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| 11/29/2010 12:00:00 AM

"Nunca quise ser periodista": Juan Gossaín

El exdirector de RCN Radio, Juan Gossaín, habló sobre cómo su novela, La muerte de Bolatriste, marca el fin del periodismo en su vida. Reveló, además, quién le hubiera gustado que lo reemplazara en la dirección de la cadena radial.

Con 62 años de vida, 40 en el periodismo y casi 30 en RCN Radio, Juan Gossaín contó cómo el destino lo regresó a su mar, a su Cartagena de Indias, donde goza del placer que significa para él escribir.
 
El periodista cordobés habló de su nuevo libro, La muerte de Bolatriste; de sus amigos, Luis Carlos Galán y Sergio Fajardo; de Pacho Santos; y de su nueva vida de escritor.
 
Semana.com: Está en pleno lanzamiento de su nuevo libro, La muerte de Bolatriste, ¿qué siente al tener el libro en sus manos?

Juan Gossaín: Tengo la impresión de que, bueno, tratándose del libro ninguna palabra es más apropiada que impresión (risas). Estoy sintiendo que los libros son como los hijos. Uno los desea, los concibe y llega un momento en que se van solos. Después de haber estado tantos años encerrados en un pequeño recinto personal, el libro y yo, y verlo luego en una vitrina de una librería. Me da la impresión de que ya no es mi libro. Una vez, en época de invierno, vi jugar a unos muchachos en Cartagena con barquitos de papel. Los libros son iguales a los hijos y a los barquitos de papel, los haces y los empujas, y llega un momento en que se van y no los recuperas.

Semana.com: ¿Por qué dice que medio libro le pertenece a usted y medio libro a los lectores?

J.G.: Cervantes decía una cosa muy bella. La palabra le pertenece, media, al que la dice, y la otra media, al que la oye. Medio libro le pertenece al autor y medio libro al que lo lee, interpreta y entiende. La muerte de Bolatriste es un homenaje inconsciente a la palabra, es la sepultura de un pasado de 40 años en el que tuve mezclados el periodismo y la literatura.
 
Semana.com: ¿Se despide del periodismo?

J.G.: Este libro marca el fin del periodismo como mi actividad fundamental. Voy a dedicarme a hacer lo que siempre quise: escribir. Yo nunca quise ser periodista, ni me lo propuse ni lo planeé, quería ser escritor desde pequeño.

Semana.com: ¿A qué edad escribió su primer cuento?

J.G.: A los doce o trece años. Se publicó en un suplemento literario de donde yo estudiaba en Cartagena.

Semana.com: Aunque su sueño era ser escritor, la vida le tenía otros planes…

J.G.: Cuando salí a la realdad de la vida, que era trabajar, me ofrecieron ser periodista. Tenía que ganarme la vida y me dediqué a hacer periodismo mucho más de lo que yo hubiera querido. Me fascinó el periodismo, pero no tanto como para saber que en algún momento diría ‘no más’.

Semana.com: ¿Qué les escribió en los últimos días a sus amigos directores de medios?
 
J.G.: Les mandé un mensaje en broma diciéndoles: ‘Aprovéchenme que estoy botado. Estoy que me escribo. Todo el que quiera que me diga, pero no gratuitamente’.

Semana.com: ¿En qué cambio su vida tras la salida de RCN Radio?

J.C.: Volví a sentarme a escribir. Nunca en mi vida había experimentando un placer mayor. Me levanto a las cuatro de la mañana; a las cuatro y media estoy escribiendo; a las seis me siento en el balcón de mi casa, que está sobre el mar y veo el amanecer en Cartagena; luego vuelvo al computador y ahí estoy hasta la una y treinta de la tarde.

Semana.com: ¿Cómo fue su reencuentro con Cartagena?

J.C.: He descubierto, para mi asombro y complacencia, que cuando dejé el periodismo radial y regresé a Cartagena me reencontré con mi pasado; lugares y personas que había prácticamente olvidado. Descubrí que ya no me interesa el mar Caribe como tarjeta postal o atractivo turístico, sino como fenómeno humano.

Semana.com: ¿El personaje de novela, Bolatriste, lo ayudó a llegar a esa conclusión?

J.G: Así es. La muerte de Bolatriste es una metáfora del suicido. Es un símbolo de libertad. Bolatriste decide un día que la única voluntad es escoger su forma de morir y por eso dice mientras se está suicidando que ‘el Caribe es el mar de nuestras vidas, para lo bueno y lo malo, para la dicha y la desdicha, para ser felices o infelices’. Ya no es el mar azul, como fenómeno afecta bien o mal a los seres humanos.

Semana.com: ¿Hace cuánto existe realmente el personaje de Bolatriste?

J.C.: Hace 40 años. El periodismo no me dejaba escribir su historia.

Semana.com: En varias de sus obras hace referencia al suicidio, ¿a qué se debe?

