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| 9/2/1985 12:00:00 AM

"LA SUERTE ESTA ECHADA"

LUIS CARLOS GALAN

SEMANA: ¿Qué balance hace del famoso "episodio" de las mesas directivas y qué repercusiones tiene en lo que usted llama el "proceso" del movimiento?
LUIS CARLOS GALAN: Desde el punto de vista jurídico, será importante esperar al pronunciamiento del Consejo de Estado sobre el hecho de que se violó la Constitución al desconocer la representación de las minorías en las mesas directivas. Desde el punto de vista político, considero que confirma la preocupación que tienen tanto los oficialistas como los conservadores por la consolidación del Nuevo Liberalismo como una tercera fuerza en la escena política en términos equilibrados con las fuerzas tradicionales.
S.:¿No considera que fue un error del Nuevo Liberalismo convertir el episodio de las mesas directivas en prácticamente un asunto de Estado que compromete las relaciones del movimiento con el Ejecutivo?
L.C.G.: Yo pienso que, de todos modos, tendrá significado político lo que sucedió el 20 de julio. No considero al presidente Betancur responsable de lo acontecido, pero si tendrá un efecto perturbador en las relaciones con el oficialismo liberal y, especialmente, con el Partido Conserador.
S.: Usted ha dicho que el Nuevo Liberalismo tiene posiciones en el gobierno que son posiciones de fiscalización y que, además, la responsabilidad es limitada.
L.C.G.: Bueno, no tanto de fiscalizar al gobierno, como de administrar decisiones en sectores donde están de por medio grandes intereses y grandes conflictos para el país, que imponen una gran honestidad y una gran responsabilidad.
S.: Eso de la responsabilidad limitada parece otra variante de las fórmulas que se ha inventado el oficialismo para explicar su presencia en el gabinete y evadir la responsabilidad del cogobierno que impone el 120.
L.C.G.: Considero que hay grados de responsabilidad. Hay responsabilidad, porque de otro modo no se puede entender una administración pública, los actos de gobierno en una democracia.
S.: Pero esas gestiones no son individuales, son gestiones políticas, coherentes con una política central diseñada desde arriba.
L.C.G.: Es verdad. En lo que se puede influir nosotros tenemos un grado de responsabilidad en las decisiones del gobierno, aunque, claro está, muchos temas no se llevan a consejo de ministros.
S.: Hablando del famoso suprapartidismo, ¿no se lo están cobrando tarde? Ya en 1980 lo tenía esbozado en uno de los puntos del decálogo del Nuevo Liberalismo, dos años antes del Pacto del Club de Ejecutivos.
L.C.G.: Sí, desde el año 79, prácticamente desde los primeros discursos, cuando nacía el Nuevo Liberalismo, se hicieron objeciones similares. Como usted bien dice, en el 80 también; el documento está lleno de párrafos con alusiones parecidas. En la reciente Junta de Parlamentarios, inicié mi intervención repitiendo esos puntos, precisamente para mostrar que no había prácticamente ninguna novedad en ese planteamiento. Sin embargo, cualquier cosa que nosotros hubiéramos planteado iba a ser combatida, tergiversada o atacada.
S.: Pero hay gente que no entiende por qué son posibles los entendimientos, o diálogos, inclusive posibles coaliciones, con grupos diferentes y no lo son con otros sectores del Partido Liberal, que es de la misma estirpe que usted reivindica para el Nuevo Liberalismo.
L.C.G.: Yo sí deseo el diálogo con los demás liberales. El gran problema es el de cuáles son los interlocutores. Porque el oficialismo es muy heterogéneo. Deseo el diálogo con los liberales, con los conservadores, con todos los sectores políticos, necesitamos ese intercambio de ideas.
S.: ¿Usted ha criticado la fórmula de la convergencia liberal de Barco como una fórmula puramente electoral. El suprapartidismo que está planteando no puede interpretarse también como una maniobra electorera?
