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| 9/15/2012 12:00:00 AM

"Seguiré investigando con mi vida"

La periodista mexicana Lydia Cacho llegó a Colombia a presentar su nuevo libro 'Esclavas del poder'. SEMANA habló con ella.

SEMANA: ¿Cómo surge Esclavas del Poder, su más reciente libro sobre trata sexual de mujeres y niñas en el mundo?
 
LYDIA CACHO: Después de haber escrito “Demonios del Edén” empecé a dar conferencias y charlas sobre la trata de personas, cómo funcionan las redes de protección, cómo educar a nuestros hijos al respecto. También escribí otro libro que se llama “Con mi hij@ no” que era todo un manual contra la trata y abuso de menores. A medida que se incrementó la famosa guerra contra el narcotráfico en México, la gente empezó a preguntar si los carteles estaban vinculados con la trata de las mujeres, empecé a investigar y yo misma tracé mi propio mapa de los lugares donde se documentaban estas prácticas y a partir de ahí busqué a las víctimas sobrevivientes. Así me fui dando cuenta que hay agencias de modelaje y empresas de turismo que saben lo que están haciendo y colaboran con las mafias traficando chicas.
 
SEMANA: ¿Cuál es el vínculo del narcotráfico con este negocio?
 
L.C: Hablé con narcos y ellos me aseguraban que les “arrendaban” estas rutas a los traficantes, hasta que decidieron vincularse directamente en el negocio. Cuando les preguntaba por qué lo hacían, me contestaban: “muy sencillo señorita, un kilo de cocaína lo vendo una vez, a una niña la puedo vender 100 veces” y esa respuesta fue la clave para seguir la investigación.
 
SEMANA: Lydia conoció muchos burdeles en diversos países y se introdujo en lo más profundo de ellos ¿cómo lo hizo?
 
L.C: Empecé a llamar amigos periodistas, corresponsales hombres que habían hecho investigaciones similares y les pedí fuentes y tips. Recuerdo que le pregunté a un amigo en Washington, ¿cómo hiciste para meterte en los burdeles de Camboya? Y me dijo: “Pues no más entré”. En ese momento dije, que estúpida, si él es hombre, es normal que entre. Yo siendo mujer era la que resultaba inmensamente sospechosa entrando a un burdel, las mujeres entran a los burdeles solo como prostitutas. Aquí comenzó el reto, un amigo de Hollywood  me convirtió en una prostituta, con tacones y pelucas tipo Lady Gaga para poder entrar a los burdeles.
 
SEMANA: Hasta el momento usted ha mencionado los casos de mujeres que son obligadas a trabajar sexualmente, ¿qué pasa con aquellas que no están siendo obligadas?
 
Implícitamente lo están, porque desde niñas lo han hecho y ya lo ven como “normal” o porque su sustento y el de sus familias dependen de ese trabajo. Cuando la gente me dice que ellas están ahí porque quieren, yo les digo: no. Están ahí porque no tuvieron oportunidades reales, no tuvieron opciones como las que tuvimos nosotros.
 
SEMANA: Con toda su experiencia, cómo definiría usted, ser mujer
 
L.C: Tenemos que ir más allá de la noción de “sin tetas no hay paraíso”, es mucho más que simplemente la apariencia, el cuerpo, las mujeres sí tienen derecho a la sexualidad, al goce, al amor, a una vida erótica sana y en igualdad. Sin embargo este concepto no solo hay que cambiarlo en las niñas, hay que diseñar programas con niños en los que les hablemos de nuevas masculinidades y en los que les dejemos claro que “un hombre no es un pene y un pene no es un hombre”.
 
SEMANA: ¿Cómo ve la situación de las mujeres en su país?
 
L.C: Es bastante complicada en este momento porque habíamos tenido avances muy importantes en términos de nuevas leyes contra la trata de personas y la violencia contra las mujeres, pero esta incesante  guerra contra las drogas implementada por Washington y Calderón ha generado un problema monumental, por lo mismo que sucedió en Colombia, la persecución de un solo capo de la droga genera la creación de otros 20 pequeños grupos de carteles o mini carteles, aquí empieza a generarse una normalización de la violencia y se genera mucha más compraventa de mujeres y niñas.
 
SEMANA: ¿Cuál es el punto más frágil para que la problemática de la trata de personas siga creciendo en Latinoamérica?
 
