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| 9/14/1987 12:00:00 AM

"LAS FARC NO QUIEREN LA PAZ"

Carlos Ossa Escobar, el hombre clave en el proceso de paz, dialoga extensamente con Antonio Caballero sobre la situación de orden público en el país.

SEMANA: Hay una gran confusión. La opinión pública ya no sabe si la tregua con las FARC está rota o no, ni en dónde. ¿En el Huila, como dijo El Tiempo, y rectificó después? ¿En Antioquia, como dijo el gobernador? ¿ Y de qué depende?
CARLOS OSSA ESCOBAR: Hablemos en términos bien sencillos. Si las FARC atacan al Ejército o asaltan una población es evidente que el Ejército tiene que responder, y de tal forma que le permita no sólo repeler el ataque sino perseguir y castigar a quienes lo hicieron. El señor Presidente ha dicho que no es el gobierno quien va a romper el cese al fuego, sino las acciones de las FARC las que van a determinar esa ruptura. Infortunadamente los últimos hechos nos están demostrando que las FARC no quieren el cese al fuego. Ellos van a tener que cargar con esa responsabilidad ante el país.

S.: ¿Qué diferencia hay entre los ataques de ahora y lo que durante años se llamó "fricciones inevitables" del cese al fuego?
C.O.E.: Toda la opinión sabe, y el señor ministro de Defensa lo dijo en el Congreso, que las FARC han tenido muchas bajas durante el período del cese al fuego. Ahora, si las FARC pasan a una actitud eminentemente ofensiva, como fue la emboscada a los soldados en el Caquetá, el asalto a San Adolfo (Huila), a La Primavera (Vichada), a Rivera (Huila)... eso definitivamente significa: "no queremos cese al fuego". Es como si el Ejército realizara un gran operativo contra el Secretariado de las FARC.
Por eso repito que son ellas las que orquestada, deliberadamente, están rompiendo el cese al fuego.

S.: Pero esas tomas que usted nombra son muy parecidas a la que hicieron las FARC hace unos meses en Mutatá (Antioquia), y en ese momento no se consideró que había que castigarlas. ¿Qué hay de nuevo?
C.O.E.: Eso es totalmente cierto: lo de Mutatá, así como la emboscada a los soldados en San Vicente de Chucurí (Santander). Pero la situación se fue haciendo cada vez más difícil. Yo creo que lo que detonó todo esto fueron los hechos del Caquetá y la actitud del Secretariado de las FARC, que nunca los condenó y lo único que hizo fue pedirle al gobierno que fuera a La Uribe, como si el gobierno fuera el que tuviera que darles explicaciones a ellos. Es decir: el Secretariado ha venido asumiendo una actitud que para nada contribuye a que se pueda mantener el cese al fuego hacia un objetivo. Porque no puede ser sin objetivo, como más o menos quedó contemplado en la prórroga indefinida de los acuerdos que hizo el gobierno pasado. El cese debe ser para algo, y ese algo es concretar con las FARC la reincorporación de sus miembros a la vida civil, la desmovilización de sus frentes y el ulterior desarme con las debidas garantías económicas y sociales. Las FARC infortunadamente no han dado muestras de querer dialogar sobre ese punto, que es para mí fundamental.

S.: Esas "debidas garantías" que usted menciona no se han visto mucho en este año de gobierno. Han sido asesinados más de 45O militantes de la Unión Patriótica, que era ese puente para la reincorporación a la vida civil, y en ningún caso se ha sabido nada de ninguna investigación.

