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| 3/7/1994 12:00:00 AM

LO QUE OI, VI Y ME CONTARON

María Mercedes Carranza pasó 15 días en Cuba. Consideró que más importante que hablar con los altos funcionarios era hablar con la gente del común. Estas son sus impresiones.

USTED PUEDE ATERRIZAR DIRECTAMENTE en Varadero, la famosa playa de 100 kilómetros de largo situada en la costa norte y pasar unas vacaciones con todas las comodidades de los mejores centros turísticos del mundo, en hoteles manejados por las grandes cadenas internacionales y regresar luego a su país, partiendo también de Varadero, convencido de que Cuba es una isla paradisíaca, donde reinan la abundancia y el bienestar.
Esa es, en pocas palabras, la tremenda paradoja que vive hoy la isla. Porque la realidad es otra bien distinta. Realidad que el extranjero sólo conocerá si pone todo su empeño en tratar de comprenderla, pues es bastante compleja. Lo dicen cada rato los mismos cubanos: "Nadie puede entender lo que estamos pasando. Es necesario vivirlo". Aun así, lo intenté y estas notas son el resultado de conversaciones con gentes por la calle, con funcionarios, dependientes de almacenes, amas de casa, ancianos, niños, empleados, taxistas, intelectuales.

COMER UN BANANO: UNA FIESTA
Vamos al grano: hay hoy en Cuba una tremenda escasez de todo y especialmente de artículos de primera necesidad: alimentos y remedios; no hay elementos para aseo, como el jabón, y comerse un banano o un chocolate, por ejemplo, es una fiesta inimaginable para un niño. Ahora bien: todo cubano recibe una determinada cantídad de artículos a precios muy módicos, que se le entregan en las bodegas estatales: arroz, fríjoles, alguna proteína, cigarrillos, ron, un pequeño pan diario, huevos, harinas y elementos de aseo. La cantidad depende del abastecimiento que logre el gobierno, de tal manera que puede ocurrir que una persona sólo reciba dos libras de pescado al mes como única proteína animal, y nada en materia de jabones.
En términos generales, lo que se recibe por ese canal alcanza nada más que para vivir una semana larguita al mes. ¿Y el resto? Hay que conseguirlo de alguna manera y sólo hay una: la llamada bolsa negra. Este es el único mercado al que pueden acceder los cubanos y, aunque no es legal, el Estado se hace el de la vista gorda, pues reprimirlo equivaldría a condenar al suicidio a la población entera, ya que todos se ven obligados a recurrir a él para sobrevivir. Esta cronista, incluso, oyó a un ministro referirse a la bolsa negra con la mayor naturalidad. Dicho mercado se surte de varias fuentes: de la venta o intercambio de artículos que se reciben por bodega y que pueden no utilizarse: el ron y los cigarrillos, por ejemplo; de cosas que envían o llevan parientes y amigos en el exilio; del robo por puchitos que hacen los distribuidores estatales y del saqueo y la especulación de grandes acaparadores, a los que llaman "macetas", quienes sí son perseguidos y castigados.

SALARIOS BAJISIMOS, COSTOS ALTISIMOS
Hasta aquí no habría problema: en la bolsa negra se encuentra casi todo. Pero ocurre que no existe una relación entre los costos en ese mercado y los salarios. Veamos: un salario alto hoy en el país es de 300 pesos cubanos, que equivalen más o menos a cuatro dólares. Lo que se paga por los articulos que se reciben de las bodegas estatales se puede cubrir más o menos con 200 pesos cubanos, o sea que sobra bastante dinero al mes, pero nada se puede hacer con él, porque en la bolsa negra los precios tienen un nivel muchísimo más alto: para hacernos una idea, algo similar al nivel de precios en Colombia. Por ejemplo: hoy no están entregando jabón de ninguna clase en las bodegas, pero en el mercado negro se encuentra el Lux por 60 centavos de dólar, es decir, por el equivalente a una quinta parte de un salario alto. Y así ocurre con todo, y como hay necesidad de todo...

YO RESUELVO, TU RESUELVES
¿Cómo hacen para sobrevivir en esas condiciones? Porque, como dicen frecuentemente, "aquí nadie se muere de hambre, pero no sé cómo nos las arreglamos". La verdad es que el cubano es un pueblo recursivo y "no se deja". Por ello tal vez el verbo que están conjugando a toda hora es resolver. Se la pasan resolviendo cómo poner a funcionar la bateria de un carro parado desde hace meses, cómo conseguir unas vitaminas, cómo trasladarse a vivir a un lugar más cercano al trabajo... Aquellos que reciben dólares y remedios de sus parientes y amigos exiliados -lo cual está permitido desde hace poco- tienen la situación resuelta. Pero los otros deben ideársela.
Y lo hacen nadie sabe cómo: criando pollos en el patio, a los que alimentan con un caldo horroroso de gusanos, lavando la ropa con sal o con lejía hecha caseramente a base de agua y ceniza, recurriendo al rebusque que linda con la ilegalidad. Pero siempre -y ello impresionó mucho a esta cronista- con dignidad, con pudor y en todo caso sin extorsión ni violencia.