L.C: Los tratantes de personas están utilizando cierto tipo de industrias, particularmente la turística, restaurantes, bares y todos aquellos lugares en los que se recibe dinero en efectivo. Donde se pueda manipular este dinero o la contabilidad de los clientes en los hoteles; se puede lavar el dinero fácilmente. Tenemos que empezar a seguirle la pista a este dinero sucio, que nos llevará  a quienes manejan la compraventa de seres humanos.
 
SEMANA: ¿Qué  es lo que más le preocupa en el caso de las niñas?
 
L.C: La hipersexualización de las adolescentes y preadolescentes en Colombia. Los medios están colaborando consistentemente en la “cosificación” de las niñas, convirtiéndolas en objetos sexuales para los otros y a que ellas mismas consideren que lo más promisorio para ellas es hacerse novia de un hombre que hace dinero fácilmente  y que para llegar a ello tienen que convertirse en un objeto deseable para los hombres, perder una parte de su humanidad y de su dignidad como mujer.
 
SEMANA: ¿Abordar la trata de personas no ha sido fácil, cuándo empezó a ser perseguida y amenazada?
 
L.C: Empezó con fuerza luego de publicar mi libro "Los demonios del Edén, el poder que protege a la pornografía infantil", en el que puse al descubierto la explotación sexual de niños y la protección que recibía el negocio por parte de políticos y empresarios. En el libro mencioné la participación en esta red de Kamel Nacif Borge,  empresario textilero conocido como El Rey de la Mezclilla, quien me demandó por difamación. Las autoridades mexicanas me sacaron de mi casa en Cancún en un gigantesco operativo y lo que me salvó la vida fue una llamada del hoy embajador de México en Colombia, Florencio Salazar. Luego me llevaron a Puebla donde me tuvieron detenida, al final me dejaron en libertad porque se descubrió una grabación en la que  Borge le pedía a Mario Marín gobernador de Puebla que me encerraran.
 
SEMANA: ¿Existe alguna estrategia que le parezca valiosa en la lucha contra esta problemática?
 
L.C: Me parece que hay que poner la mirada en la ley que se aprobó en Suecia, hubo un gran debate sobre esta ley, en la que se criminaliza al cliente y aunque todavía no hay resultados inmensos como la gente espera rápidamente, si hay casos puntuales que nos demuestran que a las mujeres cuando se les dan las oportunidades, eligen una vida distinta en la que no se vincule la violencia hacia ellas y sus cuerpos.
 
SEMANA: ¿Qué la motiva a seguir adelante en su incansable batalla contra este delito?
 
L.C: Nuestros países se han rebelado contra la violencia de una manera muy importante, los movimientos estudiantiles han tenido efectos vitales y en este momento México ha tenido algunos logros. Cada vez que veo el video en que miles y miles de personas salieron a marchar con pancartas en contra del gobernador que me arrestó, contra los pederastas y demás, me emociono muchísimo porque en realidad fueron ellos los que han logrado avances importantes en las leyes contra la trata de personas. Salir a las calles genera grandes efectos en las sociedades así no lo veamos inmediatamente. En mi caso, el periodismo tiene la responsabilidad de hacer un seguimiento consecutivo a las historias.

SEMANA: ¿Si no hubiera sido víctima de violación, cree que podría haber continuado peleando con la misma intensidad?
 
L.C: Desde antes de ser víctima de la violación tenía años trabajando en lo mismo, soy feminista desde niña y he sido activista desde siempre, creo que ni a mi ni a ninguna mujer la violencia sexual nos define, sobrevivirlo es muy difícil, pero una vez lo haces, puedes tener una vida absolutamente normal.  Mi fuerza no radica en saber que sufrimos violencia sexual, sino en saber que podemos sobrevivirla y que todos podemos hacerlo.
 
SEMANA: Después de las recientes amenazas que recibió en México, ¿qué sigue para Lydia Cacho en la lucha contra la trata de personas?
 
L.C: En este momento estamos investigando quienes hicieron las amenazas y en cuanto tenga los datos certeros de quienes me amenazaron vamos a denunciarlo con mis abogados de “Artículo 19” en México. Yo voy a volver a mi país, no me van a sacar, no tienen por qué expulsarme, los criminales son ellos y no yo. Mientras tanto yo sigo trabajando, decidí que no iré a esconderme en un rincón. Estoy escribiendo dos libros y seguiré investigando, con mi vida.
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