C.O.E.: La reincorporación a la vida civil, como la entiende el gobierno, no es de uno en uno. No es que lleguen Braulio Herrera, Iván Márquez, otros militantes de las FARC, de uno en uno, aun cuando a mí personalmente me parece de gran significación que ellos estén haciendo trabajo político. Lo que este gobierno quiere discutir con las FARC es la reincorporación de toda la organización, y ojalá ellos lo entendieran. Si se plantean así las cosas tiene sentido la verificación y este gobierno no ha renunciado a ella: pero con esos objetivos claros. Y no con esta ambiguedad de las FARC de estar esperando a "que haya condiciones", como si ellos fueran los fiscales o los interventores de este proceso de paz, sólo ellos, por sí y ante sí.
Ha habido muchos muertos de la UP eso es cierto. Yo he condenado esos asesinatos, así como el propio Presidente de la República. El gobierno ha hecho todo lo que está a su alcance para rodear de garantías a la UP. Desafortunadamente el país vive un clima de violencia política que a mí me parece que es producto de toda esta compleja situación, y me parece que hay sectores (yo no puedo entrar a calificar a nadie, pero, repito, hay sectores) que ven en la UP una amenaza para la democracia y para el sistema o ven una simbiosis entre la UP y las FARC. El gobierno no puede estar tranquilo con estos asesinatos, como nadie puede estarlo. Pero yo no puedo hacer otra cosa que repudiarlos, y llamar a todos los sectores de la sociedad a que comprendan que la UP no es un enemigo del sistema,sino un adversario político de liberales y conservadores. Que si se persiste por el camino de asesinar a quienes tienen ideas diferentes lo único que se está haciendo es darle más razón de ser a la vía armada.

S.: Pero no es sólo cuestión de "clima de violencia". Alguien, particularmente, los está matando, y en un año no ha habido investigaciones que digan quién. ¿No serán esos grupos que unos llaman "paramilitares" y otros "de autodefensa" ¿O es que a todos los de la UP también los mataron "Los Priscos "?
C.O.E.: Hay grupos irregulares de asesinos, delincuentes, tan tenebrosos o más que la guerrilla, que también asesinan campesinos. No les llamo paramilitares ni de autodefensa: los llamo grupos de vulgares delincuentes a quienes el Ejército, la Policía y el DAS en virtud de la ley deben reprimir y perseguir con la misma diligencia con que persiguen a la guerrilla.

S.: Pero esa es justamente la impresión que no se recibe. El país no tiene noticia de que haya nunca un choque entre el Ejército o la Policía y algún grupo de esos.
C.O.E.: No se trata de que haya choques. Ha habido detenidos, como en el caso de la matanza de campesinos en Vuelta Acuña, hay hasta condenados por el tribunal de el Socorro. Insisto: el Ejército, la Policía, los servicios de inteligencia están instituidos para preservar los derechos de los liberales, de los conservadores, de los comunistas, de la UP y de todos los campesinos sin partido; y están obligados a perseguir a todos esos grupos que están al margen de la ley, no solamente a la guerrilla. Si el Estado no enfrenta la situación que vivimos con ese criterio, se va a generalizar la guerra sucia.

S.: No parece haber un consenso sobre eso dentro del propio gobierno. Usted y el ministro de Gobierno condenan esos grupos, pero los ministros de Defensa y Justicia los defienden. El de Defensa dice que son legales. El de Justicia, que hay que permitir su existencia porque ningún estado del mundo puede defender a sus ciudadanos.
C.O.E.: El propio Presidente, en una entrevista a SEMANA, dijo que el gobierno no patrocina, no impulsa los grupos de autodefensa; pero no puede negar el derecho a la defensa porque es un principio consagrado en nuestra Constitución. Lo que pasa con ellos, como yo lo dije en su momento es que se pueden convertir en instrumento para perseguir políticamente a quienes profesan ideologías que no les gustan a determinados sectores de la sociedad. Eso me parece gravísimo. Pero un grupo de campesinos como el de Colombia (Huila), a pesar de que puede haber sido influenciado ideológicamente en el sentido de que las FARC y la UP son sus enemigos, no es de los que salen a hacer expediciones punitivas y a asesinar a la gente. Ese grupo, sobre el que se dio el debate, es diferente a esos como "Los Tiznados", "Los Grillos", lo que comúnmente se llama "el MAS". Y cuando los ministros de Defensa y de Justicia hablan de la autodefensa no se están refiriendo lógicamente a estos últimos.

