario para poder concentrar las energías y los esfuerzos de todos, en beneficio de un pueblo muy olvidado y muy marginado y con muchas necesidades que no se le van a remediar a base de la violencia y de los secuestros y de los asaltos y del disparo cruzado de fuego, entre Ejército y guerrilla.
Realmente si el país no logra aclimatar totalmente la paz, no hay duda de que se acrecentarán las incertidumbres porque la verdad es que si la violencia ya es dura en una situación de más tranquilidad económica y social, pues en un momento en que por largos años estos países de América Latina van a tener una situación casi emergente en el campo económico, con sus refleJos sociales, esa paz se necesita más. Yo he hablado mucho, por ejemplo, del problema de la deuda externa, si no hay en eso una modificación sustancial de acuerdos entre acreedores y los países deudores, pues el costo para Latinoamérica va a ser muy grande y además estos países no pueden quedar hipotecados indefinidamente. Cualquier proyección de la deuda de Colombia quiere decir que la mitad de nuestros ingresos de divisas estarán comprometidos hasta el año dos mil, para pagar una deuda que adquirieron otros y que sólo podremos pagar negándole al pueblo una serie de demandas. De tal manera que hay que mirar la paz no simplemente como un apretón social de manos, sino como algo necesario para quienes tienen la responsabilidad del poder y para quienes han ejercitado la subversión y la violencia.

LUIS CARLOS GALAN
-Todo depende de la importancia y significado de los grupos que se marginen del proceso de paz. En la hipótesis más pesimista creo que vendría una nueva etapa de violencia que sería cualitativa y cuantitativamente distinta. Tendrían mayor influjo los factores internacionales y quedaríamos completamente involucrados en el conflicto este-oeste, lo cual significaría para Colombia la desaparición de su soberanía o por lo menos interferencias externas tan graves como las que hoy condicionan a Nicaragua, Honduras y El Salvador.Si no se logra una paz definitiva, en un corto plazo se multiplicarían las acciones terroristas y la inseguridad se incrementaría en las zonas urbanas. Al caer el país en un proceso de radicalización tendríamos que pasar por una nueva etapa de desolación y tragedia sin que nadie pueda predecir lo que ocurriría al final ni el precio gigantesco que pagaría la nación por un nuevo período de fanatismo y de locura.

GERMAN ZEA HERNANDEZ
-El país se puede disolver. Yo creo que el sistema democrático está muy en peligro entre nosotros. Yo creo que el sistema democrático hay que vigilarlo y defenderlo. Pero defenderlo no es solamente defender la honra, vida y bienes de los asociados sino defender un sistema, unas instituciones. Yo creo que si el gobierno del doctor Betancur ha tenido esta orientación, tendrán que venir otros gobiernos que piensen diferente, que defiendan la democracia como se defiende en Inglaterra, como se defiende en los Estados Unidos. Pero si no es asi, yo creo que el sistema democrático está muy en peligro en Colombia. Y tendremos un gobierno militar, cosa que no me parece deseable y no me parece de ninguna manera y creo que no sea deseable para los propios miembros del Ejército. O un sistema con un grupo de revolucionarios, inclinado hacia sistemas comunistas que acaban con el imperio de la democracia.

ALVARO FAYAD
-Si la paz fracasa- y su fracaso no es por culpa nuestra porque queremos dar todas las condiciones para que sea posible el camino de la paz- es que la oligarquía ha escogido el camino de la guerra. No seremos un país centroamericanizado, seremos simplemente Colombia, retomando el objetivo de la paz, pero ya no mediante la lucha pacífica, sino mediante toda la capacidad de combate de un pueblo. Los pueblos tienen vocación de paz, pero también la tienen de poder y de victoria y nuestro pueblo no va a ser inferior a las condiciones que imponen los tiempos. América Latina está viviendo un período de renovación y de cambio. Los pueblos cada dia se lanzan con mayor fuerza para decidir su propio destino y el movimiento popular, el movimiento democrático, la conciencia nacionalista y sana de Colombia, tiene mayor fuerza, mayor experiencia. Es allí donde el movimiento guerrillero jugará un papel fundamental y clave. Si nosotros corregimos los errores que han hecho de nuestra guerrilla una guerrilla endémica, si corregimos nuestros errores de concepción, si mostramos la suficiente fuerza, inteligencia, amor a la patria y convicción de triunfo, estaremos acortando los caminos de la victoria. Nosotros sí estamos seguros que si la oligarquía se lanza por el camino de la guerra, la guerrilla colombiana, el movimiento democrático, no sólo es capaz de frenar la oleada de guerra, no sólo es capaz de aguantar la arremetida del Ejército, sino que es capaz de vencer. El movimiento guerrillero hoy está en capacidad de saltar a un nuevo período de guerra para triunfar.

