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| 11/11/2006 12:00:00 AM

Lizzette Ochoa

Hace tres meses el país se estremeció al conocer las imágenes y saber los detalles de la golpiza que recibió Lizzette Ochoa a manos de su esposo Rafael Dangond Lacouture en Barranquilla. La pareja había asistido a un matrimonio el 29 de julio en el Country Club de la ciudad. Enceguecido por los celos al ver a su esposa bailando con otros invitados, Dangond la sacó de la fiesta y la golpeó durante dos horas. Al final, Lizzette terminó en la clínica, y su esposo, detenido en la cárcel, donde aún permanece a la espera de ser juzgado en los próximos días. Hoy, Lizzette ha logrado encontrar de nuevo la paz y la tranquilidad. Hace pocos días empezó a trabajar. “Nunca he ido a visitar a mi ex esposo, ni por compasión ni por derecho humanitario, ni mucho menos le he llevado comida, como algunos medios afirmaron”. Nunca volvió a hablar con él. Es más, en este momento ella está tramitando su separación y pidiendo la patria potestad de sus hijos.
Su padre, Álvaro Ochoa, ha sido un importante soporte económico y moral. “Durante este tiempo he seguido con mi vida normal y tranquila. Quiero dejar atrás ese episodio sobre el que ya no hay más nada que decir”, agrega. Los fines de semana, la familia sale a fiestas de los niños, a restaurantes o al cine, en donde generalmente recibe palabras de apoyo y solidaridad por la forma valiente como enfrentó una situación tan difícil para cualquier mujer.
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