Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/09/19 00:00

‘Reevolución’ en Cali

Durante diez días, la plástica, el teatro, la literatura, el cine y la música compartirán escenario. Del 20 al 30 de septiembre, el XIII Festival Internacional de Arte, el encuentro más grande de arte y cultura en el país y, hasta el momento, único de su tipo, se tomará las calles, los museos, las galerías, los teatros y los centros culturales de Cali.

‘Reevolución’ en Cali

Bajo la consigna ‘Reevolución’, este año el festival Proartes de Cali parte de la pregunta sobre el origen de la fusión de géneros artísticos. Y sobre el intercambio de soportes entre las expresiones artísticas y la adaptación en un contexto actual de géneros que han caído en desuso. En pocas palabras, el fin de los límites entre las distintas artes y dentro de ellas. Esta es una tendencia que se puede rastrear desde mediados del siglo xx con, por poner un ejemplo, la literatura de Jorge Luis Borges –incluso de antes, en la plástica, con Marcel Duchamp–, pero a la que el público general colombiano no ha tenido suficiente acceso. Francisco Cruz Kronfly, asesor literario del Festival, afirma que el “asunto es encontrar a qué se debe el éxito o el fracaso de este tipo de procedimientos y licencias” y contribuir “a la formación en el espectador, escucha o lector de un juicio más crítico más responsable”.
Por eso, además de difundir las nuevas expresiones artísticas, descubrir nuevos talentos y hacer un homenaje a los difusores de la cultura en Colombia, Proartes, la fundación que organiza el evento, se propone sensibilizar a los caleños. Como lo afirma Amparo Sinisterra de Carvajal, presidenta de la fundación, la idea del festival es crear una alternativa en programación cultural en Colombia. Y Carlos Augusto Albán, vinculado con el proyecto hace tres años, añade que lo más interesante de esta versión del festival es que les dará un lugar a nuevas perspectivas artísticas y se las hará llegar a más gente. Tanto que aunque admite que la cifra es optimista, esperan que asistan al menos trescientos mil caleños.
Por su carácter experimental, se destaca la programación de teatro. La Compañía Achalay de Argentina –que en el último año ha recibido seis premios, incluido el del diario Clarín de Buenos Aires a mejor espectáculo–, estrenará en Colombia El niño argentino. Esta parodia, escrita en versos que remedan el teatro clásico romántico, recrea la opulenta (y extraña, vista desde hoy) vida de los ganaderos argentinos que a principios del siglo xx acostumbraban viajar a Europa acompañados de su mejor ejemplar vacuno, pero vivo, para darles a sus hijos leche fresca los días que durara el viaje. Desde España, la compañía de teatro La Hongaresa trae El umbral. Cinco historias que ocurren de manera simultánea en cinco espacios (una se lleva a cabo bajo un portal, otra en una cebra peatonal) cuestionan la noción de unidad tan difundida en el teatro clásico. Esta versión del Festival Internacional, además, será uno de los primeros en prestarle escenario a Alfred Jarry, precoz antecesor del teatro del absurdo, con la Velada Patafísica del grupo paisa Matacandelas.
Habrá dieciséis exposiciones de artes visuales; se presentarán más de treinta películas y cinco obras de teatro de grupos experimentales extranjeros y del país; habrá ensambles de jazz, música gospel, y fusiones de rock, pop y electrónica, y varios escritores hablarán sobre la fusión de géneros en la literatura. Para sumarle a la diversidad de este encuentro, la Editorial Norma anunciará los ganadores de su Premio de Novela La Otra Orilla y se entregarán diez menciones al mérito cultural en distintas áreas.
Se podrán ver películas como Lugar sin límites, adaptación de la novela de José Donoso del director Arturo Ripstein, y Dogville de Lars Von Trier, cuyo eje formal y temático es el teatro en sintonía con el espíritu del festival.Son ejemplos de cómo el cine ha tomado prestados elementos de la literatura, la danza, el teatro, la música y las artes plásticas. Los niños también tendrán un lugar especial dentro de este festival en la Colina de San Antonio, por medio de presentaciones de títeres, lecturas de cuentos y talleres de dibujo. Así las cosas, el que fue el festival de arte más representativo de los años setenta en Cali ha vuelto para quedarse.

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