CARLOS OSSA ESCOBAR
-El país en su conjunto ha dicho no a la violencia y ha mostrado su voluntad y decisión de buscar la paz.Pero la paz no se logra de la noche a la mañana. Es un proceso lento y complejo. Este gobierno ha iniciado el camino del diálogo y del entendimiento. No creemos que se pueda desandar este camino. El pais de mañana tiene que ser distinto del país de hoy si queremos que se aclimate la paz en nuestra tierra. Todos debemos tener conciencia de estos cambios y buscar la forma de encauzarlos para que la mayoría de los colombianos pueda ser cobijada ampliamente por el progreso económico y social.

SOCORRO RAMIREZ
-Si fracasa este proceso de negociación entre los sectores enfrentados militarmente es evidente que el país ya no puede ser el mismo. El método del diálogo ha sido tomado en muchos sectores y ante muy diversas situaciones como la forma de abordar los problemas sociales y políticos del país.
Este proceso ha desmontado la teoría de Camacho Leyva y Turbay Ayala, quienes afirmaron que los guerrilleros eran unos bandidos y facinerosos. Se ha reconocido que los guerrilleros son revolucionarios, que son gentes con ideales de cambio social y político, que expresan la continuidad de un factor constante en la historia colombiana: la guerra civil. Que su levantamiento en armas tiene causas económicas, sociales, culturales y políticas; que si no se resuelven esas causas seguirán generando un enfrentamiento armado, así sea como un esfuerzo sin salida y como muestra de desesperación ante al agravamiento de la crisis social y política que vivimos.
Después de este proceso, dificilmente se podrá concebir la tregua o la amnistía como una trampa. Será imprescindible aceptar la negociación entre las partes enfrentadas, de lo contrario estarán condenadas al fracaso.
Si este proceso fracasa, se tendrá que volver a una negociación y a la búsqueda de una solución política, ojalá más temprano que tarde. Pero seguramente en condiciones mucho más difíciles, sin mucha credibilidad y con las partes más endurecidas.Porque la guerrilla, aunque no ha triunfado, ni hay nada que a corto plazo lo indique, tampoco podrá ser fácilmente aniquilada. Y la crisis social y política seguirá presionando de múltiples formas y buscando su resolución.

GILBERTO VIERA
-Esto es lo que está por verse. Desde luego si esto no tiene salida en la apertura democrática, las reformas políticas, es evidente que el movimiento guerrillero va a resurgir con más fuerza que nunca. Y con una cualidad nueva, que es la posibilidad unitaria entre los distintos destacamentos, opción que estaba muy lejos de plantearse antes. Ahora en la práctica han resultado hablando el mismo lenguaje, en cuestiones fundamentales, con la excepción del ELN que está en una posición aislacionista y muy cerril. Si la apertura democrática no se realiza, si la cierran y para cerrarla la tienen que cerrar violentamente, no solamente con palabras, pues la perspectiva sería una nueva etapa del movimiento guerrillero. Podría llegar a los extremos de una guerra civil. Cuando algunos comentaristas como Vásquez Carrizosa hablan del peligro de salvadorización del país, indudablemente están viendo esa perspectiva. Puede llegarse a esa situación, si la clase dominante se cierra definitivamente a toda apertura, a toda reforma.
Si la clase dominante colombiana es tan obtusa, de que llegue al no retorno, va a hacer inevitable el camino de la guerra civil en Colombia.

