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| 1/16/2010 12:00:00 AM

Silencio: ¡música maestros!

La música clásica conmovió a la bulliciosa y colorida Cartagena. Eduardo Arias logró extraer los momentos más emocionantes de este Festival que cierra esta noche tras una semana de conciertos.

Es en las plazas llenas de gente que oyen en absoluto silencio un violonchelo donde se entiende la verdadera fuerza del Festival Internacional de Música de Cartagena que finaliza esta noche de sábado con un concierto al aire libre en la Plaza de San Pedro Claver. En las salas (teatro Andolfo Mejía, nuevo nombre del Heredia, y en las capillas de Santa Tresea y Santa Clara) se vive el ambiente habitual de un concierto de música clásica. Bueno, casi siempre, a veces se cuelan ruidos y música que llega desde la calle. En los espacios públicos, además de la música, intervienen otras fuerzas que transforman la ejecución de una pieza musical en algo imposible de describir con palabras.

El miércoles, en la Plaza de la Iglesia de la Santísima Trinidad, en el barrio Getsemaní a la gente, casi todos habitantes del sector, no le importó que el concierto empezara un poco tarde. Cuando el chelista armenio Suren Bagratuni interpretó algunos apartes de la suite para chelo número 1 de Bach, un silencio casi que absoluto se apoderó de una plaza acostumbrada al bullicio de la vida cotidiana de una ciudad del Caribe. Este ambiente se mantuvo durante más de una hora, en la que alternaron varios de los músicos participantes del festival con el concierto con las Bagatelas para dos violines, chelo y armonio de Anton Dvorak, Siete Canciones Populares Españolas de Manuel de Falla, así como la Pequeña Serenata nocturna, de Mozart, en arreglo para bandola, tiple y guitarra, a cargo del trío Colombita, uno de los mejores exponentes de la música andina colombiana.

En el de la Plaza de San Pedro, en la noche del jueves, la propuesta era muy diferente. El guitarrista Ricardo Cobo inició el concierto con Asturias, de Isaac Albeniz. Luego subió a escena Bahía Trío, el grupo que dirige Hugo Candelario González, de Guapi, Cauca, un gran intérprete de marimba y saxofón. Al trío lo acompañó el cantante William Angulo, de Timbiquí. Como había manifestado antes González, ellos le traían a la Costa Caribe un mensaje de la otra costa, la Pacífica. Una música de ancestro africano, pero que refleja la melancolía de un medio ambiente enmarcado por la selva, la lluvia y los tonos opacos.
En una de las interpretaciones se les sumó el pianista Stephen Prutsman, director musical del Festival, quien logró la no tan fácil misión de sintonizar un instrumento occidental con la afinación y los sonidos de los instrumentos de percusión del Pacífico colombiano.
El concierto lo cerró la agrupación Puerto Candelaria, de Medellín, un grupo de jazz que trabaja ritmos colombianos (están empeñados en sacra adelante la cumbia underground) pero con referencias muy variadas a música denominada clásica, y con una puesta en escena muy teatral y con mucho humor. Músicos cultos, con amplios conocimientos pero que, como señala Juan Diego Valencia, pianista y compositor de la mayoría de los temas, combinan el ego del músico virtuoso preparado en un conservatorio con el arte del bufón, que les permite burlarse de sí mismos y acercarse mucho más al público sin hacer concesiones en la calidad y exigencia de sus composiciones.

En un momento dado, Juancho Valencia anunció que "a Puerto Candelaria llega un barco proveniente de china y entran a escena los integrantes del cuarteto de Shanghai, con quienes interpretan la guabina "Amaneceres", cono la que, dice Valencia, "fuimos expulsados del Festival Mono Núñez de 2002". Luego comenzó el Porro Lateral, ahora convertido en Porro Intercontinental por la presencia de los músicos de China. En medio de la pieza Valencia llamó a escena a las chicas del festival para que se sumaran al combo.

"Las chicas del festival" son la violinista búlgara Bella Hristova, la violista taiwanesa Hsin-Yun Huang y la cellista Weilerstein, acostumbradas a compartir varios de los principales escenarios del mundo con las grandes figuras del star system clásico. Ellas se sumaron al porro intercontinental con solos desaforados que se sumaron al de por sí delirante arrebato de Puerto Candelaria y el cuarteto de Shanghai. El exceso de energía y adrenalina un porro que podría ser también una pieza gitana, una ceremonia musical que funciona en cualquier parte del mundo.

Yo ya había visto ese concierto en el Heredia la noche anterior. Yo sabía lo que iba a pasar y, sin embargo, en el marco de la plaza, se me humedecieron los ojos al ver a estas "chicas del Festival" conectadas con la mirada y la música con el cuarteto de China, con Puerto Candelaria, con toda la gente que no podía creer que una comunión entre músicos tan disímiles pudiera ser posible.

Por momentos como ese uno le agradece a Julia Salvi que se haya inventado un Festival de Música Clásica que se toma las calles y los barrios populares de Cartagena, que pone en contacto a grandes intérpretes de la música mundial con estudiantes de todo el país que asisten a los talleres. Un festival que no se limita a los escenarios cerrados, donde la música casi siempre fluye sobre seguro. Que le enseña a la gente que la música clásica, además de profunda y a ratos exigente, también es divertida y puede llegar a conmover hasta las lágrimas con algo tan sencillo como un porro.
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