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| 2/6/2010 12:00:00 AM

Los hermanos Narváez Mesa no tienen relación con la Yakuza

A finales de junio de 2003 esta revista registró la captura por parte del DAS de Beatriz Elena Narváez, una colombiana de 30 años detenida en el muelle internacional del aeropuerto El Dorado cuando regresó al país procedente de Tokio.
Según la información difundida en ese entonces por el DAS, a través de un comunicado de prensa, Narváez fue expulsada de Japón.
El japonés Koichi Hagiwara era uno de los líderes de dicha mafia. Tras varios años siguiéndole los pasos, la Interpol descubrió que se trataba de un reconocido proxeneta conocido en el bajo mundo como 'Sony' por su afición a fotografiar y grabar en video a sus víctimas desnudas. Generalmente eran jóvenes de 16 a 23 años atraídas con falsas promesas a Tokio, en donde las obligaba a prostituirse para sobrevivir en condiciones infrahumanas. 'Sony' fue arrestado y condenado en Japón. Se calcula que unas 400 mujeres colombianas fueron víctimas suyas.
El artículo Qué bonita familia, de la edición #1103, da cuenta de todo ello. Sin embargo, en dicho texto, que contó con información proveniente de otras fuentes adicionales al comunicado del DAS, por un inexcusable error se dijo que la captura de Beatriz Elena Narváez "dejó al descubierto un espeluznante y gigantesco negocio familiar que habría montado Beatriz en compañía de sus hermanos Juan Fernando, Jaime y Jorge, quienes tienen orden de captura internacional por tráfico de personas. Según las investigaciones, los tres hombres se encargaban de contactar a las jóvenes en Colombia".

SEMANA rectifica la información consignada en el artículo periodístico en relación con los señores Juan Fernando, Jaime y Jorge Humberto Narváez Mesa. En mayo de 2004 la Fiscalía especializada de Medellín archivó la investigación que se les seguía y, tal como se lee en ese expediente clausurado, no existían pruebas que los incriminen en delitos como el de trata de personas, concierto para delinquir y enriquecimiento ilícito. Queda claro que los Narváez Mesa no pertenecieron a ningún espeluznante y gigantesco negocio familiar. Esta revista ofrece excusas.
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