ERNESTO SAMPER PIZANO
-La paz es un proceso integral. Imposible mirar hacia adelante sin ver el camino ya recorrido. El indulto, por ejemplo, es parte definitiva en el proceso; ¿qué sentido tendría traer guerrilleros acusados de delitos politicos o conexos, no atroces, a que sometan su nombre a las urnas si en cualquier mitin proselitista o aun el día de elecciones, los pueden capturar los organismos de seguridad para conducirlos ante los jueces? El asunto de las armas merece tratamiento parecido.
Si la idea es dejar las metralletas para coger las papeletas, lo menos a que podemos aspirar los grupos dispuestos a abrir espacios de competencia y convivencia a los alzados en armas, es a que no existan, el dia de elecciones, unos grupos inermes y otros armados; eso repugna tanto como hablar de que, para los comicios, unos se presentan con el registrador municipal en su bolsillo y otros sin jurados para la vigilancia de los escrutinios electorales. La no violencia es la condición primera de la paz, es la esencia misma de la paz. Si se trata de entrega o deposición de armas, si se botan al mar o se entierran, son sutilezas castrenses a las cuales los civiles inexpertos en esas materias tenemos que responder con un angustioso "cese del ejercicio real o virtual de la violencia armada". El liberalismo, ciertamente, como usted lo anota, no ve fácil la realización de elecciones cuando estamos amenazados desde distintos flancos por la ausencia de garantías para el libre sufragio; de una parte, el gobierno que ha conservatizado peligrosamente la administración pública hasta el punto de llegar a consolidar, en municipios y aun departamentos, hegemonías regionales que podrían inclinar la balanza del ejecutivo en contra de partidos distintos al gobernante; de otro lado, la guerrilla en la mitad del río, asediada, sin saber si dejar las armas y alcanzar la orilla política o reservarlas por si se abre camino lo que, en estas condiciones, sería una sangrienta guerra civil de consecuencias irreparables: el regreso a la confrontación militar, ya no en las selvas del Caquetá, ni en las llanuras inundables del Magdalena Medio, o en las serranías cordobesas, sino en poblaciones populares y, sobre todo, definidamente liberales. ¿Puede existir un interés más vital y directo para que el liberalismo asuma el manejo de la paz al cual el gobierno está renunciando? No lo creo y por eso, contra rayos y centellas, estoy tratando con éxito, creo yo, de convencer a mis copartidarios de que la mejor solución para la paz es abrir camino al entendimiento político, más razones y menos pólvora, más pan y menos bala.