L.C.G.: No busco coaliciones de tipo electoral, busco un diálogo amplio, pero también una apelación directa al electorado. Por eso, en el Tequendama, dije que no tenemos, ni le reconozco a nadie electorados propios. No habrá coaliciones de tipo electoral ni de tipo burocrático. Lo que creo es que hay bastante confusión sobre el tema de parte de la opinión. Por eso se requiere más análisis, más profundidad. Los partidos son necesarios, pero no son suficientes. Son necesarios, porque si desaparecieran hay peligro de autocracia, de pérdida de control de poderes políticos, pero no son suficientes, porque inclusive en los países donde funcionan mejor, tienden a crear un intermediario que sustituye la voluntad popular. Esto como concepto, pero independientemente de éste, la misma realidad política indica que si no se abren canales a fuerzas no afiliadas a los partidos, entonces no se podrá lograr un verdadero desarrollo de la democracia.
S.: En qué se diferencia su concepción del suprapartidismo del reciente planteamiento del multipartidismo del doctor J. Emilio Valderrama?
L.C.G.: Nosotros hemos dicho que hacemos un llamamiento de estirpe liberal a todos los sectores políticos y sociales sin formalizar coaliciones electorales y burocráticas, mientras que la propuesta multipartidista del doctor Valderrama supone coaliciones negociadas tanto en contenido de programas como de oportunidades electorales compartidas por los diferentes sectores. Nuestro criterio es de diálogo y el del doctor Valderrama es de negociar la coalición.
S.: ¿Cómo se articularía un gobierno suprapartidista con un escollo como el 120? Si usted ganara las elecciones, seguramente el segundo en votos sería el oficialiasmo liberal. ¿Cómo aplicaría el 120 con respecto al oficialismo liberal y a los grupos que hagan eventualmente coalición con usted?
L.C.G.: Yo diría que el Presidente es muy libre de plantear esto en el gabinete. El 120 es una norma que cada gobierno ha interpretado de manera distinta. Hay quienes le dieron una interpretación aritmética únicamente y burocrática; hay quienes trataron de ponerle matices en las distintas fuerzas. Yo sería partidario de integrar un gabinete que se base en las fuerzas que se expresen en las elecciones, pero con el control y la responsabilidad de la fuerza mayoritaria que es la que se ha ganado las elecciones .
S.: ¿ Usted no es, entonces, partidario como el Partido Liberal del desmonte del 120?
L.C.G.: El 120 es un instrumento transitorio, mientras el país llega a una plena libertad de los gobernantes para conformar los gabinetes. Sería partidario de que desapareciera, pero aún vigente, considero que no limita en forma insuperable la posibilidad de un gobernante para organizar su gabinete y definir un proyecto político .
S.: El doctor Carlos Lleras dijo que si el Partido Liberal va dividido a las elecciones, pierde. ¿Está dispuesto a aceptar, esa responsabilidad?
L.C.G.: La política está evolucionando en una forma tan curiosa que no sería extraño que Alvaro Gómez quedara de tercero. Ya las encuestas lo están demostrando. Es tal la aceleración del proceso político del país, que empieza a presentarse una duda, no la de que Alvaro Gómez gane al oficialismo liberal que era la hipótesis tradicional, sino que la cuestión es entre liberales. El tema de la responsabilidad que pueda darse, porque el Partido Liberal no gane las elecciones del año entrante, es un tema vinculado a muchos episodios y a muchos antecedentes. Ni siquiera al conflicto de ahora, sino a un conflicto que tiene más de 10 años. Está planteado desde entonces, y es la incapacidad del Partido Liberal para reorganizarse, para establecer un pluralismo interno. O sea, que las distintas tendencias puedan articular coaliciones periódicas, entendidas a la manera como se dan en los partidos modernos cuando tienen más allá de una determinada votación. El que gana tiene liderazgo en la línea del partido, pero no el monopolio de su representación.
S.: Con respecto a la candidatura de López, usted puede alegar que aunque usted no hubiera sido candidato, López habría perdido las elecciones, pero ahora la situación es distinta: Barco barre si el partido va unido.
