La sublevación de policías bolivianos contra su jefe, el presidente Evo Morales, conmocionó al país. La toma violenta de dos cuarteles cercanos al palacio presidencial muy rápidamente se extendió a nueve departamentos en donde los amotinados reclamaban que el gobierno los tenía aguantando hambre. Los medios bolivianos informaron que en Santa Cruz, Cochabamba, Oruro, Sucre y Tarija los uniformados no salieron a patrullar y dejaron las ciudades desprotegidas. En las protestas solamente participan agentes de baja graduación que piden un salario mínimo de 2.000 bolivianos (300 dólares). El caos llegó a tal punto que Morales, que estaba en Brasil para de la Cumbre Río+20, tuvo que anticipar su regreso a Bolivia para enfrentar una crisis que, al cierre de esta edición, aún no había terminado.