20 julio 2013

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“A mí me gustan las cosas buenas”

ENTREVISTAHernando Fajid, párroco de un cementerio en Santa Marta, decidió seguir el voto de humildad del papa Francisco y vender su lujoso carro. SEMANA habló con él.

“A mí me gustan las cosas buenas”.

Foto: Édgar Fuentes

SEMANA: Algunos dicen que sigue conduciendo su Mercedes Benz, ¿es verdad? 

HERNADO FAJID: Sí. Lo haré hasta que lo venda. Me han hecho ofertas irrisibles, porque piensan que es por necesidad. Quien lo quiera debe ofre
cer el valor del mercado. 

SEMANA: ¿Por qué vende el carro?

H. F.: Como sacerdote debo ser obediente al papa. Quiero estar en sintonía con la Iglesia. 

SEMANA: ¿Qué hace un cura con un carro de 120 millones de pesos?

H. F.: A mí me gustan las cosas buenas. Tengo mi conciencia limpia. Nadie puede decir que es producto de los recursos de la Iglesia porque lo compré con dinero familiar. 

SEMANA: ¿Por qué se quedó con el carro?

H. F.: Fue un regalo de mis hermanos, no lo puedo despreciar.

SEMANA: Muchos consideran que lo que hacen el papa y usted es puro maquillaje…

H. F.: Mi compromiso es con la Iglesia. No presto atención a las habladurías. En la Biblia se habla de las dos caravanas que caminaban con Jesús. Una lo seguía y la otra lo criticaba. Mi consejo para la gente es que nunca pertenezca a la segunda caravana. 

SEMANA: ¿Le parece justo que critiquen a la Iglesia por sus comodidades?

H. F.: Muchos piensan que las parroquias producen dinero, pero a veces no dan ni siquiera para el propio sustento. Yo he estado en iglesias muy pobres. 

SEMANA: Usted viene de una familia acomodada. ¿Por qué se volvió sacerdote?

H. F.: Yo habría podido estudiar cualquier cosa en cualquier lugar, pero no pude evitar el llamado del Señor.

SEMANA: Aparte del tema del carro, ¿en qué otro aspecto lo ha sensibilizado el sumo pontífice?

H. F.: Lo mío viene de antes. Cuando llegué a la parroquia, yo tenía dos caminos. O seguía con el desorden que encontré y me llenaba de plata, o lo acababa y me llenaba de enemigos. Opté por el segundo y hoy reinvierto los recursos en la capilla, que tiene cámaras conectadas a internet para que un familiar pueda presenciar una ceremonia a larga distancia.

SEMANA: Usted recuperó el cementerio de San Miguel. ¿También eso le trajo enemigos?

H. F: Esto era un antro. Hoy los estudiantes de Medicina ya no se llevan los huesos, ya no hay expendios de drogas y acabé con las fechorías de los homosexuales, a quienes muchas veces las familias y sus niños veían por sorpresa. Hoy es un lugar en completo orden gracias a mi mano dura. 
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