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| 9/13/2011 12:00:00 AM

La semana del jazz barranquillero

Al cumplir 15 años, el festival Barranquijazz decidió regalarle a su público un desfile de estrellas de diversos géneros y nacionalidades. Un recuento desde Barranquilla.

Ya son varias las propuestas de jazz que ofrecen distintas ciudades de Colombia en septiembre. Solamente en Bogotá suceden dos festivales en las mismas semanas: Jazz Al Parque y el Festival del Teatro Libre. Medellín y Cali también aportan a esta sonoridad. Pero, definitivamente, Barranquijazz, que este año conmemoró sus 15 años, se ha consolidado como un festival con identidad propia. Aprovechando su posición en el Caribe, el festival barranquillero tiene un claro sesgo hacia el ‘latin jazz’ que ya se ha vuelto su sello característico. No obstante, sorprende cada año con propuestas que se salen del molde y que tocan otras artes (el flamenco, el pop) para ampliación de su público.
 
Los 15 años de Barranquijazz, celebrados entre el 7 y el 11 de septiembre, tuvieron momentos memorables. Estos fueron algunos:
 
UNA NOCHE DE FLAMENCO

Diego El Cigala ya está consolidado como una de las mejores voces del flamenco del siglo XXI. En Barranquilla ya había estado en el 2007, cuando su trabajo “Lágrimas negras” era una novedad. Lo que trajo ahora fue, primordialmente, el repertorio de tangos de su más reciente álbum, disco de oro en Colombia. Abrió el recital con “Garganta con arena”, que es una evocación del gran Roberto Goyeneche pero que ha terminado definiéndolo a él también. Se destacó en sus versiones de “Las cuarenta” y “El día que me quieras” (ésta última acompañada sólo con una guitarra flamenca) y el público recibió con total entusiasmo estas incursiones del flamenco en la música argentina. Para el cierre dejó los clásicos “Lágrimas negras” y “La bien pagá”.
 
En un giro todavía inexplicado, El Cigala terminó convirtiéndose en acto de apertura (la palabra “telonero” es despectiva) del cantante colombiano Andrés Cepeda. La noche, por tanto, fue la menos jazzística del festival de jazz, si bien hay que decir que ambas agrupaciones se preocuparon por acercarse a este lenguaje, incluir partes solistas improvisadas y en general un tipo de armonías que suelen gustarle al seguidor de este género. Andrés Cepeda ha anunciado que su nuevo trabajo se enmarca dentro del jazz. Esto no quiere decir que de la noche a la mañana va a cantar como Louis Armstrong, pero sí que hay un interés por explorar repertorios y sobre todo instrumentaciones distintas. ¿Momentos de jazz? Los hubo bien interesantes: los solos del bajista John Benítez en “Fui el que más te quiso”, por ejemplo. Al final Cepeda demostró un trabajo acucioso y bien preparado, con el respaldo de excelentes músicos.
 
EL FESTIVAL AL ARE LIBRE

Uno de los puntos fuertes de Barranquijazz ha sido la programación simultánea de conciertos gratuitos al aire libre (en las tardes) y conciertos con compra de boletería dentro del Teatro Amira de la Rosa o el Salón Jumbo (en las noches). Fácilmente se puede pensar que la posibilidad de ver artistas gratis les quitaría espectadores y oportunidades a los otros conciertos, pero lo que quedó demostrado es que hay público para todos los eventos. Quienes apenas se están acercando al género o no pueden asumir el costo de una boleta se encontraron con tardes bien programadas, en tandas de a tres artistas, bajo el cálido sol barranquillero.
 
Una de aquellas tardes incluyó al joven pianista cubano Harold López Nussa, exponente de una nueva generación de músicos de la isla, con todo y la energía desbordante que ello implica. El músico hizo sentir por momentos la vasta historia de pianistas que lo antecede (Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba y, para no ir lejos, su tío Hernán López Nussa), pero también sorprendió casi al final de su presentación con un bolero: “Contigo en la distancia”, y demostró que el buen músico no sólo sabe mirar adelante, sino que tiene conciencia de sus raíces.
 
UNA LEYENDA SALSERA

La noche del 10 de septiembre fue posiblemente una de las mejores que ha vivido el Barranquijazz en todos sus 15 años. Comenzó con el vibrafonista estadounidense Stefon Harris y su cuarteto, exhibiendo un sonido que es tan exquisito como inusual en el jazz: Harris tocó vibráfono y xilófono con una delicadeza extraordinaria, que a veces recordaba al legendario Milt Jackson del Modern Jazz Quartet y otras veces se aproximaba a una expresión más contemporánea. El sonido del vibráfono demostró hipnotizar a muchos oyentes que se manifestaron “encantados” o “fascinados”. Desde ese momento los amantes del jazz agregaron el nombre de Harris a la lista de tesoros por explorar. Lo raro es que no haya muchos más intérpretes de este instrumento.
 
Sin haber salido del encantamiento, la noche prosiguió con el gran Eddie Palmieri. El pianista, que ha incursionado en el latin jazz con discos como “Palmas”, prefirió aquella noche concentrarse en la salsa. Desde luego sus solos de piano siguen teniendo mucho del lenguaje de improvisación y, sobre todo, está respaldado por una orquesta enteramente integrada por virtuosos capaces de repentizar cualquier cosa. Pero Palmieri, al parecer, conoce al público barranquillero. Por eso hizo desfilar sus éxitos: “Ajiaco caliente”, “Tirpandote flores”, “Vámonos pal monte” y “Lázaro”. Al final, cuando los aplausos del público lo hicieron volver a salir, regaló “Azúcar”. Palmieri tiene 75 años y sucede con él lo que con muchos músicos que llevan a cuestas una carrera de décadas: sale al escenario y se le ve parsimonioso, casi lento. Luego se sienta al piano y todo cambia. La energía es la misma de siempre. Y, sobre todo, es un deleite verlo dirigir: le basta con mirar y señalar a cada músico; tiene en la cabeza el esquema completo de la rumba. Y no se equivoca nunca.




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