RODRIGO ESCOBAR NAVIA
-Yo creo que eso sería sumamente grave y preocupante. Yo he dicho, y quiero repetirlo ahora, que no es claro que pueda decirse que haya fracasado un proceso de paz que lleva dos años. Lo que si es muy claro es que la violencia ha fracasado en Colombia.La violencia que tuvo treinta años de oportunidad, cincuenta, más, que no ha producido otra cosa que destrucción y muerte, desaliento, agotamiento, fatiga. Si hay algún pueblo en el mundo fatigado es el nuestro, que ha producido además la idea muy clara en la gente -y curiosamente en la gente más débil, más urgida de necesidades- de que la violencia no conduce a nada. Yo creo que ahora estamos ante un enorme fracaso de la violencia y si le sumamos el fracaso de la paz ¿en qué queda Colombia? Probablemente en formas oscuras de coacción, de asfixia de su creatividad, de su enorme vitalidad que se expresarían en nuevas formas de acción violenta. De modo que creo que deberíamos trabajar todos por darle claridad a este proceso y consolidarlo. Yo creo que hay que aclararle a muchos colombianos que no se trata de aflojar la vigilancia frente a la delincuencia; todo lo contrario, la delincuencia, la extorsión, los crímenes horrendos, el terror, son antipaz, son destructores del hombre. La paz es la única salida para la inteligencia. Debemos salvar al país de la tentación de la violencia, de esa proclividad. Para eso es bueno que cada cual dé su opinión crítica, independiente y que veamos que este empeño exige solidaridad contra la violencia, contra la delincuencia, contra la criminalidad, porque la violencia engendra violencia. Nadie puede jugar al monopolio de la violencia, el único que puede hacerlo es el Estado y preferiblemente el Estado de Derecho.
EDUARDO UMAÑA LUNA
-Pregunta muy grave y muy difícil.Hay una serie de disposiciones jurídicas en el país, que no se han tenido en cuenta en las conversaciones de paz y que en cualquier momento las pueden alterar gravemente. Ejemplo claro, la Ley 48 de 1968, del 16 de diciembre de tal año, artículo primero, que esta vigente en el país le dio fuerza de ley al Decreto número 3398 de diciembre 24 de 1965, por medio del cual se organiza la defensa nacional. Sin entrar a demorarme demasiado yo le he de preguntar al país, ¿si de golpe les da por aplicar el parágrafo tercero del artículo 33 de la disposición que acabo de citar, cómo puede haber paz, cuando se forman los grupos paramilitares por el propio gobierno nacional?
Le leo. "El Ministerio de Defensa Nacional, por conducto de los comandos autorizados, podrá amparar, cuando lo estime conveniente, como de propiedad particular, armas que estén consideradas como de uso privativo de las Fuerzas Armadas".
Un jurista me decía que esto era para tiempo de privación del orden público y que si no había Estado de Sitio no se podía aplicar. Error de los errores. El artículo 22 de la misma ley dice: "Para la defensa nacional del país y la preparación de los planes pertinentes, el gobierno podrá establecer -óigase bien- desde tiempo de paz la prioridad de la utilización de las personas y recursos de acuerdo con las necesidades que se deriven de los planes de la defensa nacional".
¿Pero sobre qué motivación son estas cosas que estoy leyendo?
Por ejemplo, el decreto dice que "los compromisos que el país tiene contraídos en campo internacional -¿cuáles?- requieren la adopción y la ejecución de medidas que fortalezcan su seguridad interior y exterior" y añade que "la acción subversiva que propugnan los grupos extremistas para alterar el orden jurídico, requiere un esfuerzo coordinado de todos los organismos del poder público y de las fuerzas vivas de la nación".
Yo pregunto: ¿Esto se habrá tenido en cuenta como un posible indulto y como una posible extensión de la ley de amnistía, para no hacerse precisamente en las conversaciones de paz, mediante la supresión de esta ley de la República que fue dictada obedeciendo, como todo el mundo lo sabe, las órdenes del Pentágono, a través de la Conferencia de Comandantes Militares de Lima, en los tiempos del gobierno del doctor Guillermo León Valencia? Esas son las sorpresas que yo quisiera preguntar si están bien estudiadas en las conversaciones entre los grupos alzados en armas y la Comisión de Paz, o si se están ignorando. Si es esto último, graves males se vienen para el país.

ALVARO GOMEZ HURTADO
-El problema es que hay que ponerle a la política de paz todo el entusiasmo, porque ha sido grande, ha sido audaz, se ha procurado poner todos los medios. No quiero que por culpa de uno, especialmente por culpa mía, le falte a esa empresa de paz ninguno de los recursos que deben utilizar para conseguir la paz, y esa paz hay que suponer que la vamos a conseguir. No puede uno de antemano suponer en la mitad del proceso que esto ya está fracasado, yo parto al contrario de un supuesto: si ha sido tanto lo que ha hecho el actual gobierno por conseguir la paz, esa paz se tiene que conseguir, de manera que cuando llegue la próxima administración la paz será un hecho. La función de la próxima administración será institucionalizar la paz.
No, yo no creo que estemos al borde de una guerra civil. Esas son frases mayores; hay que decirlas cuando realmente la situación sea así de grave, pero no creo que estemos en ese punto. Lo que ocurre es que parecería que estamos en una situación de tránsito muy largo y esas situaciones, cuando se arranca de un punto y no se llega al otro punto, crean incertidumbre y la gente no sabe en qué bando está y entonces se habla de que va a haber una catástrofe. Es que la situación de tránsito no debe ser muy larga.

