17 noviembre 2012

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Renée Fleming: el recital que puede hacer historia

Por Emilio Sanmiguel

MÚSICALa soprano Renée Fleming debuta este sábado en el Teatro Mayor de Bogotá.

Renée Fleming: el recital que puede hacer historia.

Pocas, realmente muy pocas de las grandes estrellas del canto se han presentado en Bogotá. Ninguna de las del pasado, como la Lind, la Patti o Jean de Reszke, ni de las legendarias voces de principios de siglo, como Caruso o la Melba. Ni la Callas ni la Tebaldi, que cantaron en México, Brasil y Arge
ntina, pisaron los escenarios de la capital.
 
José Carreras y Montserrat Caballé cantaron en Cartagena en los 80 y no en Bogotá.
En realidad, de las grandísimas estrellas del canto, esas que han hecho historia con su arte, apenas puede registrarse el extraordinario concierto de Eva Marton en el Colón, porque cuando Katia Ricciarelli lo hizo en ese mismo teatro, los años gloriosos de su carrera eran cosa del pasado. Con Luciano Pavarotti y Plácido Domingo hubo que contentarse con megaconciertos en El Campín en la década del 90, muy concurridos y muy emotivos, pero artísticamente hablando, a lo sumo premios de consolación y nada más.

Es por eso que la presentación de la soprano norteamericana Renée Fleming la noche de este sábado 17 de noviembre en el Teatro Mayor, puede hacer historia. Porque Fleming es efectivamente una de las grandes voces de nuestro tiempo y llega en el pináculo de su carrera gloriosa.

Su trayectoria internacional despegó definitivamente en el 92, que fue el año de su debut en el Covent Garden de Londres y que cerró el 31 de diciembre en el Concierto de año nuevo de Berlín, cuando cantó la parte de la Mariscala en el Trío final del Caballero de la rosa de Richard Strauss con Claudio Abbado, dirigiendo la Filarmónica berlinesa con un elenco de estrellas entre quienes se contaban las también cantantes Kathleen Battle, Frederica von Stade y la pianista Martha Argerich: la aparición del disco compacto de ese concierto la consagró.

Fleming es la heredera de la gran tradición lírica de los Estados Unidos, que incluye figuras como Leontyne Price, Shirley Verret o Grace Bumbry, pero se distingue de ellas, claro, por su voz inconfundiblemente personal y por los rumbos que ha tomado su carrera, centrada básicamente en dos compositores: Mozart en los años juveniles de su carrera y Richard Strauss en los de plena madurez. Aunque no ha tenido temor de abordar otros terrenos, como la ópera barroca, el belcanto del primer tercio del siglo XIX, algo de ópera contemporánea y lo que ninguna otra de sus compatriotas había hecho: la ópera checa y la rusa.

El recital de este sábado es en cierta medida una especie de resumen de sus habilidades como soprano lírico spinto por una mezcla de repertorio camerístico (canciones de Debussy y Lieder de Strauss), canciones de concierto (Canteloube), ópera alemana (arias de Korngold), una «rareza» (dos fragmentos de La Bohème de Leoncavallo), una obra de amplio aliento (la gran escena de Desdémona del Otello de Verdi) y un aria muy popular (de Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea).

Prometedor porque de una gran cantante es que se trata; y casi perfecto, «casi» porque no hay que engañarse, a la Fleming le pasa lo que a otras grandes colegas suyas: su voz escala hasta el Himalaya cuando canta acompañada de orquesta, y el del sábado es un recital con piano (Gerald Martin Moore será el acompañante).

Por supuesto, puede ocurrir el milagro de nos haga llegar a las estrellas, al fin y al cabo ente sus maestros de canto estuvo Elisabeth Schwarzkpof, que alcanzaba lo sublime en sus recitales con piano.
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