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| 6/13/1983 12:00:00 AM

MAYO '68

Después de 15 años, los dirigentes de la mayor rebelión estudiantil que conociera Occidente hablan en exclusiva con SEMANA sobre lo que fue y lo que se proyecta aún hoy de ese movimiento.

MAYO '68 MAYO '68

Interrogados por un instituto de sondeos, el 51% de los franceses estima hoy que Mayo de 1968 es una fecha "importante" y un 29% dice que fue "muy importante" en la historia contemporánea de su país. Invitados a caracterizar con una palabra el Mayo parisino, un 58% escogió la palabra "rebelión", y el 37% "jaleo". Otros emplearon la palabra "revolución" y "fiesta". El mismo sondeo, publicado en la revista "Lire", muestra que un 76% de personas entrevistadas piensan que los acontecimientos de esa primavera tuvieron una incidencia importante en las relaciones entre profesores y alumnos, 67% entre padres e hijos, 65% entre patronos y empleados, 59% entre el Estado y los ciudadanos y un 45% entre obreros e intelectuales. En cambio, un 49% contra un 39% juzga, que "Mayo del 68" no transformó las relaciones entre hombres y mujeres.

¿Qué fue en realidad el "Mayo 68"? Todo comenzó el 22 de marzo cuando 142 estudiantes, dirigidos por Daniel Cohn-Bendit, un joven de 23 años, estudiante del segundo año de Sociología en la Universidad de Nanterre, ocupan el Consejo Universitario de dicho centro académico, en protesta contra la detención de varios miembros de los "Comités Vietnam" .

Pocos días después, la Facultad de Letras de Nanterre es cerrada y el 3 de mayo, una manifestación en el patio de la Sorbona, en solidaridad con Nanterre, termina en la toma de la Facultad. La policía desaloja a los estudiantes por la fuerza, y detiene a varios de ellos. En las calles del Barrio Latino comienza entonces la agitación estudiantil al grito de "Liberen nuestros compañeros". Nuevas cargas policíacas, gases lacrimógenos, pedreas. La rebelión estudiantil había comenzado.

Semanas después, la mayoría de los colegios y universidades de Francia se encontraban en huelga en solidaridad con ellos. Motivos no faltaban. Los unos porque rechazaban el nuevo sistema de "selección por etapas" y la creación de "centros de formación jerarquizada", propuestos por los decanos, los otros para protestar contra la decisión gubernamental de instaurar una selección para entrar en la universidad.

El gran rechazo
Lo original del movimiento estudiantil, dijo a SEMANA el más conocido de sus dirigentes, Daniel Cohn-Bendit, fue que superó rápidamente las reivindicaciones gremialistas para discutir, por un lado, el papel mismo de la universidad y de la vida en un país capitalista avanzado, así como las luchas de los obreros de los países del Este y los movimientos de liberación del Tercer Mundo. Por otro lado abordó los temas de la creación, la cultura la libertad y la autonomía de la sociedad con respecto al Estado.

Con su huelga, los estudiantes habían iniciado, en realidad, la más importante crítica de una sociedad industrial y de los principios éticos, filosóficos y políticos establecidos. Porque inviertiendo los esquemas, los estudiantes fueron quienes visitaron a los obreros para incitarlos a exigir mejores condiciones de trabajo; 40 horas efectivas de trabajo semanal, el reconocimiento de su dignidad, el respeto de sus derechos sindicales y políticos en las empresas y una real participación en la vida de las fábricas.

"Los estudiantes lograron expresar ese sentimiento de rebelión y movilizar a otras categorías sociales (profesores, intelectuales, obreros, algunas profesiones liberales, etc, dijo a SEMANA otro de los líderes de esa época, Alain Krivine, por estar menos influenciados por el Partido Comunista y la central obrera, CGT, que ellos controlan".

Huelga de 10 millones
¿Quién no recuerda, en efecto, las declaraciones del actual líder del PCF, Georges Marchais, poniendo en guardia los obreros contra los "falsos revolucionarios que sirven los intereses del poder gaullista y los grandes monopolios capitalistas"?

