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| 9/3/1990 12:00:00 AM

SERGIO RAMIREZ

"Si hubiéramos querido, hubiéramos tumbado a Violeta"

Sergio Ramírez, vicepresidente de Nicaragua durante el último período de Daniel Ortega, estuvo la semana pasada en Bogotá, invitado por RTI para firmar el contrato para la producción televisiva de su novela "Castigo divino". SEMANA lo entrevistó para indagar por sus nuevas actividades, y el destino del sandinismo en Nicaragua.

SEMANA: ¿Cuál es el motivo de su visita?
SERCIO RAMIREZ: Estoy invitado por la RTI para firmar los acuerdos definitivos para la producción de mi novela "Castigo divino",en una serie de Tv de 10 capítulos que van a comenzar a emitir a partir del 10 de octubre.

S: Hablemos de la novela..
SR: Se trata de mi tercera novela, que se publicó en 1988, en Argentina y en México, y que va a lanzarse en Colombia en el mes de septiembre, por la Editorial Grijalbo. Relata un hecho judicial ocurrido en los años 30 en Nicaragua, una serie de asesinatos por apuñalamiento que se produjeron en la ciudad de León y de los que fue acusado un personaje de origen guatemalteco que estudiaba derecho en la Universidad de León, Oliverio Castañeda. Está presente toda la trama judicial, pasional, policiva y social de la época. La producción de la serie de televisión será en 10 capítulos de domingo a domingo.
La dirección está a cargo de Jorge Alí Triana, y espero que resulte del agrado del público colombiano. A mediados de enero, serán los nicaraguenses quienes den su veredicto. Cerá la primera vez que vean mi obra en la pantalla.

S: ¿Eso quiere decir que su actividad política ha pasado a un segundo plano?
SR:No, yo sigo combinando mi trabajo político con mi trabajo literario. Ahora yo me desempeño como jefe de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional. Yo tenía la esperanza de que mi regreso a la literatura sería más de lleno. Sin embargo, la situación del país determina que mi participación en política se haya convertido en una especie de cadena perpetua. En Nicaragua vivimos una emergencia política, porque la misma transmisión democrática que nosotros posibilitamos a través de las elecciones, nos obliga a contribuir a crear estabilidad, frente a todas las dificultades económicas que repercuten socialmente, a los planes económicos del gobierno, que chocan contra los intereses de muchos sectores, y a la coalición que llevó al poder a la señora de Chamorro.

S: La sensación es que los sandinistas estaban totalmente convencidos de que iban a ganar.
SR: Es cierto. La derrota electoral fue para la mayoría de nosotros en el Frente Sandinista una gran sorpresa. Nosotros mismos no pudimos descubrir cuál era el sentimiento de buena parte del electorado respecto a la guerra, al reclutamiento para el servicio militar, al deterioro económico provocado por las hostilidades, todos esos factores que contribuyeron a formar una opinión que consideraba que el Frente Sandinista no podía asegurar lo que el pueblo más quería, que era la paz, el cese de la guerra, el cese de la hostilidad de Estados Unidos y el levantamiento del embargo.

S: Para muchos, los sandinistas se vieron obligados por la presión internacional a llevar a cabo las elecciones del año pasado...
SR: Esto se cae por su propio peso, dado que las elecciones de 1990 estaban fijadas cn la Constitución de 1985. Nosotros estábamos persuadidos de que si el adelanto de las elecciones ayudaba a legitimar la situación interna de Nicaragua, Estados Unidos tendría menos pretextos para seguir apoyando a ese ejército contrarrevolucionario.

S: Para muchos, ustedes no estaban preparados para asumir el papel de partido de oposición, y la derrota los tomó malparados. SR: Yo creo que a un partido como el Frente Sandinista, que no llegó al poder por medio de elecciones sino por medio de una insurrección popular, y que goberno para traer unas transformaciones profundas en las estructuras económicas y sociales del país, una derrota electoral no lo encuentra preparado para convertirse en un partido de oposición. Esto, en términos anímicos. Porque en terminos políticos nosotros nunca estuvimos persuadidos de que estábamos ungidos por el pueblo como partido único, aun antes de que comenzaran a derrumbarse todos esos sistemas de partido único en Europa del Este.

S: Pero muchas de las medidas adoptadas por el sandinismo, algunas conquistas sociales, parecen más bien las de un partido que se considera ungido, y por ello enfrentan su posible derogación.
SR: Todo ello hay que verlo en su justa proporción. Un partido revolucionario que produjo violencia en la estructura social y económica del país haciendo cambios profundos, y a la vez consolidando un sistema democrático, se encaminaba necesariamente a una contradicción. Pero nosotros hemos probado que tuvimos la fortaleza suficiente para quedar vigentes dentro de este sistema democrático con un partido que tiene todas las posibilidades de regresar al poder por la misma vía electoral. Me parece que ese es el gran aporte de la revolución sandinista a America Latina.

