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| 6/15/2013 12:00:00 AM

Un hombre nefasto

Se presentaba como un demócrata. Aparecía de saco y corbata y hablaba con tono suave sobre reformas, economía y bienestar.

Se presentaba como un demócrata. Aparecía de saco y corbata y hablaba con tono suave sobre reformas, economía y bienestar. Hace 30 años, Augusto Pinochet daba la apariencia de ser una persona distinta de aquel militar que en 1973 derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende.

Esa fue la impresión que dejó el entonces presidente de Chile, cuando SEMANA lo entrevistó en junio de 1983. En la conversación, sus lemas fueron la democracia, el compromiso con el progreso social y la justicia, pero sobre todo la idea de que él había salvado a su país de una dictadura comunista al estilo cubano.

 Todas las críticas parecían resbalarle, especialmente aquellas que tenían que ver con la persecución de sus opositores. Se defendía arguyendo que la fuerza era necesaria para la paz social y el orden público. En esos días, posiblemente no se imaginaba el destino que le esperaba. Hoy su apellido es un sinónimo de dictadura, de violencia y represión y, sobre todo, de impunidad. Estuvo 17 años al frente de un gobierno militar. Y si bien muchos le reconocen haber modernizado la economía y el Estado chileno, su legado es nefasto. Murió en 2006, a los 91 años, sin pagar por sus crímenes. 
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