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| 10/1/2011 12:00:00 AM

La revolución de la TV

Con actores y directores de Hollywood, historias que rompen esquemas y presupuestos generosos, las series norteamericanas están a la vanguardia. Además, son el formato ideal para nuevas tecnologías como Netflix.

MARTIN Scorsese, Kate Winslet, Steven Spielberg, Michael Mann y Dustin Hoffman son estrellas de Hollywood que tienen en común haber incluido hace poco en su hoja de vida una serie de televisión. Este formato ha dado mucho de qué hablar en los últimos años, por la calidad de sus producciones, la capacidad para sorprender de sus guionistas y el alto perfil de sus actores, directores y productores. Por supuesto, series exitosas ha habido siempre, pero nunca tantas, tan populares y tan bien hechas.

Tres razones explican este auge. De primera está la calidad de sus guiones. Varios lo han dicho: las mejores historias están hoy en la televisión. Así lo sostuvo el gurú de la escritura de guiones Robert McKee en su reciente visita a Colombia. Coincidió con el reconocido escritor Salman Rushdie, el autor de Los versos satánicos, que por estos días escribe una serie para televisión. Rushdie declaró que los dramas televisivos son la nueva literatura. "La televisión reúne lo mejor de ambos mundos, les da a los escritores un control sobre la trama y una posibilidad de caracterizar a los personajes que antes solo tenían los novelistas", aseguró al diario The Telegraph.

"La ventaja de las series es que tienen menos miedo que el cine a arriesgar. Por eso son menos esquemáticas y tanto para escritores como para directores y actores representan una verdadera oportunidad de hacer algo distinto más allá de los arquetipos de Hollywood y las estructuras rígidas de narración del cine norteamericano", asegura el escritor y guionista Andrés Burgos. Para él, esas fórmulas narrativas de probado éxito comercial a las que suele recurrir el cine son una camisa de fuerza. Añade que este formato permite desarrollar historias y personajes "de una forma más cercana a la novela que al cine". De ahí que en las series el escritor tiene por lo general la última palabra. Es tan importante que con frecuencia tiene también el rango de productor ejecutivo.

"En la serie hay más espacio, los personajes tienen tiempo de madurar, la narración puede tomarse su tiempo, hay más lugar para los giros, para los personajes de apoyo, hay más posibilidad para las situaciones", opina el escritor Jorge Franco, que también ha elaborado guiones para series. Eso sí, advierte que el guionista se enfrenta siempre al reto de no perder el ritmo: "Es más complicado mantener la atención del espectador, hay que ingeniarse giros para hacer que regrese a los ocho días a conectarse con la historia. Aquí cabe el ejemplo que ponía Cortázar respecto al cuento y a la novela. El largometraje tiene que ganar por nocaut, y la serie se gana por 'rounds'".

Otra razón es que este formato ha tenido mucho éxito con servicios como Netflix, que permite al televidente ver los programas a la hora que decida y cuantos capítulos quiera. Ya no hay que esperar una semana y cuadrar la agenda para ajustarse a la parrilla de programación de los canales, por lo que cada vez es más frecuente dedicar una tarde o un día entero para ver varios capítulos e incluso toda una temporada de una serie. Aquí se suma que muchos acceden a Netflix por la pantalla del computador o del iPad, donde pueden comentar en redes sociales los programas mientras los ven. La tecnología también permite que las series continúen vigentes. Su salida del aire no significa, como antes, su desaparición. Muchos las descubren tiempo después de haberse emitido, gracias a que están disponibles para descargar y ver vía streaming, o para comprarlas en una caja de varios DVD.

Por último, las series han roto esquemas por los temas que tratan y el lenguaje audiovisual al que recurren. Donde más se la han jugado por experimentar es en la televisión por suscripción y, en particular, el canal HBO, con casos como el de Curb Your Enthusiasm, del creador de Seinfeld, Larry David, que recrea su vida cotidiana llena de neurosis, humor negro y, sobre todo, mucha incorrección política.

Los argumentos también sorprenden. Breaking Bad, una de las más exitosas, trata de un profesor de Química que decide dedicarse a producir drogas sintéticas cuando se le diagnostica un cáncer terminal. En United States of Tara, su protagonista padece de un trastorno mental que la hace desfilar por varias personalidades cuando se estresa.

También están las superproducciones de época como Roma -la más cara de la historia: costó 100 millones de dólares- y Los Borgia. Junto a ellas, las adaptaciones, en formato miniserie, de obras literarias como Juego de tronos, novela fantástica sobre las pugnas de poder en un universo imaginario, y Mildred Pierce, en torno a la relación entre una hija y su madre sobreprotectora durante la gran depresión de los años treinta. Su versión en televisión fue protagonizada por Kate Winslet y este papel le acaba de dar el Emmy a mejor actriz en una miniserie.

Toda esta variedad contrasta con la oferta del cine, que cada vez se restringe más a las películas taquilleras y en 3D. De aquí que la televisión tradicional, la nueva vía web y los proveedores de contenidos por demanda se perfilen cada vez más como el lugar para encontrar buenas historias, con la ventaja de poder disfrutar de ellas en cualquier momento y en cualquier lugar. Como los libros. n
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