Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/01/22 00:00

¿Literatura y revolución?

El gran Francisco Umbral la definió como una de las mejores plumas de su generación. Escritora comprometida y polémica dice que la literatura siempre es política.

¿Literatura y revolución?

Belén Gopegui (Madrid, 1963) responde a nuestras preguntas por escrito porque se ha propuesto no dar nunca entrevistas personales: “Ni quedando a tomar un café porque no quiero hablar de mi vida y si lo haces acabas contado cosas que luego aparecen reflejadas y yo –es mi caso particular, lo siento mucho– luego me siento mal”.
Es un no de una escritora a la que quizá le fuese más el término de pensadora o crítica del sistema. Una negativa que la define como sus otros muchos “noes” a participar “en los concursos literarios que ya están dados”; a que se la encasille con determinadas generaciones, la Kronen en España, con Lucía Etxeberría, José Ángel Mañas, Ray Loriga, que le correspondería por edad; a una temática fácil y de éxito que hable de triunfos y conquistas (en su escritura aparecen mejor problemas sindicales y el precio de las cosas); a oscurecer su melena que se impone blanca y larga en una cara joven, o a ser políticamente correcta. Es el no de “la pluma más notable de su generación”, según la definición del también escritor Francisco Umbral.
Podría definírsela como novelista social empeñada en expresar su rebeldía contra un sistema que te dice qué hay que pensar, comer, soñar y callar. En sus libros los personajes son trabajadores, seres de la clase media que se preocupan por la actualidad, el precio de las cosas o la política o que toman conciencia de ello.
La suya es una reflexión contra la inercia. Y es, podría decirse, una reacción a las historias fáciles. Gopegui se empeña en hablar de ideologías, dice, que se empeñan en hacernos creer que ya no existen. “Hay que discutir a qué llamamos libertad. En este momento en España nadie te dice lo que tienes que decir pero todo el mundo con suficiente poder económico te dice lo que no quiere que digas. En todos los ámbitos”. Ella no, ni ahora con su último libro El padre de Blancanieves, donde se pregunta sobre la capacidad individual de cada uno para transformar el entorno, ni con las anteriores novelas, donde sin miedos defiende el socialismo de Castro en Cuba (El lado frío de la almohada); el poder corruptor del dinero (La conquista del aire) o Lo Real, protagonizada por un conjunto de asalariados de sueldo medio que se debaten entre sus luchas personales y colectivas por un bien común, por citar algunas.
Gopegui es una especie de conciencia de una sociedad acomodada en los valores imperantes, es escritura y revolución. No obstante, después de leerla, uno entiende que más allá de ideología y firme verbo, las suyas son historias, antes que nada, que le han merecido el respeto de sus lectores.
Uno entonces se preguntaría qué es literatura para esta mujer de historias que entran de lleno siempre en ámbitos sociales, o que parecen estar escritas sobre problemas, antes que sobre personajes. Ella dice que su idea de literatura tiene que ver con lo que quisiera hacer. “Querría escribir un libro que contenga la cara y la cruz de una existencia única y, precisamente por ser única, igual a la de muchos de nosotros y nosotras; donde la peripecia vaya por delante como las luces largas en una carretera a oscuras y donde, al mismo tiempo, la piel advierta el frío de la noche, la amplitud del aire sin límites, la expectativa”.
Cuenta que desde que empezó a escribir hasta hoy una de las cosas que más han cambiado es el volumen de palabras. “Más canales de televisión, más emisoras, más canciones, internet, blogs, más periódicos, más argumentos, más películas, más voces que nos hablan. Seguir queriendo hoy añadir palabras tiene algo de locura, de terrible vanidad, pero yo no he dejado de soñar con una historia que no sea mía sino de quien se la apropie y que se parezca un poco a esas piedras puestas junto a la hoguera que luego se metían los campesinos en el bolsillo para no tener frío de madrugada”. Eso con respecto a la escritura.
Y sobre esa revolución que termina de materializarse en una entrevista declaraba recientemente: “La clase media no toma partido, se lava las manos, es precisamente lo que la caracteriza: ocupa un espacio donde en principio nada le obliga a hacer otra cosa. Sucede también que estamos hechos de agua, de carne, de mierda y de valor y orgullo y bondad y sentido del ridículo y miedo. A veces predomina el miedo, pero no siempre”.
¿Quedan claras sus preguntas y preocupaciones? Quizás, el mejor broche para este final sea la cita de César Luis Menotti que la novelista rescata en su última novela: “El jugador de fútbol debe entender esto, que es básico para su vida: para qué juega y para quién juega. Es lo que debe preguntarse y responderse”. Ella sí lo sabe.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.