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Goga: ¿Qué les dice a los que ya planean crucificar a Nairo este domingo?

SEMANA habló con la narradora mexicana Georgina Ruiz Sandoval, más conocida como Goga, sobre el triunfalismo del aficionado, los sacrificios del deportista y las emociones que la han llevado a ser hoy una de las figuras del periodismo deportivo nacional.

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SEMANA: ¿Qué les dice a quienes le dicen: Goga no grite tanto?

Georgina Ruíz Sandoval: Que no voy a cambiar. Que mi voz y mis emociones son la fuerza que conduce a la gente por las competencias. Y que son lo único que les permite establecer un vínculo con la disciplina y con el sacrificio de los deportistas. Es que esto es lo único que me importa a mí: que la gente los entienda y los respete. Digamos que yo solo soy una circunstancia.

SEMANA: ¿Cómo le va con sus colegas?

G.R.S.: Yo no puedo quedarme sentada y narro de pie. A veces incluso corro alrededor de la mesa. Los compañeros me miran asombrados, pero con el tiempo se han acostumbrado.

SEMANA: ¿Cómo maneja sus emociones ante el micrófono?

G.R.S.: El ciclismo es un carrusel, y eso es lo que más me enamora. Es una historia que cuentas sin saber qué va a pasar, y mientras tanto tienes que contagiar a la gente de esa magia.

SEMANA: ¿Nunca se ha sentido al límite?

G.R.S.: Aunque no lo crean, trato de ser bastante controlada. Pero, entonces, suceden cosas que me ponen muy emotiva. Por ejemplo, yo llevo 16 años narrando por televisión, pero solo me ha tocado narrar más cinco victorias de etapa de colombianos: deportistas que conozco, que me han abierto las puertas de sus casas y a quienes he visto felices y tristes. ¿No le parece normal que en ese momento yo estalle como un cohete?

SEMANA: ¿Imaginó algún que ser una figura en Colombia?

G.R.S.: Yo quería ser alguien en mi país. Pero tras años de narrar para un canal panregional era lógico tener un impacto en América Latina. Lo que nunca esperé fue una cabida tan grande en Colombia. Solo me di cuenta de ello hasta que llegué al país.

SEMANA: ¿Cómo terminó narrando ciclismo?

G.R.S.: Mi primer amor fue el fútbol americano. Pero cuando empecé a trabajar hace 26 años me enviaron a cubrir la Ruta México, una carrera muy buena que había en el país. Ahí me quedé enganchada.

SEMANA: ¿Había más mujeres en el oficio en México?

G.R.S.: Específicamente en el ciclismo había reporteras que por casualidad cubrían carreras, pero no estaban especializadas. Cuando me di cuenta de que había entrado a un oficio que las mujeres habían dejado de lado, me sentí desafiada. Me gustaba, lo entendía y me identificaba con él. Me propuse a hacerlo algo mío.

SEMANA: ¿Cuántos Tour de Francia ha cubierto?

G.R.S.: Este que estoy haciendo, Dios sea bendito, es el número 16. Al Tour llegué por primera vez por Raúl Alcalá, la estrella del ciclismo mexicano. Él fue mi enganche con el ciclismo en Europa, del cual no me volvía separar nunca.

SEMANA: ¿Cómo hace para no perder la curiosidad tras cubrir ciclismo por 26 años?

G.R.S.: En el ciclismo encuentra uno a la naturaleza humana, y esta nunca se agota. Hay tantos detalles que uno nunca se agota. Afortunadamente, Dios mío, el ciclismo no está contenido en una cancha de fútbol.

SEMANA: ¿Entonces nunca le jalaría al fútbol?

G.R.S.: Uy, no. Yo no tengo el gusano para eso. No sé cómo hacen los colegas que llevan 30 años narrando fútbol, donde lo único que cambia son las generaciones. La táctica no mucho.

SEMANA: ¿Qué es lo que más le gusta del aficionado colombiano?

G.R.S.: El compromiso. Me refiero, eso sí, al verdadero aficionado. Al que sabe de estrategia, al que entiende el sacrificio físico y las larguísimas ausencias que los deportistas viven en Europa para ser exitosos. Ese aficionado es devoto y agradecido.

SEMANA: ¿Y lo que menos le gusta?

G.R.S.: El éxito siempre atrae también a otro tipo de aficionados. En México los llamamos aficionados circunstanciales. Disfrutan el triunfo, pero apenas los ciclistas dejan de dar resultados (a pesar de seguir siendo exitosos) son los primeros que quieren crucificarlos. Yo diría que en toda América Latina somos muy resultadistas. Si no se gana es un fracaso.

SEMANA: Usted conoce muy bien a Nairo y Urán. ¿Los afecta cuando la gente los apalea?

G.R.S.: Los ciclistas están acostumbrados a la mala vida en el sentido de que no están casi nunca ni sanos, ni descansados, ni bien comidos. Además, están lejos de su familia y sufren. Recibir cariño por sus acciones es un bálsamo. Creo que con eso ya respondo la pregunta. Hoy les da especialmente duro el escrutinio inmediato y drástico de las redes sociales.

SEMANA: ¿Qué le diría al que ya se alista a darle palo a Nairo?

G.R.S.: Que ganar en el ciclismo es lo más extraordinario y raro que hay. Por más que te hayas preparado, si te caes y te rompes un hueso, no hay forma de reponerte. También hay tiempos difíciles y tiempos de maduración. En la historia poca gente que haya participado en el tour se ha subido al podio siquiera una vez en la vida. Nairo tiene 26 años, ha competido en tres Tour de Francia y en los tres va a terminar en el podio. Entonces, ¿a qué estamos jugando?

SEMANA: ¿Cómo ve, en general, a los colombianos?

G.R.S.: Lo que viven es extraordinario. Colombia hoy es segunda en el ranking mundial, y en el World Tour hay más colombianos que españoles, cuando hace 20 años, cuando estaban Lucho y Fabio, apenas eran un puñadito. Para mí es un agasajo vivir esta época.

SEMANA: Describa en una línea a Nairo.

G.R.S.: Es un perfeccionista. Sabe que solo así puede competir con los de más alto calibre.

SEMANA: A Urán.

G.R.S.: En México tenemos a un cantante llamado Rigo Tovar que tiene una canción que se llama Rigo es amor. Eso es Rigoberto Urán: sentimiento, empeño y valentía.

SEMANA: Esteban Chaves.

G.R.S.: Es para mí un misterio todavía. Proyecta mucha paz, pero siento que todavía está buscando sus virtudes tras el traspié grave que sufrió. Su proyección de ángel conquista fácilmente. Pero él quiere conquistar por su rendimiento.

SEMANA: Usted está casada y tiene a su familia en México. ¿Le gustan a su esposo tanto los deportes como a ustes?

G.R.S.: Sí. Tenemos la fortuna de ser ambos unos enfermos por los deportes. Tiene que imaginar un domingo nuestro. ¡Nos pegamos unas encerradas! Vamos a la sala, ponemos cinco televisores con todo lo que esté pasando y nos sentamos a ver y a comer.

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