WILLIAM CALVO
-Nosotros afirmamos que el gobierno no está caminando en un sentido positivo de democratizar al país, sino que por el contrario está torpedeando las opciones para que se produzca ese cambio democrático. En esas condiciones si el movimiento popular, si las fuerzas políticas de izquierda no logramos arrebatarle e imponerle a las minorías gobernantes cambios de avanzada, Colombia se va a precipitar a una situación de hecho, a una situación revolucionaria, a una guerra civil. Por eso es que las fuerzas de izquierda estamos planteando la necesidad de abrirle un espacio político a una nueva posibilidad de participación ciudadana, como condición para detener ese proceso de agudización de la lucha de clases. Pero si al pueblo se le cierran todas las puertas no le queda sino las vías de hecho. Por eso la guerra no va a ser la obra del pueblo, sino el recurso de un pueblo ante la guerra que le imponen las minorías gobernantes.

ALFREDO VASQUEZ CARRIZOSA
-La paz está en la encrucijada económica y social, porque ésta depende de la autenticidad de un programa económico y social, que aunque no sea muy avanzado, sí debe contener los prolegómenos de una real evolución del país. Pero si esto se liquida con una serie de reformas de fachada y con una serie de simulaciones de reformas, yo me temo que los acuerdos de paz se vengan para atrás, fracasen y entonces, no exista una verdadera paz.

HERNAN VALLEJO MEJIA
-Las autoridades deben entonces mantenerse vigilantes e incluso prepararse para erradicar con toda decisión y de manera selectiva a los violentos, cualesquiera que sean los motivos que los inspiren. Para ello van a requerir servicios de inteligencia más ámplios y certeros, cuerpos de lucha verdaderamente especializados, mejor dotación y medios rapidos para movilizarse.
Dios quiera que el diálogo franco, desprevenido, paciente y no exento de generosidad, como el que ha venido auspiciando el gobierno, sirva para restaurar la tranquilidad ciudadana. A él debemos todos los partidos, el Congreso de la República, el Poder Judicial, los medios de comunicación, los gremios, los sindicatos, la población entera, darle generoso soporte. Pero si fracasa, si las concesiones razonables resultan infructuosas, no le quedará más remedio a los poderes públicos, con el propio Presidente a la cabeza y el apoyo decidido de esas mismas fuerzas ciudadanas, que cerrar el puño contra los que continúen irrogándose el derecho de esparcir a su antojo el terror y la desolación entre sus semejantes.

ALFONSO LOPEZ MICHELSEN
-Caemos en una situación como la de El Salvador con una dictadura militar inicialmente, no por golpe de los militares sino a pedido de ciertas fuerzas de derecha.
¿Este es un período precioso para el país?
-Precioso. Este país es muy conservador. Una de las formas de ser conservador es ese apego al estancamiento, a los frentes nacionales, a los gobiernos de salvación y cosas de esas. Si ocurren hechos como los secuestros de Cali, y eso de disparar contra el Procurador, de repente derivamos hacia un gobierno de salvación nacional o de unión patriótica.

JOHN AGUDELO RIOS
-Yo estoy convencido de que la paz se logrará antes de finalizar este gobierno. El que viene no va a tener ese problema. Estará resuelto en este gobierno. Y el que viene, cualquiera que sea, será otro abanderado de la paz, porque no puede devolver la historia.No puede contrariar la voluntad nacional. Además no existen razones por las cuales se pueda negar un proceso de paz tan adelantado como está el actual. La paz es irreversible. Lo que hay es falta de fe en la paz. ¿Pero por qué razones se puede dañar la paz, pregunto yo? ¿Qué banderas puede enarbolar alguien hoy para volver a la guerra? ¿Cuál bandera? Todo movimiento que pretenda dañar la paz debe tener una bandera, una razón de ser, una motivación, un por qué. Además el colombiano que era un apático sobre la paz hace tres años, hoy es un militante de la paz. Que tengamos dudas sobre la paz es un problema. Es que se volvió un gran propósito nacional la paz. Y nadie es capaz de hacer retroceder un propósito nacional, nadie. ¡Qué responsabilidad va a cargar el que dañe el proceso de paz! ¿Qué cantidad de valor se necesita para dañar el proceso de paz? ¿Cómo va a explicar ante la opinión pública el que va a dañar el proceso de paz? Es más irreversible de lo que el país piensa.
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