S.: Entonces toda la "discusión semántica " se limita al grupo de autodefensa de Colombia, Huila, que salió en la televisión.
C.O.E.: No, yo no estoy diciendo eso. La discusión tiene mucho más fondo. Lo que está en discusión es si es conveniente o no que el gobierno arme a toda la población en vez de fortalecer la autoridad legítimamente constituida, como es el Ejército, la Policía, los organismos de justicia. Ese es el punto.

S.: Volviendo al tema de las FARC: viene circulando un comunicado suyo en que se habla de la constitución de un nuevo movimiento político, una "Reunión Bolivariana del Pueblo", que estaría conformado por las FARC y todos los demás grupos guerrilleros, que no están en tregua. Usted, que habla a menudo con Jacobo Arenas por el teléfono rojo, ¿le ha comentado ese proyecto?
C.O.E.: Los asesores de mi oficina no hablan a través del "teléfono rojo" para nada distinto de recibir información del Secretariado sobre lo que está sucediendo. Sí, se le ha preguntado a Jacobo Arenas, y él dice que estuvo conversando con unos compañeros del M-19 y que las FARC, con el apoyo de otros movimientos guerrilleros, lanzan "a consideración de la opinión pública" el Movimiento Bolivariano. A mi me parece, sin pretender ofender al Secretariado, tan delirante como muchas cosas que ha planteado el M-19. No sé hacia dónde van ni qué pretenden. No sé si están buscando una unidad de acción guerrillera. Todos esos son temas que estamos analizando. No tengo todavía una opinión formada sobre esos puntos.
S.: ¿Y piensa viajar a La Uribe a discutirlos con ellos?
C.O.E.: No hemos pensado ir a La Uribe por ahora. No hay condiciones, no hay ambiente. Pero son temas para analizar, y que crean indudablemente una gran confusión entre la opinión pública y no contribuyen para nada a crear el clima de reconciliación que quiere el gobierno. Lo que crean es mayor polarización.

S.: Dentro de ese propósito de la reconciliación ¿el gobierno ha pensado en constituir esa comisión de verificación que con tanta insistencia piden las FARC, la UP, otros sectores?
C.O.E.: Así como el cese al fuego debe tener un objetivo, así la comisión de verificación debe tenerlo. No para que verifique el cese al fuego, sino su tránsito hacia la recoincorporación, la desmovilización, y el ulterior desarme de las FARC. Pero las FARC siguen entendiendo la verificación como una acción de gentes de buena voluntad que les permita mantener el control de sus territorios, de los que consideran que les pertenecen: como algo que les garantice su extraterritorialidad. Y esto el gobierno no puede aceptarlo. Ahí es donde vale la pena pedirles a las FARC que reflexionen sobre el momento que está viviendo el país, que se den cuenta de que volver a un enfrentamiento generalizado no es la salida, que se den cuenta de que la vía armada no tiene ninguna posibilidad. Y pedirles que avancen claramente hacia una voluntad concreta de reincorporación a la vida civil en un gobierno profundamente democrático, convencido de la necesidad de abrir nuevos espacios políticos. El gobierno no quiere la guerra, no quiere el enfrentamiento generalizado. Sería un absurdo para la izquierda colombiana, más numerosa de lo que la gente cree, que las FARC cerraran ese camino a la apertura democrática llevando al país a un enfrentamiento generalizado.