DIGNOS, RECURSIVOS, VALEROSOS
Va un ejemplo: recorriendo sola y con pinta de turista el bellísimo bulevar de El Prado en La Habana, me abordó un joven de unos 35 años y me ofreció en arriendo un apartamento, aclarando e insistiendo en que le daba mucha verguenza hacerlo, que era ingeniero y tenía trabajo, pero que necesitaba dinero porque su mujer iba a tener un tercer hijo; le pregunté por qué lo necesitaba, si el Estado le daba atención médica y remedios gratuitos a su mujer y a su hijo, y me contestó que ello era cierto, pero que si, por ejemplo, no había las medicinas necesarias tendría que recurrir a la bolsa negra y así con muchas otras cosas. Pensé en darle unos dólares y se lo expliqué con mucha delicadeza: "Para que le compre un regalo a su hijo a nombre de una colombiana"; enseguida reaccionó ofendido y con gran amabilidad me dijo que yo no había entendido nada y no me valió insistir; al final me dio sus señas para que fuera a tomarme un café en su casa y pudiera conocer a su familia.
En términos generales este es el talante con que afrontan la situación e, incluso, le meten humor. Alquien me habló del "arroz dogmático" y de inmediato explicó: "Es aquel en que hay que creer que lleva pescado". A veces conmueve la imaginación con que idean el rebusque: me contaron en Matarízas que hay quienes arriendan jabón: a 26 centavos cubanos el baño y a 30 si es con lavado de pelo...

AVIVATOS, PERO SIEMPRE ENCANTADORES
Claro que también hay avivatos. Pero no atropellan ni agreden; timan con gran gentileza. En uno de mis paseos solitarios me abordó un joven negro y caminamos largo trecho conversando sobre cosas anodinas; me ofreció en venta una caja de puros a 20 dólares, que en el mercado cuesta 120 dólares: hasta ahí todo era normal, pues es corriente este tipo de ofertas callejeras; cuando me despedí para tomar un taxi, me dijo que podía ir en el carro de un amigo por un valor inferior al que cobraría un taxi, lo cual está prohibido; quise vivir la experiencia y acepté; así, me vi a bordo de un inmenso y destartalado Cadillac negro modelo 1957, que en Nueva York sería una lujosa y costosísima limusina; cuando fui a pagar me cobraron tres dólares más de lo que me hubiera costado el taxi, pero no protesté porque me esquilmaron con tanta, tantísima amabilidad... y un colombiano sabe valorar y apreciar mucho eso.

FIDEL: AMOR-ODIO
Aunque nunca entré a hacer en forma directa preguntas de índole política, a través de las conversaciones pude deducir varias cosas. Hablan de la difícil situación que están pasando y responsabilizan de ella a "muchos errores que se cometieron en el pasado". Con Fidel Castro se intuye una curiosa relación de amor-odio o mejor, de padre-hijo: similar a la del adolescente que descubre de pronto que su papá no es ese ser maravilloso que imaginaba y se rebela, pero sigue conservando el vínculo filial. Y no cabe duda de que debe haber miles de cubanos que desean, en el fondo del alma, asesinar al padre, especialmente los más jóvenes, que no vivieron ni se comprometieron con la Revolución, pero sí han padecido todo el rigor de la depresión interna de finales de los 80 y principios de los 90, y se encuentran ahora con muy escasas posibilidades de realización personal. Pero, en términos generales, son conscientes de que la Revolución impulsó importantísimas conquistas de índole social: educación gratuita y obligatoria -de verdad obligatoria- hasta noveno grado, y luego gratuita pero no obligatoria hasta posgrados y doctorados; atención médica altamente calificada y remedios gratuitos, desde una sacada de muela hasta un trasplante de médula; incluso las cirugías plásticas son gratuitas; gran impulso a la cultura y al deporte; el litro de leche diario para todos los niños menores de siete años y para los ancianos mayores de 70, alimentación especial para éstos y para las embarazadas,
Hoy todos lo reconocen, estas conquistas, pese a la situación, no se han abolido y se están defendiendo a capa y espada, pero se ha deteriorado la calidad de los servicios: escaséan las medicinas, los cuadernos y los libros; entre la ancha franja que va de los siete a los 60 años se han presentado problemas de salud delicados por deficiencias en la alimentación. Por ejemplo, quedó demostrado que la neuritis óptica que afectó recientemente a niños y mayores se debió a un déficit de proteinas; se tomaron las medidas necesarias de carácter profiláctico y preventivo, pero los alimentos siguen escaseando.

