Viernes, 29 de agosto de 2014

“La vida sin vicio es bonita”

| 2013/08/17 01:00

“La vida sin vicio es bonita”

Álvaro Prada es uno de los cuatro nuevos representantes de los habitantes de la calle de Bogotá ante el Distrito. Exige más atención, pero a la vez anima a los suyos a reintegrarse. SEMANA habló con él.

SEMANA: ¿Cuántos habitantes de la calle hay en Bogotá?


ÁLVARO PRADA: Mal contados, más de 20.000.


SEMANA: Según el Distrito, hay 9.614. ¿Qué pasa con las cifras?


A.P.: En Bogotá hay muchas más personas en condición de vulnerabilidad: niños, muchachos, ancianos, sordos, ciegos, discapacitados…


SEMANA: ¿A cuántos representa?


A.P.: Difícil decirlo. Por mi centro de acogida pasan diariamente 600 personas. Allí elegimos a un dignatario el 5 de agosto. Nos dimos cuenta de que la sociedad abrió una puerta para dialogar sobre nuestro futuro. Yo garantizo que funcionen como grupo.


SEMANA: ¿Y por qué se lanzó?


A.P.: Es triste ver a un viejito tirado en un cartón durante un aguacero. Cuando era niño, le preguntaba a mi papá por qué pasaba eso. Él me decía que por no tomarse la sopa. Con el tiempo entendí que hay personas que cometen disparates y pagan con la calle. Quería hacer algo por ellos. No todos votaron, pero sí una gran mayoría. Algunos pensaban: para qué si por mí no van a hacer nada, si los políticos van a seguir robando… Pero vamos a probar lo contrario. 


SEMANA: ¿Cuál es su meta?


A.P.: Sacar adelante a los viejos, los enfermos y los discapacitados. Quiero que los recicladores que viven en la calle tengan un carnet y puedan vender su producto. Y me gustaría que esta iniciativa de los representantes se extendiera a todo el país. 


SEMANA: ¿Qué exige?


A.P.: Oportunidades. Tratamiento psicológico, terapias donde nos enseñen lo bonita que es la vida sin vicio. Faltan prótesis dentales, pues hay muchos desdentados como yo sin recursos. Hay personas con fracturas serias, con párkinson, alzhéimer… Y faltan centros de acogida. ¡Solo hay tres! Así se podrá ayudar al menos a 10.000 personas.


SEMANA: ¿Son ciertas las denuncias sobre comida podrida y baños sucios en los centros?


A.P.: El aseo es una cuestión relativa. Un habitante de la calle sin educación puede dejar un baño en el estado más lamentable. En cuanto a la comida, no todos los días comemos pavo, pero sí comemos rico. Yo aprendí a ser buen pobre, pero mucha gente se queja si el arroz está mazacotudo. No ganamos nada buscando problemas en la mano que nos ayuda.


SEMANA: ¿Qué le ofrecen a la sociedad?


A.P.: Tenemos una asociación y la idea es brindar mano de obra al Distrito y al sector privado. Queremos ser gratos. La sociedad nos dio la mano y queremos devolvérselo.


SEMANA: Usted estudió Antropología cuatro semestres en la Universidad Nacional. ¿Qué le pasó?


A.P.: Afortunadamente logré una beca y me fui a la Nacional. Me gusta la Antropología porque es el estudio de la conducta del hombre y de lo qué ha hecho con su vida, de cómo alguien dirige y cambia el rumbo de una sociedad. Pero yo era muy reaccionario y una vez fui detenido en una manifestación. Me cancelaron la matrícula y se nos condenó a no volver. Quise hacerlo y me dieron una beca en la Universidad Libre, donde hice un año de Derecho. Pero al final la vida sentimental me dio un vuelco y dejé el estudio. Terminé en la calle.


SEMANA: ¿Hay muchos con una historia parecida a la suya?


A.P.: Sí. Los encuentro a diario. La razón más común tiene que ver con el despecho, el desmoronamiento moral o el abandono familiar. Pero también hay quienes se aburrieron de tenerlo todo, quisieron probar la calle y se amañaron. También hay niñas que fueron violadas y solo encontraron consuelo en la droga o la prostitución desde muy temprana edad. Cuando un ser humano coge un costal y se lo echa al hombro, pierde porque se amaña y las otras opciones le dejan de importar. Lamentablemente, nos dejamos ganar.


SEMANA: ¿Cómo ve la recuperación del Bronx?


A.P.: Se seguirá extendiendo, pues ahí vivían jóvenes que tendrán hijos. Espantarlos hizo que se regaran por toda la ciudad. Y las pandillas juveniles y el microtráfico aumentaron. Además, el jíbaro no va a dejar de ganar plata y el vicioso no va a dejar de consumir. Y la solución no está, por ejemplo, en legalizar la droga, sino en enseñar a consumirla para que no lleguen a un grado de miseria. Además, deben sacar ese consumo de la ciudad y ponerlo en un sitio lejano donde no dañe a otros.


SEMANA: ¿Qué impresión le causan las diferencias sociales que encierra la capital? 


A.P.: Muchos piensan que son mejores por tener un carro y ropa para estrenar. Esa vanidad da rabia. Es orgullo falso. El orgullo debería ser servir a los demás.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×