A pesar de todo, el 13 de mayo, tras un llamado de las centrales obreras a una huelga general de 24 horas, más de 10 millones de trabajadores paralizan a Francia. En París, las manifestaciones de estudiantes y obreros movilizan a casi un millón de personas. El gobierno decide entonces, después de la muerte de un manifestante y de un policía, abrir negociaciones y decretar la expulsión de Cohn-Bendit, nacido en Francia pero de nacionalidad alemana. Las autoridades se refieren a él como el "judio alemán", apelativo que es respondido unánimamente por el movimiento con la consigna de "Todos somos judíos alemanes ".

De Gaulle, entretanto, abandona el palacio del Eliseo, el 29, y visita en total secreto el cuartel del ejército francés en Alemania. ¿Por qué lo hacía? ¿Para reflexionar o para crear un efecto psicológico? ¿Porque temía un golpe del Partido Comunista? La cuestión aún hoy no ha sido definitivamente esclarecida.

En realidad, antes de esa movida, las manifestaciones y tomas de fábricas barren el país y en el parlamento el ala de izquierda pide la salida del gobierno y elecciones generales. El 24 de mayo, De Gaulle había anunciado la realización de un referéndum y su retiro del gobierno si sus planes fracasaban y el 28 de mayo, Alain Peyrefitte, ministro de Educación, había presentado su renuncia, ante las protestas ciudadanas por la forma como las autoridades habían encarado la protesta estudiantil, con brutal represión policial y negativas a considerar las peticiones del movimiento.

Varios centenares de miles de personas desfilan reclamando un "gobierno popular" y la partida de De Gaulle. Pero el viejo general, lejos de dimitir, vuelve a París y anuncia su decisión de disolver la Asamblea Nacional y de convocar a elecciones nacionales para el 23 y el 30 de junio.

Tales soluciones, unidas a un gran acuerdo social entre el gobierno y los sindicatos, pondrían fin a la crisis, a pesar de la oposición del movimiento estudiantil.

"Cambiar la vida"
Quince años después, las huellas de ese gigantesco movimiento social que apuntó más a "cambiar la vida" que a derribar el poder central, siguen presentes, porque "Mayo del 68" fue, ante todo, el momento en que, gracias a la juventud, los franceses pudieron pensarse a ellos mismos de otra manera, invirtiendo los valores tradicionales e integrando los nuevos comportamientos culturales que los Beatles habían, en parte, revelado.

Daniel Cohn-Bendit lo explicó de este modo, diez años después: "El 68 no fue una idea política, sino una brecha que lo rompió y trastornó todo. ¿ Qué significaba el hecho de salir a la calle a gritar? Era una forma de expresar la necesidad de una sociedad distinta; el descubrimiento de que el viejo mundo ya no se aguantaba por ninguna parte". En este sentido, los lemas inventados en la Sorbona o en los mitines callejeros reflejaban ese nuevo estado de ánimo: "Está prohibido prohibir"; "Profesores: ustedes nos envejecen", "Hagamos el amor, no la guerra"; "Seamos realistas, pidamos lo imposible"; "Debajo de los adoquines, están las playas" .

En este lenguaje con claros acentos surrealistas, los jóvenes y, por extensión, la sociedad, exteriorizaron reivindicaciones que habían madurado a lo largo de los años sesenta en diversos sectores de la opinión: el fin de las ideologías y de los sistemas "totalizantes" capaces de prometer un cambio social paradisiaco pero inaptos para transformar la realidad cotidiana, la afirmación del cuerpo como un lugar de libertad y de placer contra las imposiciones religiosas, la no separación de "la política" y de la vida, la libertad de inventar una manera nueva de vestirse, de trabajar, de concebir la vida en pareja sin necesidad de una aprobación por parte del Estado o de la Iglesia; la preocupación por la naturaleza y, sobre todo, la liberación de la mujer, que Simone de Beauvoir no había cesado de reclamar en sus libros desde los años cincuenta.

