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| 6/29/2013 12:00:00 AM

“Me han llamado bruja”

Xiomara Rodríguez es un personaje muy particular. Se gana la vida comunicándose con animales, supuestamente mediante la telepatía. SEMANA la acompañó durante una consulta.

SEMANA: ¿Usted habla con animales?

XIOMARA RODRÍGUEZ: Sí, es telepático. Yo los oigo y hablamos. Tienen voces diferentes y se expresan distinto. Hay unos más espirituales… hasta dan consejos.

SEMANA: ¡¿Qué… qué?!

X. R.: Funciona así. Yo llego, me conecto con el animal y empezamos a hablar. Si me lo permiten, les puedo hacer sanaciones con un péndulo de cuarzo. También hago terapias con esencias florales.

SEMANA: Explíquese: ¿Concretamente cómo le hablan los animales?

X. R.: En nuestro lenguaje. Unos dicen: “Este es mi amigo”. Otros saben qué significan papá y mamá. Mi gata le dice a mi hijo “mi papá chiquito”.

SEMANA: ¿Cómo es su día a día? ¿Va por la calle y los animales le hablan?

X. R.: Si quisiera, podría oír a todos. Al principio lo hacía. Oía a los perros callejeros y a los caballos de las zorras. Pero un día me di cuenta que no podía hacer nada por ellos.

SEMANA: ¿Cuánto cuesta una consulta?

X. R.: Entre 100.000 y 200.000 pesos, dependiendo de si es en Bogotá o no.

SEMANA: ¿Cuándo oyó a un animal por primera vez?

X. R.: A los 23 años me volví consciente de mi capacidad. Recogía unos muebles, cuando el perro del lugar me dijo que lo ayudara que lo querían regalar porque perseguía bicicletas. Hablé con la dueña y ella me repitió eso al pie de la letra. Mi exesposo me decía que me dejara de maricadas. Abandoné los estudios de veterinaria, me divorcié y me fui del país. Ha sido difícil. Una vez, en la fila del TransMilenio, una paloma se puso en mi cabeza. La cogí, le hice una sanación y una señora me gritó: ¡bruja!

SEMANA: Cuente una revelación que le haya hecho un animal.

X. R.: Un rottweiler de una clienta me dijo: “Tengo cáncer, pero no le puedes decir a nadie”. Fuimos a un veterinario que dijo que no tenía nada. Seis meses después, el cáncer lo había invadido. Cuando la dueña me lo contó, lloré y le pedí perdón, pero le expliqué que los perros tienen un ciclo y que el suyo no quería que hicieran nada para modificarlo.

SEMANA: Hasta el Tribunal de Ética Veterinaria se ha burlado de usted. ¿Cómo espera que la gente le crea?

X. R.: Comencé para ayudar a los animales. Luego la gente empezó a llamarme. Hoy atiendo a ocho personas al día. Hasta el más incrédulo me cree cuando me ve. 
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