El de la fotografía es el cráneo de Yasser López, un joven de 16 años que recibió un arponazo accidentalmente. El arma pasó muy cerca del ojo derecho y aunque perforó una parte de su cerebro no causó ningún daño irreversible. Según los neurólogos que atendieron a López en el hospital Jackson Memorial de Miami, lo más complicado fue remover la punta del arpón porque era en forma de tornillo y tuvieron que pensar en una estrategia que no fuera a causarle un daño grave al cerebro al sacarla.