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| 4/1/2006 12:00:00 AM

“Lloro como una niña chiquita”

Fanny Mikey le cuenta a SEMANA sus sensaciones en el arranque de la décima edición del Festival Iberoamericano de Teatro.

SEMANA: ¿Por estos días el corazón le late a 150 pulsaciones por minuto?

FANNY MIKEY: Es posible que mi frecuencia cardíaca sea mayor. El arranque de este acontecimiento es vértigo puro, por unas semanas todas las miradas del país están sobre nosotros y eso encierra una responsabilidad enorme.

SEMANA: Son 10 los festivales realizados por usted ¿suficiente experiencia para tranquilizarla?

F.M.: Al contrario. Hace casi 20 años tomaba las cosas más deportivamente, pues se trataba de hacer realidad un sueño, ahora se trata de cumplir una empresa en la que hay participación de 40 países.

SEMANA: Lo que hace de usted una gran empresaria. ¿Se siente cómoda con ese calificativo?

F.M.: En realidad me gusta más el de ‘una actriz profesional que siempre tiene bien puestos los pies sobre la tierra’.

SEMANA: De cualquier manera se necesita algo de locura para embarcarse en la realización del Festival Iberoamericano.

F.M.: Naturalmente. Lo que ocurre en mi caso es que soy una loca muy sensata. Esto es una locura manejada con equilibrio.

SEMANA: Diez festivales. ¿Usted cree que esta fiesta alcanzó la cúspide?

F.M.: En teatro y en el arte nunca se llega a la cúspide. Se alcanza la madurez, que es la etapa que estamos viviendo.

SEMANA: Y, ¿cuál es su balance?

F.M.: De orgullo, pero no lo digo sólo por mí o el equipo o los actores o los técnicos. Lo digo por el público. En el primer festival, en 1988, nos pusieron una bomba en el Teatro Nacional y a las pocas horas había casi 100.000 personas viendo un espectáculo en la Plaza de Bolívar. El público del festival merece todos los aplausos.

SEMANA: A propósito de público ¿qué siente usted cuando, por ejemplo, llega a una sala y ve la fila de personas a la entrada?

F.M.: Me pasa siempre. Yo voy de sala en sala. Trato de estar en todas las funciones aunque sea un minuto para ayudar por si se necesita algo. Aunque es difícil porque en este caso habrá 600 funciones. Pero yo llego y miro la fila a través de la ventanilla del carro y me pongo a llorar. Lloro como una niña chiquita.
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