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| 1/19/2008 12:00:00 AM

Un estratega obsesivo

Robert James Fischer, quien murió el viernes de la semana pasada, a los 64 años, no sólo fue el único campeón mundial de ajedrez que ha tenido Estados Unidos, sino que ganó notoriedad por sus excentricidades y su paranoia. En 1972 obtuvo el título en el “Encuentro del siglo” en Reykiavik (Islandia) contra el ruso Boris Spassky, en el momento más álgido de la Guerra Fría. En esa partida se levantó varias veces de su silla, pues pensaba que estaba siendo objeto de un ataque químico de la KGB. Al morir era ciudadano de Islandia, en donde se había nacionalizado. Odiaba tanto a su país, que después del ataque del 11 de septiembre de 2001 dijo a la prensa: “Son noticias maravillosas. Es hora de terminar con Estados Unidos”. Fischer aprendió a mover las fichas a los 6 años leyendo las instrucciones. A los 15 años alcanzó el título de Gran Maestro y se convirtió en el niño prodigio del ajedrez estadounidense. Desde ese momento comenzó a recorrer los tableros del mundo y a exigir extravagancias que le dieron renombre: pedía cambios de las normas , exigía silencio total del público, nada de fotografías ni cámaras de televisión y premios fuera de lo común. No le faltaron problemas con la ley: fue sospechoso del robo de un banco en 1981 en Estados Unidos, por lo que estuvo en la cárcel. Y en 1991 desobedeció una norma de su país que le prohibía jugar en Yugoslavia, y se expuso a una condena de 10 años de cárcel. Se convirtió en fugitivo y vivió en Filipinas y Japón. En este país volvió a la cárcel en 2005 por problemas con su pasaporte. El gobierno de Estados Unidos pidió que lo deportaran, pero él logró que Islandia le diera asilo político. Pese a los problemas mentales que sufrió desde niño, Bobby Fischer pasó a la historia como uno de los grandes del ajedrez.
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