J.G.: Precisamente Sergio Fajardo, que tiene la maldita costumbre de ser matemático, que es su oficio, lee los libros con criterio numérico, y un día me llamó y me dijo que le empezaba a preocupar ver que en los últimos libros míos había una tendencia al suicidio. Le dije: 'A mí me tranquiliza pensar que no soy yo, a nadie le gusta vivir más que yo, no voy a morirme nunca y ni siquiera voy a envejecer'.

Semana.com: ¿Por qué dice que el ahogamiento es la forma más poética del suicidio?

J.G.: Porque es la única por la cual podría devolverse el autor. No hacerlo es un acto de coraje. Lo que entiendo literariamente es qué va pensando la persona mientras se va ahogando.

Semana.com: Los personajes de La muerte de Bolatriste descubrieron la maldad una mañana de agosto. ¿Cuándo se encontró el dolor en el periodismo?

J.G.: Desde el primer día. Desde la primera crónica. Acababa de llegar a Bogotá, a trabajar en El Espectador, y vi una noticia en la sección Departamentales, la más humilde de todas, perdida al final de la página, ‘Matan un niño en Cartagena’, y encuentro la historia de un niño que se subió en un palo de mango, para coger un mango, y el dueño de la casa le disparó y lo mató. Recuerdo que escribí una crónica a causa de una película que acababa de ver y le puse el mismo título: ‘Matar un ruiseñor’. Ese día descubrí el dolor en el periodismo. Matar un niño es como dispararle a un colibrí con un cañón.

Semana.com: ¿Qué le duele del periodismo?

J.G.: Toda la vida me ha dolido una frase que la gente repite, un poco sin pensarlo, y se la dicen a uno en la cara: ‘Nadie goza más con las malas noticias que los periodistas… Como eso vende’. Y les digo, nadie sufre más con las malas noticias que los periodistas.

Semana.com: Luis Carlos Galán fue amigo personal suyo. ¿Qué recuerda del día de su asesinato?

J.G.: El día que mataron a Galán aprendí a aterrizar sobre la realidad. No todo era la heladería de Cartagena. Hay dolor, asesinato, gente mala. Es el rompimiento de la inocencia juvenil. Me refiero a que el momento biológico en que los muchachos empiezan a ser adultos se debe al cambio de emociones y al descubrimiento de la maldad.
 
Semana.com: ¿Las noticias vuelven al periodista colombiano más o menos sensible?

J.G.: Hace como 30 años, y por fortuna está escrito, en la revista Cromos o en El Heraldo escribí que nadie que no sea una buena persona es un buen periodista. Se equivocan todos los ciudadanos, empezando por los periodistas, cuando creen que el manoseo del dolor vuelve al periodista desalmado. Lo único que diferencia a un periodista de los demás seres humanos es la sensibilidad. La sensibilidad periodística es casi una forma única de la sensibilidad; es la capacidad de percibir lo que vuela alrededor. Los periodistas deberíamos ser como el Chapulín Colorado que tiene unas antenitas de vinilo que le permite detectar cosas.

Semana.com: ¿Qué diferencia a un gran periodista de uno común y corriente?

J.G.: La agenda informativa. 

Semana.com: ¿Cómo le parece que está RCN Radio?

J.G.: Por curiosidad estuve siguiendo atentamente los primeros días el noticiero de RCN después de mi salida. Oí por ver cómo se veían las cosas desde el otro lado. Aunque hace cinco meses no volví a escuchar RCN. En esos primeros días me pareció en materia informativa bien interesante: es mucha gracia en una sola mañana conseguir al Nobel Vargas Llosa y a los dos minutos al Presidente de Perú. No comparto algunas cosas de opinión. En el periodismo hay una estética de la ética y es la verdad bien contada. Algunos comentarios me parecen chistes fuera de tono.

Semana.com: ¿Qué es lo que más recuerda del exvicepresidente Francisco Santos?

J.G: Que un día me preguntó al aire un consejo: '¿Cómo hago para llenar sus zapatos?' Le respondí que en primer lugar yo no daba consejos, que me parecía pretencioso y le sugerí que no intentara llenar zapatos ajenos, que era mejor que montara su propia zapatería.
 
Semana.com: ¿Quién le hubiera gustado que lo reemplazara?

J.G.: Cuando me preguntaron dije el nombre de un muchacho que me parece pilo: Gustavo Gómez.

Semana.com: ¿Definitivamente no regresa a la radio?

J.C.: Mi decisión por ahora es no volver a la radio. La radio no me ha hecho falta. No sé si es porque estoy en la luna de miel del retiro. Dijeron que voy a trabajar en Caracol Radio y no he hablado con nadie ni me han ofrecido ni he aceptado nada. Lo que yo quiero que me dejen hacer en paz el resto de mi vida es escribir.
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