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| 2/17/1986 12:00:00 AM

"SIN CENSURA HAY UNA BELLA REDISTRIBUCION DE LA VIDA"

OSVALDO SORIANO

"SIN CENSURA HAY UNA BELLA REDISTRIBUCION DE LA VIDA" "SIN CENSURA HAY UNA BELLA REDISTRIBUCION DE LA VIDA"
Escribe libros como si fueran filmes. Su literatura es autoirónica, feroz, ligera, fulminante y hasta política. Las tortas que se tiran a la cara los personajes de sus cuentos tienen más efecto que cualquier bomba. Se trata del escritor argentino Osvaldo Soriano, 41 años, nacido en Mar del Plata, ex futbolista, ex periodista deportivo, escritor de cine y novelas, profundo admirador de Raymond Chandler y la novela policíaca norteamericana de los años 30 y 40; una gran pasión por el Gordo y el Flaco y por Marlowe (el detective escéptico y genial), y una debilidad instintiva por los perdedores. Sus 3 libros ("Triste solitario y final", "No más penas ni olvido ", "Cuarteles de invierno ", editados por Bruguera recientemente, que se pueden conseguir en Colombia) son tan amenos y poco pesados que se podrían leer en pocas horas, no obstante los 10 años de trabajo que les dedicó cuando vivía en Bruselas y París en exilio. Ahora, desde que la democracia se reinstauró vive en su vieja Buenos Aires, a pesar de no ser un "porteño" de verdad, de esos que como decía Borges "son italianos que se sienten ingleses y hablan español". Su regreso coincidió con la publicación por primera vez en Argentina de su novela "No más penas ni olvido" la historia del enfrentamiento entre varias corrientes del peronismo en una ciudad de provincia -más de cien mil copias vendidas-, fue traducida a varios idiomas (francés, inglés, italiano, polaco), y llegó en pocos meses a convertirse en best seller nacional, además de servir como guión para la película que lleva el mismo título y que se proyectó el año pasado en Bogotá. De Soriano se puede decir que pertenece a la nueva generación de escritores de América Latina. Esa generación que en la política ha vivido desde las pasiones y las ilusiones de la Revolución Cubana hasta los desengaños de la democracia.
SEMANA: ¿Con la democracia y la elección de Alfonsín, cree que hay un florecer de la cultura argentina?
OSVALDO SORIANO: Yo diría que sin censura ni represión ideológica ha habido una redistribución bellísima de la vida. Hay músicos y orquestas en los parques, calle Florida está invadida de vendedores de artesanías, hay, en fin, vida. Hace poco la Policía los botó y el Ministerio del Interior dijo que no había que botarlos, que hay que acostumbrarse a convivir con los músicos. A mí me emocionó que un tipo diga que "sí se puede" porque toda la vida me han dicho que "no se puede". Eso es poco o mucho, pero en la superficie se nota un florecimiento de la cultura. Lo que no sé es si en lo profundo hay un renacer cultural, porque eso no depende del gobierno, ni de ningún gobierno, depende de las transformaciones profundas de la sociedad. Creo que, por ejemplo, en Nicaragua hay ese florecimiento porque hubo una transformación profunda, se sacudieron los andamiajes de la sociedad y es posible que eso produzca una cultura nueva: buena, mala o regular, no lo sé, pero de todos modos distinta.
S.: Usted estuvo muchos años en exilio y su novela apareció en Argentina cuando regresó del mismo. ¿Esa cultura del exilio ha producido algo?
O.S.: Lo que ahora se produce en Argentina con cierto éxito son novelas escritas en el exilio. Yo con esto no quiero reabrir heridas entre los que se fueron y los que se quedaron, que es un problema que sigue estando ahí tapado, existe una especie de pacto de no agresión, pero el tema no ha sido debatido con profundidad. Con la gente de teatro es con los únicos que nos podemos mirar de frente a la cara sin rencores ni odios, porque fueron los únicos que respondieron a la dictadura con una resistencia activa. El teatro en 1981 creó el frente del teatro abierto, les quemaron sus sedes, pero siguieron adelante fundando nuevos teatros. Yo creo que con ellos no existe ninguna barrera que nos separe porque ellos tienen la conciencia absolutamente limpia. El problema es con los que no resistían y no sólo no resistían sino convivieron con el régimen. Entre esos y los que volvimos hay siempre una cierta desconfianza. Yo creo que no hay distancia entre los que se fueron y los que se quedaron, creo más bien que la línea pasa entre los que resistieron e hicieron algo y los que no hicieron nada o fueron cómplices.
S.: Y las madres de Plaza de Mayo, ¿qué significan en este momento para ustedes?
O.S.: Ellas son la quintaesencia de los que se quedaron. Son las que apuntan con los dedos a los cómplices de la dictadura. A mi juicio es el único hecho escrito que pasará a la historia como representación de la dignidad humana. Lo que pasa ahora es que han entrado en contradicción el gobierno democrático y las madres en cuanto a metodología y objetivos para encarar la cuestión de la culpabilidad de los argentinos. Las madres son las primeras en señalar las complicidades y en pedir castigo para todos los militares; además piden también que la sociedad civil se depure. Ellas no dicen que fue un grupo de militares que vino y tomó el poder, dicen que los responsables son muchos militares y civiles y los señalan. Por eso son la mala conciencia del cómplice y la lógica que manejan lleva claramente al castigo. Esta política tiene serios inconvenientes porque es fácilmente contestable. ¿Cuáles eran las órdenes? Las órdenes eran las de desaparecer y torturar personas. Aun si éstas eran las órdenes, los códigos militares obligan a los subalternos a negarse a cumplir una orden que les parezca fuera de lugar. Y si la orden era torturar, ¿qué significa excederse? ¿En vez de picana eléctrica aplicar submarino? ¿Por dónde pasa la línea del exceso si ya ordenaste la tortura? El gobierno ha pensado entonces que en la situación actual del país no era posible juzgar al conjunto de las Fuerzas Armadas. Para juzgarlas habria que haberlas derrotado no sólo politicamente sino militarmente, haberlas reemplazado por otras y luego poderlas juzgar. Alfonsin se apoya en el pragmatismo, en lo que cree posible siendo realista. Lo doloroso de eso es que ha habido una ruptura entre ambas partes y exabruptos de ambos lados, aun cuando las madres sostienen -y lo han probado- que son las primeras en defender la democracia y a Alfonsin a costo de sus vidas. Un golpe, estoy convencido, debería pasar primero sobre el cadáver de las madres de la Plaza de Mayo.

Kelly Velásquez

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