Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/09/18 00:00

Somos Pacífico

A mediados de octubre aparecerá el primer disco de Choc-Quib-Town, una de las más gratas sorpresas de la nueva música colombiana. ¿De dónde salió esta mezcla de rap y folclor chocoano?

Somos Pacífico

Somos Pacífico /Estamos unidos/ Nos une la región, / la pinta, la raza / y el don del sabor...

La canción está sonando en los círculos de la rumba y las reacciones han sido diversas. Desde los que, con mágica inocencia, entienden y cantan el primer verso como “somos pacíficos” hasta aquellos más pendencieros que han interpretado el estribillo como el himno de emancipación que consolidará la República Independiente del Pacífico. Los intérpretes son tres jóvenes chocoanos que lideran el grupo Choc-Quib-Town, y el logro es asombroso. Tal vez la música popular no se había contagiado tanto del folclor del Pacífico desde los tiempos en que Discos Fuentes publicaba los álbumes de Peregoyo y su Combo Vacaná tocando temas como “Mi Buenaventura” con guitarra eléctrica. Y esto fue hace cuarenta años.

El primer disco de Choc-Quib-Town saldrá al mercado a mediados de octubre y se llama, sí señores, Somos Pacífico. La fórmula, que vienen trabajando desde su conformación en el año 2000, es la de unir dos escuelas y de paso borrar la línea divisoria entre tradición y novedad. Gloria –a quien en adelante llamaremos “Goyo”– es hija de la cantaora Nelfa Perea, de modo que lleva en la sangre la tradición del bambazú, el aguabajo, el tamborito y todos esos ritmos que conforman la riqueza medio escondida de nuestro litoral Pacífico. Por contraste, Carlos –a quien en adelante llamaremos “Tostao”– se dedica al rap. Lo conoció de niño, cuando La Voz del Chocó transmitía las canciones de Renato y Nando Boom. De modo que para él, el rap no fue nunca la retahíla beligerante de los neoyorquinos sino la expresión más festiva de los panameños.

Goyo y Tostao se conocen desde los doce años, en Quibdó, pero en esos tiempos lo único que compartían eran el básquebol y una diablura ingenua que consistía en sonsacar una gaseosa de la tienda. Ingenua porque el dueño de la tienda era el papá de uno de los jugadores del equipo, así que el “robo” se hacía con su consentimiento. Jamás hablaron de música en esa primera época. “Yo ya tenía mis primeras composiciones pero en secreto”, confiesa ella. Y en secreto fueron pensando en una forma de hacer al folclor más cercano al rap, y al rap más cercano al Pacífico.

Ésa fue la fórmula que llevaron, a manera de experimento, al Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez el pasado mes de agosto. Pisaron el escenario del teatro al aire libre Los Cristales, de Cali, con emoción pero a la vez con temor porque sabían que su propuesta era algo revolucionaria. En el festival sucede que, si bien la última palabra la tiene el jurado, el auténtico termómetro es la barra chocoana que se ubica a la derecha adelante y agita sus pañuelos en señal de aceptación. Y los pañuelos bailaron al nuevo ritmo y entre el público alcanzó a oírse alguien diciendo: “éste es el rap de acá”. Pero lo positivo no acabó ahí, porque el día de la premiación el jurado hizo una mención especial a Choc-Quib-Town “por llevar la música del Pacífico hacia el futuro”.

Con tales antecedentes ya hay expectativa por el disco que, para seguir sumando motivos de calidad, es producido por Iván Benavides. El videoclip que veremos se grabó en Condoto pero, paradójicamente, las sesiones del álbum se realizaron 2.550 metros más arriba, en el barrio La Candelaria de Bogotá. Benavides tuvo tanta confianza en los músicos que en varias ocasiones los animó a improvisar. Quiso captar en el disco la espontaneidad que los distingue en los conciertos. Le dio total libertad al tercer integrante del grupo, Slow –a quien en adelante llamaremos “Slow”: la popularidad de su alias ha hecho que su nombre de pila se pierda en el olvido– para que diseñara los beats sobre los que improvisaron los cantantes. “Es que el orgullo del rapero es componer sobre la marcha”, dice Tostao.

Viniendo del Chocó, con sus consabidos problemas de orden público, uno se pregunta si algo de eso alcanza a colarse entre sus letras. “Es como lo que pasa en un noticiero”, explica Tostao. “Viene un segmento de noticias duras y después uno de farándula para que la gente se olvide. Nosotros venimos de una tierra donde esa misma jerarquía se aplica: tenemos problemas pero por encima de eso somos muy rumberos. Ésa es la República Independiente del Pacífico”.

De modo que el disco de Choc-Quib-Town traerá, por ejemplo, alguna reflexión sobre los desplazamientos. Pero se diluye en medio de la fiesta porque, como dice alguien de la banda hermana Sidestepper: “Los rumberos no somos políticos”. Traerá también varias reflexiones sobre el hecho de nacer en el Pacífico y un sampleo de la canción “Buenaventura y Caney” del grupo Niche. Habrá, en honor a Bogotá, un tema grabado con la orquesta La 33 que advierte sobre los riesgos de comer pescado en la capital. Habrá también una versión rap de “Velo que bonito” que, de alguna manera, resume el gran mensaje de estos jóvenes.

Cuando se les pregunta de qué manera podría describirse su música, entre el currulao y el hip-hop, Goyo y Tostao saltan a contestar al tiempo. Parece que le han dedicado bastante tiempo a pensarlo y la respuesta es contundente: “Somos el folclor de las nuevas generaciones”. .

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