Lunes, 16 de enero de 2017

| 1984/10/15 00:00

"NUESTRA LITERATURA SE OCUPA DESDE LA FLOR HASTA EL CEMENTO ARMADO"

EGOR ISAEV

"NUESTRA LITERATURA SE OCUPA DESDE LA FLOR HASTA EL CEMENTO ARMADO"

El poeta y dirigente soviético Egor Isaev estuvo en Colombia la semana pasada, en compañía del traductor del castellano al ruso, Yuri Greyding, dentro de un proceso de intercambio cultural entre la Unión de Escritores de Colombia y la Unión de Escritores de la URSS. Isaev habló con SEMANA sobre la situación actual de la literatura soviética. Este es un resumen de los apartes más interesantes de la entrevista:
SEMANA: En Colombia, al igual que en muchos países occidentales, se tiene la impresión de que la literatura soviética de hoy ya no tiene la proyección de otras épocas. ¿A qué puede deberse eso?
EGOR ISAEV: Hay que decir que existe una situación bastante triste porque pese a que tenemos una gran literatura, tanto por el tamaño de la zona de la Tierra donde se produce, como la gran cantidad de idiomas y culturas que abarca, lo cierto es que parecería que en el Occidente democrático las cosas están puestas de tal manera que la gente no tiene oportunidad alguna de conocer nuestra literatura. Todo indica que se ha levantado una gran muralla que impide que esas expresiones nuestras se conozcan acá. Y yo me pregunto: ¿es que acaso esas expresiones perjudican a alguien? No, lo que sucede es que existen intereses para ocultar la verdad a la gente de Occidente.
S.: ¿Y cuáles son las características de esa literatura soviética actual? ¿Recoge acaso las tradiciones de Tolstoi, Dostoievski y los demás clásicos?
E.I.: La literatura soviética es la literatura de las literaturas. Está compuesta por 96 literaturas diferentes de varios pueblos. Tenemos una literatura de todos los géneros, desde la novela, hasta el ensayo, del cuento y la fábula a los versos. Hay una literatura del pasado, en el cual pueden inspirarse nuestros escritores, tanto como en la realidad del presente. Puede decirse que no hay un sólo tema, un sólo matiz de los sentimientos, una sola preocupación humana que no esté presente en las obras de nuestros escritores. La literatura de vanguardia recoge hoy toda la tradición y se apoya en los grandes escritores como las grandes vertientes y los grandes ejemplos. Tolstoi, por ejemplo, no está junto a nosotros, sino dentro de nosotros. Pero también se apoya esta literatura actual en los clásicos universales. No sé si eso sucede en otras literaturas ni tampoco cómo se efectúa ese proceso. No me refiero sólo a los escritores, sino también a los lectores. No sé si existe otro país donde el lector sepa tanto de literatura mundial como en la URSS. Para citar sólo un ejemplo, debo recordar que nuestra revista Literatura Extranjera tiene un tiraje de 700 mil ejemplares. Tenemos también una gran literatura de la guerra patria con valiosos representantes como el poeta Alexander Tvardovski y los prosistas Bondarev, Baclanov, Alexeev y Astuviev, y una literatura actual con prosistas como Valentin Rasputín, Vasili Belov, Nodar Dumbadze o Chinguiz Aitmatov y con poetas como Rasul Gamzatov y Evgeni Evtushenko.
S.: Pero, ¿ esa literatura actual si es crítica de la sociedad, de los problemas de la burocracia, de los conflictos humanos, del amor, o es simplemente una literatura normativa?
E.I.: Si se tratara de una literatura normativa, nuestra literatura no sería querida por el pueblo. Y sucede todo lo contrario, ya que esa literatura actual está en todas las casas y es una literatura del corazón del pueblo. Es activa, como la vida misma: se alegra cuando el corazón está alegre y se entristece cuanto está triste. Nuestra literatura se ocupa de todo, desde la flor hasta el cemento armado, desde la construcción de un gran ferrocarril hasta el florecimiento de un jardín de cerezos. La literatura es la segunda realidad, hecha palabra. Y la literatura soviética es la segunda realidad de la URSS en la palabra. Por eso lo abarca todo en la crítica, en los sentimientos.
S.: Bueno, pero si abarca todo, ¿cómo explicar el fenómeno de los disidentes?
E.I.: Creo que los disidentes son personas que una vez se enamoraron demasiado de sí mismos. Su capacidad de escribir suele ser muy poca. Sus ambiciones están puestas por encima del interés de las demás personas. Es decir, del pueblo. Y el rasgo más negativo de los disidentes es, sin duda, su altanería que provoca en ellos una visión superficial y un enojo, como reacción a la poca atención que los demás les dedican. Son egoístas.
S.: ¿Pero ese egoísmo no cabe también como una realidad dentro de esa literatura que todo lo abarca? ¿No es también acaso un rasgo humano?
E.I.: Hay varios tipos de egoísmo. En el caso de los disidentes, el egoísta se excluye a sí mismo de la sociedad que, a su vez, no deplora que aquél se haya excluido de ella. Después de excluirse, deciden vengarse de la sociedad y aparece la traición que los caracteriza cuando van al extranjero y se olvidan de la patria y hasta de su propia madre. Ruegan entonces al imperialismo que bombardee la tierra donde nacieron. Ese es el resultado del egoísmo cuando no comprende y no quiere escuchar.

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