L.C.G.: Coloquémonos en el sombrero de un liberal para hacer ese análisis: las responsabilidades serían de lado y lado, porque no habría habido el propósito verdadero de respetar las tendencias. El doctor Barco no ha seguido una estrategia de respeto hacia el Nuevo Liberalismo, ha buscado o su desintegración o su asfixia, crearle hechos cumplidos para reducirlo, pero no lo ha reconocido como un interlocutor formal.
S.: Si las presidenciales fueran en marzo, probablemente usted ganaría, pero hay un escollo previo, las parlamentarias, que no es seguro que las gane el N.L.
L.C.G.: Eso tiene un efecto político, pero es un reto que hay que afrontar.
S.: ¿Cuántos votos calcula para mitaca? ¿Qué consideraría un triunfo y qué una derrota?
L.C.G.: Yo aspiro a, por lo menos, duplicar nuestra fuerza parlamentaria, para comenzar. De ahí para abajo consideraría un resultado inferior a nuestras expectativas.


S.: Hay quienes sostienen que se le han ido más esfuerzos criticando al Partido Liberal, al oficialismo liberal, que realmente ofreciendo soluciones para los problemas nacionales.
L.C.G.: No, lo que pasa es que le gasté mucho tiempo a la preocupación de reorganizar al Partido Liberal y ahora consideré que eso es secundario frente a otras metas superiores. Entonces, yo cuestionaba al Partido proponiendo autocritica liberal, con la esperanza de que se transformara y recuperara su liderazgo en la sociedad, pero he visto que el camino no es ese, sino el que estoy proponiendo ahora. El Partido Liberal ha sido la primera fuerza popular de Colombia, pero está totalmente desorganizado y no hay nada más triste que una mayoría impotente
S.: Ustéd se ha lanzado de frente contra poderosas fuerzas: el oficialismo, los ex presidentes, El Tiempo. Inclusive contra su mentor, el doctor Lleras Restrepo. ¿No hay algo de kamikase en todo esto?
L.C.G.: Yo no he deseado esos procesos, pero pienso que en el intento de abrir una nueva opción política en el país, no hay más remedio que afrontar las contradicciones cuando se presentan.
S.: ¿Por que no crear, entonces, un tercer partido y renunciar a la posibilidad de articular las tendencias liberales ?
L.C.G.: Creo que el Partido Liberal saldrá fortalecido de todo este proceso necesario para que supere su crisis. Que sea un partido que pueda actuar en la sociedad colombiana en el siglo próximo, dependerá de la madurez política con que se asimilen todas estas contradicciones y se logre articular otra manera de organizar el partido, otra ideologia, otra manera de comunicarse con la sociedad y sobre todo una verdadera coherencia entre lo que se dice en las plazas públicas, lo que se promete como programa político, y lo que se hace en el gobierno y en las corporaciones.
S.: ¿No hay ninguna circunstancia hipotética que pudiera hacer posible que usted declinara la candidatura?
L.C.G.: Si yo asumo una responsabilidad, la defenderé hasta el final. La suerte está echada. No descarto la posibilidad de que nosotros logremos la mayoría de la votación liberal. Las encuestas nos están dando el 36% de la votación y no estamos tan lejos del 51%.
S.: Pero una cosa es lo que la gente dice cuando la encuestan, habla con el deseo, pero a la hora de la verdad, es más pragmática y vota con la teoría del voto útil.
L.C.G.: Si, pero aún faltan 10 meses de campaña. Pueden pasar muchas cosas: periódicamente hay retos, episodios en los cuales se perderá terreno y otros en que se ganará.
S.: Hay quienes piensan, como Santofimio, que usted tiene una actitud maniquea con respecto a los votos: que son buenos si son para usted y malos, si son para el oficialismo liberal.
L.C.G.: Mientras sean libres, yo respeto cualquier voto. Lo que no puedo respetar es el voto comprado, que lo hay en muchas regiones de Colombia, ni puedo respetar el voto prefabricado con manipulación de escrutinios en las veredas, en las zonas rurales.
