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| 9/7/2013 1:00:00 AM

“El conocimiento es felicidad”

Mario Mendoza es el escritor más leído por los jóvenes y, a la vez, uno de los más vapuleados por la crítica. La semana pasada lanzó su nueva novela Lady Masacre. SEMANA habló con él.

SEMANA: Sus obras tienen un encanto particular en el público joven. ¿Usted lo quiso así?

MARIO MENDOZA: Nunca le aposté a un público en particular y mucho menos a una recepción amplia. Estaba preparado para una resistencia marginal en contra del establecimiento, pero mi obra fue hallando a gente que también lucha. Ellos son mis lectores. Fue una sorpresa total.
 
SEMANA: Dos de sus libros de este año, Mi extraño viaje al mundo de Shambalá y La Colonia de Altair, son novelas juveniles. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

M.M.: Quería lectores de siete en adelante y enseñarles que la biblioteca puede ser un universo maravilloso y que el conocimiento también es felicidad. En Colombia 40.000 pesos siguen siendo mucho dinero para un libro, pero no para irse de fiesta. Para salir del subdesarrollo hay que pensar en la cultura y no solo en el PIB.
 
SEMANA: ¿Para su nueva novela, Lady Masacre, también pensó en los jóvenes?
 
M.M.: No pensé en un lector particular. Un escritor no puede estar pendiente del triunfo. El arte no arma en una mesa, sino que es algo que no te deja dormir. Es como estar poseído por universo que surge cuando lees las páginas.
 
SEMANA: Usted es muy popular entre los jóvenes, pero la crítica es dura con usted. ¿Cómo se lo explica?

M.M.: Muchos críticos vienen de la academia y ésta tiene un canon que defiende hasta el final. Los críticos son como sacerdotes y los escritores son místicos que en algún momento resultan incómodos. Entonces, tarde o temprano lo desprecian a uno. En otras palabras, la crítica es una policía intelectual. Y el escritor es un delincuente. Esto es un juego de policías y ladrones, y hay que aceptarlo.
 
SEMANA: ¿Nunca se ha esforzado por gustarles a los críticos?

M.M.: Eso me tiene sin cuidado. No pienso entrar al canon. Mi literatura es negra y policiaca y también literatura juvenil e infantil. Para ser Proust, Joyce o Borges no se puede hacer libros infantiles.
 
SEMANA: En su blog Pipe y Elvies, usted se mantiene en contacto con los jóvenes que le escriben. ¿Es tan importante la relación con el público?

M.M.: La clave está en el lector, pues él actualiza el libro. En otras palabras: mis libros no existen. Existen las personas que los leen y es fascinante estar cerca de ellos, saber quién deja de almorzar por comprar un libro mío, quién pasa horas con una novela mía y quien siente que le estoy diciendo algo de corazón a corazón. Firmando libros la semana pasada, me conmovió ver muchachos que venían del norte, del sur, de universidades públicas y de colegios privados. Venían del Transmilenio con sus skateboards para que les diera una firma.
 
SEMANA: ¿No teme que la admiración que le tienen pueda darle un halo mesiánico?

M.M.: Si empiezo a predicar como párroco de iglesia, sí. Lo único que soy, sin embargo, es una suma de confusiones y miedos. De alguna manera, yo me siento tan solo como quienes me admiran. Esa confusión y el coraje de resistir es lo que nos emparenta.
 
SEMANA: En el mundo hay una generación de jóvenes indignados que cada vez temen menos alzar una voz de protesta. ¿Su literatura puede ser un referente para la indignación juvenil en Colombia?

M.M.: Me encantaría. Si es para una indignación justa, que reivindique derechos perdidos, que haga una oposición democrática a ciertos vicios y delitos que comete el sistema, me sentiría muy orgulloso y honrado.

SEMANA: Usted fue columnista de El Tiempo y se dedicó al periodismo. ¿Piensa que el escritor como el periodista, tiene un compromiso político?

M.M.: Yo, en particular, sí siento un compromiso político, pero esto es una democracia y hay que respetar que todos somos diferentes. El lío es cuando se les dice a los demás lo que deben hacer… como lo hace el crítico: yo tengo un concepto estético y usted como escritor no se corresponde a mi concepto, entonces usted está equivocado.

En el lanzamiento de mi novela les preguntaba a muchos muchachos qué hacen y me respondieron que se retiraron de la universidad porque no tienen cómo pagar. Muchos están buscando empleo, están chupando asfalto, a mí me conmueven cosas como esas, pero respeto mucho a quienes no sienten de la misma manera. 
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