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| 2/11/2012 12:00:00 AM

Entre el dolor y la gloria

La tarde corrió por todos los sentimientos posibles, hasta terminar en esa mezcla de dolor y gloria que, igual, nos recordó que la fiesta está hecha de eso mismo.

Y es que mientras, por propio pie, Manuel Jesús El Cid daba la vuelta al ruedo, y a la vista de todos estaban los efectos del percance en ese séptimo que lo había izado sosteniéndolo con el pitón en la entrepierna, José María Manzanares, Luis Bolívar y Marcelo Gutiérrez - el ganadero -, a hombros, veían caer desde los tendidos algo más que claveles: el eco de gratitud de una afición que empujó la corrida tanto como los toreros.
 
Quedaban para el baúl de los recuerdos muchas cosas. Entre ellas, tres faenas, cada una de diferente dimensión, pero signadas por la personalidad de los alternantes. Una, esa de El Cid en el que abrió la corrida. Con un toro de Ernesto Gutiérrez Arango que tuvo emoción. Manuel Jesús se plantó y desde ahí cosió naturales, una y otra vez, en los que la firmeza dejó ver aún más las condiciones del encastado ejemplar. Hubo raza en el nacido en Salteras y con ella misma se tiró encima para coronar la obra. Dos orejas.
 
Entre segundo y cuarto hubo un paréntesis que corrió cuesta abajo. El segundo de la tarde, para el estreno en Medellín de José María Manzanares, le permitió mostrar pinceladas en el capote, pero en la muleta se fue quedando corto. Ovación. El tercero prometió por hechuras, pero pronto dejó ver su tendencia a no ser pronto, y aunque hubo series en que el temple de Luis Bolívar mandó, el balance no alcanzó para darle al toro la absolución. Oreja de esas que ni quitan ni ponen. Y del cuarto, ni hablar, salió con un demonio entre pecho y espalada y a poco estuvo de hacerle daño a El Cid.
 
En las dos opciones que esperaban adentro vendría lo mejor. Primero, con ese quinto en el que José María dejó más de una pintura para coleccionar. En el capote, con las verónicas de adentro hacia fuera hechas con un compás de libreto. O con la chicuelina que hubiese hecho suspirar a su padre. En la muleta, si bien faltó ritmo, siempre existió el recurso artístico para que todo se viera planchado y bonito. Dos orejas.
 
El sexto, ‘Cigarrito’ de nombre, tuvo salida de bravo y en esa línea se mantuvo durante buena parte de la lidia. Luis Bolívar lo invitó a los medios y por esos terrenos pasaron los mejores momentos en esa faena donde se encontraron y donde también se fajaron. El toro valió mucho y casi siempre, pero también es cierto que buscó los tableros en un par de oportunidades. Y si bien al final rescató su imagen al volver a los medios, el honor ya estaba maltrecho. Indulto no exento de polémica y dos orejas simbólicas.
 
Era el final soñado, con todos a hombros. Pero El Cid quiso devolver el cariño con un toro de regalo y los planes de ensueño de trastocaron. Llegaron entonces el dolor y la gloria.

Ficha

Feria de La Macarena

Cuarta corrida de abono

Seis toros de Ernesto Gutiérrez Arango

Desiguales de presentación. Indultado el sexto de la tarde, de nombre ‘Cigarrito’, número 238, de 487 kgrs. El primero, encastado. Segundo y tercero, sin romper. El cuarto desarrolló sentido. El quinto tuvo movilidad.

491, 518, 462, 498, 462 y 487 kgrs.


El Cid

Sangre de toro y azabache

Dos orejas y ovación


José María Manzanares

Obispo y oro

Ovación y dos orejas



Luis Bolívar

Rosa y oro

Oreja y dos orejas simbólicas


Detalles: El Cid regaló un séptimo ejemplar. Resulto cogido en él y fue atendido en la enfermería. Más de media entrada.
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