PAGANDO LAS EQUIVOCACIONES
Cuando los cubanos hablan de "las grandes equivocaciones que se cometieron en el pasado", es evidente que se están refiriendo a la época de las vacas gordas -que la hubo y fue de los años 70 a 85 más o menos- en la que ingresaron miles de millones de rublos, como consecuencia de una economía altamente subsidiada, a cambio de una dependencia total del bloque soviético, dependencia que impidió la creación de una economía propia. Así, cuando la URSS cayó, Cuba se quedó en el aire literalmente, tanto por el bloqueo impuesto por Estados Unidos como por la total inexistencia de actividades productivas propias, la parálisis del sector agrícola, con excepción de la industria azucarera, el aparatoso y fuerte centralismo y la utilización de la obsoleta tecnología soviética. Saben que la bonanza se sembró en educación, en cultura, en salud y en deporte, pero también saben que un alto porcentaje de esos recursos se fueron en internacionalizar la Revolución, en las prolongadas y costosísimas intervenciones en las guerras de Angola y Etiopía, y en las jugosas inversiones que hizo el gobierno cuando el país presidió en la década de los 80, la Organización de Países No Alineados.


MUCHA EDUCACION, POCO TRABAJO
Vayan unas por otras: hoy atraviesan un dramático período de penuria, que se inició oficialmente en 1990 y lo llaman "período especial", pero es el pueblo tercermundista con mayores niveles en educación, cultura, deporte y atención médica. Sin embargo, ambas cosas combinadas han llevado a situaciones insólitas: el camarero de un hotel puede ser un ingeniero con doctorado y una prostituta de La Habana, una médica muy calificada. Porque ante el colapso total el gobierno está empeñado en convertir, a marchas forzadas, la industria turística en el segundo renglón de ingreso de divisas, después del azúcar. Según cifras oficiales, en 1993 entraron 600.000 turistas que dejaron 700 millones de dólares, y se espera que hacia 1998 el sector turístico ocupe el primer lugar como generador de ingresos. Así, el mercado laboral está reducido, en un alto porcentaje, a la zafra y al turismo. De ahí que los ingenieros sean camareros y que comiencen a surgir, de manera inevitable, las lacras del sistema capitalista propias de los países tercermundistas: prostitución, economía informal y desempleo, para el cual ofrecen subsidios durante un tiempo y la oportunidad de reubicarse en otro trabajo: hasta donde pude indagar todo ello se cumple. Aunque, y debe decirse claramente, si bien se ve una pobreza generalizada, no hay miseria, y tampoco vi en La Habana ni en Matanzas -las dos ciudades que visité- los grandes cordones de miseria que rodean a todas las ciudades de América Latina. Existe un nivel de vida deficiente pero parejo, y jamás la miseria absoluta dentro de la cual, por ejemplo, viven en Colombia 13 millones de personas, según estadísticas oficiales.

LOS DOLORES DE FIDEL
Algún alto funcionario me habló del dolor de Fidel Castro el día que se tuvo que disponer en el Consejo de Ministros la legalización del dólar: igual dolor debió padecer cuando se decidió crear e impulsar la industria turística, pues se vinieron abajo de la noche a la mañana 30 años de prédicas y prácticas revolucionarias fundamentales. Pero realismo obliga, y por tanto Cuba hoy se abre al capital extranjero, bajo un sistema aún totalmente estatizado y centralizado: hasta los taxis, por ejemplo, son estatales. En el sector del turismo se han hecho asociaciones con grandes empresas, especialmente españolas, italianas y canadienses. Se intenta atraer a inversionistas extranjeros que industrialicen el níquel, del cual Cuba tiene uno de los más grandes yacimientos mundiales; de igual manera, en asociación con compañías francesas, canadienses, inglesas y suecas se está buscando petróleo en el mar territorial de la costa norte y existe la expectativa de que México se asocie para la puesta en marcha de una gran refinería.

LA HABANA: BELLA Y DESCONTAMINADA
En medio de tan dramática situación, para el visitante es gratísimo el contacto con el pueblo cubano, pues es gente acogedora, generosísima, solidaria y muy valerosa; no se quejan: cuentan, sí, sus problemas cuando se les pregunta y lo hacen, ya lo anoté, con pudor y dignidad. El visitante no padece por escasez de energía y gasolina, pues puede tomar taxi y en los hoteles no hay racionamiento. La Habana resulta maravillosa: con dos millones de habitantes es, sin duda, la ciudad más descontaminada del planeta: circulan muy pocos carros y buses, la mayoría se transporta en bicicleta o va a pie al trabajo, no hay avisos, ni, como es obvio, contaminación auditiva. Las aguas que bordean gran parte de la ciudad son más transparentes que las de las islas del Rosario y la inmensa riqueza arquitectónica está deteriorada, pero no ha sido destruida ni alterada, y únicamente disuenan, dentro del gran conjunto que tiene valor arquitectónico, unos cuatro edificios mamotréticos y horrendos.
Pero la verdad final es que el visitante sale con el alma encogida y, sea cual£uere su crédito ideológico, pensando que la situación de Cuba no puede a estas alturas tratarse internacionalmente sólo en términos políticos, sino sobre todo de derechos humanos, y preguntándose también hasta cuándo resistirá ese pueblo excepcional.
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