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| 11/28/2008 12:00:00 AM

Abolengos de mentira

‘Nochebuena’, la última película de Camila Loboguerrero cuenta el derrumbe de una familia tras el desplome de Wall Street. Por Eduardo Arias.

Aunque el rodaje de Nochebuena se realizó los primeros meses del año, cualquiera diría que se hizo hace menos de un mes, a raíz de la debacle de las bolsas de valores del mundo.
 
Porque la nueva película de Camila Loboguerrero cuenta la historia del derrumbe de una familia en manos de un yuppi que maneja los ahorros de todos y al que se le derrumba su imperio de juguete por no vender a tiempo unas acciones. Le debe plata a todos. Desde el gobernador del departamento hasta la empleada de la hacienda colonial, donde su madre intenta llevar una vida de aristócrata de mentira a punta de centavear y pedirle plata prestada a una vecina.

Camila Loboguerrero y su hijo (también protagonista) decidieron contar esta tragedia con el código del humor. “A pesar de lo dramática que podía resultar esta historia, nunca dudé de que lo que quería hacer era una comedia. El interés primordial era combinar humor con drama para intensificar ambas emociones”, dijo Loboguerrero.
 
Para lograrlo se apoyaron en un elenco de actores con gran experiencia en la comedia: Conny Camelo, Consuelo Moure, Alberto Valdiri, Ana Maria Arango, Edgardo Román y Rosario Jaramillo, entre otros. La música de Óscar Acevedo también contribuye a darle un toque paródico a la trama, en particular en un par de canciones suyas en estilo carrilera.

Como su nombre lo indica, Nochebuena transcurre a lo largo de un 24 de diciembre. Lo que al comienzo de la película parece ser un día sin contratiempos en una casona colonial de tierra fría (el rodaje se llevó a cabo en Simijaca, extremo norte de Cundinamarca, y Chiquinquirá, Boyacá), comienza a alterarse cuando se tapan los inodoros de los baños y estos comienzan a despedir olores desagradables.

De allí en adelante opera, implacable, la Ley de Murphy y todo empeora a medida que avanza la cinta. “La Nochebuena servía para marcar la ironía de una supuesta felicidad familiar mientras por debajo todos se hacían trampa. El tema de la hipocresía resulta muy evidente en una celebración familiar como ésta, supuestamente una época de reconciliación y de amor”, señala Matías Maldonado, co-guionista y actor del filme.
 
Pero también hay algo de nostalgia. “La Navidad tiene para mí una connotación nostálgica asociada con la infancia y con un pasado perdido. Aunque la historia ocurre en el presente, mi intención era la de hablar sobre un mundo irremediablemente desaparecido, o en trance de hacerlo”, dijo Camila Loboguerrero, directora tambipén del clásico colombiano "Maria Cano".

A pesar de que la mayor parte de los personajes responden a estereotipos muy reconocidos (el ladrón de cuello blanco, el político corrupto, la esposa adúltera, el bueno para nada, la señora elegante que sólo vive para guardar las apariencias) los personajes tienen algo cálido, grato, humano.
 
Como señala Camila Loboguerrero, en las primeras versiones del guión, Bernardo (el protagonista) era un pícaro inescrupuloso y desalmado que esquilmaba hasta a su madre. En el momento en que surgió la idea de que fuera Matías Maldonado quien interpretara el papel, “nos resultó imposible seguir construyendo un ser tan esquemático”.
 
Lo mismo ocurrió con el resto. “Sofía, por ejemplo, partió de una imagen quizá cliché de la señora clasista, hipócrita y de doble moral. Pero era a la vez la abuela, la mujer indefensa que va perdiendo su fortuna y su familia: alguien por quien uno puede llegar a sentir lástima. Hasta al malnacido y corrupto político de la historia terminamos queriéndolo a causa de lo desgraciada de su suerte”, explica Loboguerrero. 
 
Y, a pesar de que todos quedan en la calle, la directora decidió ponerle un final muy Fellinesco, como sacado de Ocho y Medio. Pero Camila Loboguerrero tenía en su cabeza la frase de El Gatopardo, de Lampedusa, llevado al cine por Luchino Visconti: “Que todo cambie para que todo siga igual”.
 
Dice ella: “Ese es el típico comportamiento de las oligarquías a lo largo de la historia. Sólo vemos lo que queremos ver. Este final en el que naufragan las ilusiones de los personajes, es vivido por todos como un ‘happy-end’, evidentemente falso, que no encubre otra cosa que la derrota de los afectos y de la moral”.
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