Nosotros perdimos las elecciones con el 4 1% de los votos, que en algunas regiones llegó al 45%. Cierto que hay conquistas que un gobierno de derecha puede poner en riesgo, claro. Pero ahí está presente la correlación real de fuerzas en la sociedad. Si este porcentaje que nos acompañó con el voto es el sector más consciente de la sociedad, el mejor organizado, puede pelear mejor por sus derechos, y el voto de la UNO fue un voto circunstancial, que no se hace presente en las calles, quiere decir que la correlación social puede trabajar para defender esas conquistas.

S: ¿Esa correlación se puso a prueba en la reciente huelga general?
SR: Yo creo que en cierto sentido sí. Lo que pasa es que la huelga perseguía objetivos muy diversos y muy disímiles. Esa no fue una huelga montada por el Frente Sandinista si no por los sindicatos. Nosotros nos metimos después más bien a moderar los cfectos políticos de esta huelga y buscarle una salida negociada. Pero, el gobierno lo que había hecho era proponerse una serie de alteraciones de esa correlación social, por ejemplo, la devolución de tierras a los antiguos propietarios, y chocó contra ella, lo que requirió que llegáramos a una negociación.

S: Entonces la huelga sí tenía motivación política.
SR: La huelga tomó rasgos políticos en detemminado momento, porque era inevitable que los tomara. Pero si hubiera sido política, el gobierno se cae. Si nosotros hubiéramos querido, hubiéramos empujado a que la situación de caos se prolongara por 10 ó 15 días más, sin agua potable, ni electricidad, con las calles cerradas, los aeropuertos. Así no hay gobierno que resista. Y esa fue la situación que nosotros nos dedicamos más bien a demostrar, para que la huelga tuviera una salida de negociación.

S: Pero si ese voto de la UNO, como usted dice, no sale a la calle, ¿quiénes eran los civiles armados que salieron a la calle a defender al gobierno?
SR: La gente armada que salió, no lo hizo en nombre de la señora de Chamorro, sino del grupo que apoya al vicepresidente Virgilio Godoy, que acusa a la señora de Chamorro de blandenguería frente al Frente Sandinista. Ellos salían allí a imponer una posición de fuerza. Y ese era el peligro que había de una confrontación armada, no con el gobierno, que tiene a su lado a las Fuerzas Armadas, que asumieron una posición de mediadores.

S: ¿ Y qué tanto peligro real existe de una confrontación de esa naturaleza?
SR: Yo no quiero ser agorero, pero el problema es que el grupo radical que está detrás de Godoy, no quiere reconocer que la estabilidad del país pasa precisamente por una convergencia entre el Frente Sandinista y el gobierno de la señora de Chamorro, en medio de la cual está colocada la fuerza armada de manera institucional. Esto es lo que le va a dar al país en estos años críticos la posibilidad de estabilizarse. Pero los radicales de Godoy creen que la estabilidad del país va a conseguirse cuando el último sandinista desaparezca, ya sea por muerte o por exilio, lo que desconoce la realidad de esa correlacian de fuerzas. Pero yo estoy persuadido de que la inmensa mayorra del país no quiere esa salida violenta. El recuerdo de la guerra es triste para todo el mundo.

S: Pasando a otro tema, una de las críticas que se hacen a los funcionarios del sandinismo es que se quedaron con las mansiones de algunos viejos miembros de la burguesía somocista, y que ahora que están por fuera del gobierno no quieren devolverlas. ¿Cómo es eso?
SR: Cuando nosotros dejamos el gobierno, efectivamente dimos una leyenda asamblea nacional, que entregaba en propiedad, mediante compras hechas al sistema financiero nacional, a crédito, las casas donde los funcionarios del gobierno vivieron a lo largo de los últimos años. Esto lo vimos perfectamente normal, desde luego que demostraba que ninguno de los funcionarios sandinistas después de 10 años se había enriquecido en el poder.

Muchas de estas casas pertenecían a antiguos funcionarios del régimen somocista y fueron confiscadas por la revolución, para pasar a ser propiedad del Estado. Ahora el gobierno nuevo ha dado leyes que le pemmiten a esa gente volver a reclamar no sólo sus casas sino todas sus propiedades. Y ese decreto está pendiente de ejecución: devolución de fincas, fábricas, viviendas, etcétera. Ese va a ser otro gran debate nacional, a la hora en que los antiguos funcionarios del régimen somocista o de la Guardia Nacional vengan de los Estados Unidos o de donde van a reclamar, como ya lo están haciendo, sus cosas, sus negocios, sus intereses, vamos a ver si el gobierno se atreve o no a abrir este debate al devolverle a esta gente marcada ya como miembros del régimen somocista. No sería muy sensato. Se crearía una enorme oposición en el país. Pero apesar de que hay mas de 2 mil solicitudes, nosotros estamos demandando el decreto ante la Corte Suprema.







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