S.: ¿ Y no le parece que el gobierno, o usted personalmente, está muy solo en eso de no querer la guerra? Si mira las acciones de los grupos guerrilleros, la prensa, la actividad de esos misteriosos "sectores" que incitan a la generalización de la guerra ¿no siente una gran soledad?
C.O.E.:Es infortunado que se esté dando una polarización, y es muy grave. Pero el gobierno se mantiene en el centro de la democracia. El gobierno tiene que ejercer ese liderazgo. Lo que yo esperaría es que estos acontecimientos últimos,antes que llevar al país a una mayor polarización lo llevaran a reflexionar sobre el problema que se puede venir. Y no a alinderarse. No a ver en cada comunista a un subversivo, en cada militante de la UP, en cada militante de izquierda a un subversivo, como desafortunadamente los ven sectores recalcitrantes de la sociedad. Yo confio, de pronto con un optimismo iluso, en que los últimos acontecimientos, antes que impulsarnos a la polarización, nos lleven a la reflexión.

¿ALIANZA PARA LA GUERRA?
Cuando apareció en la revista Cromos del 4 de agosto, prácticamente nadie le dio mucho crédito a la información: las FARC y el M-19 se fusionarían en un nuevo movimiento. De no haber sido por los testimonios gráficos de la reunión, entre las dos organizaciones, la noticia habria pasado como una posible mala interpretación. Inclusive, la misma periodista que estuvo presente en la entrevista guerrillera, Patricia Iriarte de Serviprensa, cuando fue consultada por un noticiero de televisión dijo: "si se lee bien el texto, se verá que eso no es lo que dice". Lo que quedó en el ambiente era que otra vez -como en todo lo relacionado con el proceso de paz- no se sabía realmente qué era lo que estaba pasando. Algunos sectores llegaron a considerar que se trataba de un "cañazo" de las FARC con el propósito de presionar unos nuevos acuerdos; otros pensaban que lo que estaba sucediendo era lo que tenía que pasar después de la emboscada del Caquetá en junio pasado, interpretada como una declaratoria de rompimiento total del cese al fuego.
La verdad es que la unión FARC - M-19 sí existe. Lo que sucedió fue que soltaron "la chiva" antes de tiempo. Aunque las conversaciones sobre la "unidad de acción" guerrillera venían de tiempo atrás, la presencia casual de la periodista, que estaba invitada a una rueda de prensa con motivo de la celebración de los 24 años de las FARC, los hizo que se adelantaran algunos detalles. SEMANA tuvo la oportunidad de conocer el documento que fue preparado en la reunión entre Jacobo Arenas y Alfonso Cano de las FARC y Gerardo Ardila y Tatiana Rincón del M-19. Se define como un "proyecto de consulta con el país", en el que queda establecida formalmente la unión: "Las FARC y otros movimientos guerrilleros -el M-19 estaba representando a la Coordinadora Nacional Guerrillera, en donde están el EPL, el ELN, Patria Libre, PRT y Quintín Lame- se convierten en un nuevo movimiento político nacional que lleva el nombre de Reunión Bolivariana del Pueblo", dice el acuerdo. Según el documento los militantes del movimiento se organizarán en "núcleos bolivarianos" bajo la orientación nacional del "jefe único del movimiento, a quien asesoraran cien sabios de la vida política, social, económica, cultural y científica de la nación". Además el proyecto "sale de las fronteras patrias y va a las patrias de Panamá, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú, para sentar las bases de los futuros Estados Unidos de Latinoamerica, sueño del Libertador".
Lo que queda expreso en el documento de constitución del nuevo movimiento es que las FARC, que hasta ahora estaban en tregua, se unieron a los demás grupos que no lo habían estado nunca o que la habían roto hace tiempos. Y el acuerdo deja la impresión de que no fueron las FARC las que convencieron a los demás grupos, sino que fue la Coordinadora Nacional Guerrillera la que las convenció a ellas. Esto se hace más notable con las declaraciones de Alfonso Cano a la periodista de Cromos, en el sentido de que "el poder está a la vuelta de la esquina", que recuerdan más a las delirantes propuestas de cogobierno del M-19 que a los prudentes pronunciamientos que siempre habían caracterizado a las FARC.
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