Pero Mayo 68 no fue solo eso. Para Krivine, como lo escribiera 10 años después de esas jornadas, "lo decisivo, lo determinante, no fue el movimiento estudiantil, sino la huelga general", aunque hubiera fallado. "Pero no por ello puede afirmarse, como hace Geismar -agrega Krivine- que no hubiese lucha de clases. Para mí, el 68 fue el momento de mayor intensidad de la lucha de clases en Francia, hasta el punto de que llegó a plantearse el problema del poder ".

"Políticamente, el movimiento de Mayo del 68 tuvo en particular, dos repercusiones", comentó a SEMANA Alain Geismar, secretario general del SNE, el más importante sindicato de estudiantes en 1968. "Por un lado, fragilizar la realidad del poder. Hasta el 3 de mayo, en efecto, el general de Gaulle era considerado como un personaje histórico intocable y la Quinta República que él fundó en 1958 parecía construida en cemento armado. Pero brúscamente, en menos de quince días todo tambaleó. Ese poder inalcanzable se vio forzado a aumentar de 30% el salario mínimo, a otorgar una semana más de vacaciones, a atender las reivindicaciones de los obreros más desfavorecidos y las de los estudiantes. Desde esa época desapareció, en Francia, la idea de un poder inamovible".

Mayo del 68 acabó, por otra parte, con el poder de fascinación que ejercía el Partido Comunista Francés sobre los intelectuales y mermó considerablemente su peso en el imaginario de las gentes como lo prueban las estadísticas: en los últimos quince años, el PCF ha perdido cerca de 10% de su electorado.

Según Geismar, lo más importante de las transformaciones promovidas por "Mayo 68 " es que han repercutido en la vida cotidiana. "Percibo esos cambios, precisó, hasta en el lenguaje, en la manera de sentir las cosas y de analizar el mundo hoy ".

QUE HACEN HOY ESOS LIDERES
Frente a esa vasta mutación social, el ex profesor juzga "superfluo" hablar del destino personal de los ex líderes del 68, pero resulta interesante comprobar que ninguno de ellos figura hoy entre los jefes sindicales o políticos del país, aunque haya numerosos "ex 68" que hacen parte de los actuales gabinetes ministeriales.

Unos se han dedicado a la edición de libros, otros a la filosofía (Andre Glucksmann, Bernard Henri-Levy); algunos trabajan en el diario "Liberation" que constituye la mejor experiencia del periodismo francés en los últimos años. Conh-Bendit, por su lado, milita con "Los Verdes" en Alemania Federal y anima cada quince días un programa sobre la actualidad en una emisora parisina. El mismo Alain Geismar es vicepresidente de una universidad que agrupa 35.000 alumnos y 2.400 profesores. Dos decisiones importantes, entre otras, son fruto de sus actividades: la apertura de la universidad a los obreros y empleados aún sin bachillerato, y el establecimiento de un programa de estudios universitarios en las cárceles .

Alain Krivine sigue dirigiendo, por su parte, una organización de extrema izquierda que reivindica tener 2.500 militantes, la Liga Comunista Revolucionaria, y es el editor del semanario trotskista "Rouge". Pero tanto él como Paul Massip, uno de los dirigentes del PSU (Partido Socialista Unificado), reconocen que la manera de hacer política ha cambiado. Las organizaciones se han visto, paulatinamente obligadas a abandonar los grandes programas. "Los obreros, afirmó Krivine, ya no creen en ideas abstractas y se movilizan únicamente en torno a objetivos concretos". El dirigente del PSU, cuya divisa es la autogestión, no dice otra cosa cuando declara que los miembros de su partido "han dejado de creer, desde hace varios años, en la política-testimonio". Por tal razón, decidieron aceptar un secretario de Estado en el gobierno "social-democrata " de Mitterrand.

Por diversos que sean, quince años después, los antiguos del 68 parecen coincidir sobre un punto: ninguna sociedad se cambia por decreto.

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