S.: Hablando de programas, lo que se ha conocido del programa liberal parece contener propuestas más progresistas que las que ha planteado el N.L.
L.C.G.: Sinceramente no he podido estudiar todavia a fondo los planteamientos del foro liberal. Los leeré con mucha atención, con mucho interés, porque de todos modos expresan un proceso de reflexión. Sin embargo, el problema grave no es tanto la plataforma política, sino la sinceridad en el propósito de sacar las reformas adelante. Estamos acostumbrados al cinismo de la clase dirigente del país, que aprueba las plataformas que se quieran en función de la coyuntura electoral, pero después no responden por eso a la hora del gobierno.
S.: Hay un tema, la paz, que mantiene en jaque al país. Usted se ha pronunciado, criticando el factor improvisación. Si a usted le tocara continuar con el manejo del proceso, ¿qué haría? ¿Cuáles son las reformas políticas que considera fundamentales para consolidar la paz?
L.C.G.: En mi opinión, una de las causas de la violencia en Colombia es la ausencia de instituciones que sean reconocidas por todos los sectores para decidir los conflictos sociales y económicos. Aunque las actuales cuentan con una base de legitimidad, todavia es insuficiente, como lo demuestra el hecho de que diversos grupos se han sublevado contra ellas.
Es necesario que quienes escogieron la vía armada se den cuenta de que en nuestro país ésta se agotó y, por otro lado, es indispensable que quienes invitan a los grupos subversivos a ingresar a la lucha política dentro del marco institucional, estén dispuestos a aceptar la vigencia real de un conjunto de reglas de juego claras e imparciales para garantizar la libertad del proceso político. Es necesario que haya una reforma electoral que garantice la plena transparencia de la expresión de la voluntad popular, hay que crear límites máximos a los presupuestos de las campañas, hay que establecer un estatuto de la oposición, no basta el comportamiento amplio de un gobernante frente a sus críticos.
Debe haber acceso a los medios de comunicación, para garantizar el pluralismo y evitar que un grupo detente un poder excesivo. Hay que hacer la descentralización política y administrativa, porque la centralización impide el desarrollo democrático.
S.: ¿Cuándo supo que iba a ser político?
L.C.G.: Viví un proceso muy curioso. Fui sectario liberal a los 8 años. Yo asistí al bazar en el Parque Nacional contra Laureano Gómez en 1950, que era para apoyar a la guerrilla liberal. Cayó un gran aguacero y entonces yo cantaba "que llueva, que llueva, que Laureano está en la cueva". Pero diría que en el año 49, cuando tenía un poco más de 6 años, me empezó a interesar la política cuando nos vinimos de Bucaramanga: el viaje era larguísimo por tierra, nos paraban con frecuencia en los retenes. Como no entendía por qué, venian las explicaciones: "que había violencia, que era el Ejército vigilando". Entonces se tenía una imagen terrible de la Policía. En esa etapa me gustó mucho el tema político, pero en forma totalmente sectaria, hasta el comienzo de la universidad.
S.: ¿Qué lo desectarizó?
L.C.G.: En parte el Frente Nacional. Por otro lado, también la universidad. Llegué muy agresivo a la Universidad Javeriana, a enfrentarme a los conservadores. Era uno de los 14 liberales de un grupo de 130 alumnos. Pero aprendimos a manejar la controversia cada vez en forma más civilizada. Pasé del sectarismo al Frente Nacional y ahora del Frente Nacional estoy pasando a apreciar lo relativo de los partidos, a no dejarme encasillar ni amarrar por un concepto partidista.
S.: ¿Cuáles son las personas que usted más consulta?
L.C.G.: A mi padre, quien desde que era muy niño ha ejercido gran influencia, y mi hermano Gabriel, el mayor. Un día me dijo: "a mí me fascina la política, pero los dos no cabemos. Entonces, yo me voy a realizar a través de usted". El me ayuda muchísimo, es muy objetivo y muy equilibrado.
S.: ¿Usted va a ser futuro o próximo presidente?
L.C.G.: Tengo la responsabilidad de estar listo para ser el próximo.
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