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| 6/20/2007 12:00:00 AM

¿Vivir del muerto?

Yoko Ono quedará para muchos como la culpable de la separación de los Beatles. No hay duda de que como artista plástica conquistó un espacio en el mundo de las galerías y los museos. Como música, en cambio, nada logró con su conceptualismo, pero ahora las cosas parecen haber cambiado. Lo mismo podría decirse de la esposa y los hijos de Bob Marley, quienes durante años han tratado de alcanzar a su padre. La sorpresa es que los familiares de estos dos gigantes de la música hoy comienzan a ser reconocidos. ¿Por qué?

Los niños deben unirse” cantaba Bob Marley en “Jamming”, el tema que hace treinta años abría el lado B de su álbum Exodus. Y al parecer sus niños le hicieron caso. El pasado mes de febrero se subieron a cantar a una tarima en Nine Mile (la villa nativa de su padre, a unos sesenta kilómetros de Kingston) para celebrar la fiesta patria: en Jamaica, el cumpleaños de Bob Marley es fiesta patria. No es la primera vez que los hermanos actúan juntos, pero esta ocasión coincidió con el anuncio de una película que estrenarán durante el segundo semestre. Se llama Africa Unite, es producida por Tuff Gong Pictures y está destinada a ser el documento audiovisual que plasme el legado de Bob Marley a través de sus hijos.
La película es dirigida por Stephanie Black y está filmada en la tradición de lo que en los años sesenta se llamó “rockumental”: los espectadores podrán revivir el apoteósico concierto que ofrecieron los hermanos Marley en Etiopía en 2005, además de verlos tras bambalinas y escuchar sus opiniones en profundas entrevistas. Es probable que Africa Unite logre lo que difícilmente ha podido hacerse desde la muerte de Bob Marley, ocurrida en mayo de 1981: separar a los hijos de la sombra del padre y darnos una idea clara de sus particularidades. Los niños deben unirse, cierto, pero ya es hora de discernirlos.
El hijo mayor es Ziggy, nacido en 1968. A nivel internacional es el más conocido, tal vez porque lleva más tiempo cantando: su primer álbum, Play the game right, fue lanzado cuando apenas tenía diecisiete años. Claro que el éxito a nivel radial no llegó sino en 1989, con la canción “Tomorrow People”. Ziggy es el único de los hermanos Marley que no vive en Jamaica. Está radicado en Los Ángeles, desde donde lanzó el año pasado su álbum Love is my religion.
El segundo vástago es Stephen, nacido en 1972. Curiosamente Stephen fue el último en lanzarse al ruedo de la música como solista: había participado haciendo coros en los discos de sus hermanos y tiene ganada una excelente reputación como productor, pero esperó hasta este año para mostrarle al mundo su creación. Publicado el pasado mes de marzo, Mind Control ha sido una de las sorpresas más agradables del reggae en los últimos tiempos. Temáticamente, la canción que abre el disco bien podría ser una continuación de “Redemption Song”, que grabó su padre en 1980.
Julian, nacido en 1975, sufre seguramente de lo que los psicólogos llaman “el síndrome del hijo de en medio”. Ha mantenido tan bajo perfil que la mayor exposición en los medios la tuvo en febrero de 2002, cuando la Policía de Florida lo arrestó por posesión de marihuana. La bbc registró que Julian había tenido que pagar una multa de quinientos dólares por “menos de veinte gramos”. Al año siguiente lanzó el álbum A time & place, que tuvo muy poca difusión. No obstante, quienes lo han oído dicen que es uno de los registros más dulces e inspirados de la familia.
Le sigue Kymani, nacido en 1976. Musicalmente, es el más alejado de su padre: sus composiciones poseen elementos electrónicos, lo que hace que encuadren con mayor comodidad en el dancehall que en el reggae, y alguna vez declaró que le gustaría explorar el hip-hop. “La gente siempre hace comparaciones y tiene su propia concepción de cómo debería sonar yo. Pero no soy Bob Marley, soy su semilla”.
El hijo menor, Damien, tenía apenas dos años y medio cuando murió su padre. Pero físicamente es quien más se le parece. En 2005 ganó su segundo premio Grammy por el álbum Welcome to Jamrock, dejando de paso constancia sobre sus preocupaciones sociales. Salpicado con sonidos de sirenas y locutores de radio que reportan disturbios, el disco surgió como un llamado a la conciencia luego de que la OMS publicara estadísticas que ubicaban a Jamaica como el tercer país con más homicidios en el mundo (el primero de aquella lista era, sí señores, Colombia).
Tan poco se parecen los hijos de Bob Marley que, preguntados por el disco favorito de su padre, otorgan respuestas muy diferentes. Y sin embargo, en las escenas cruciales de Africa Unite encarnan esa “vibración positiva” que cantaba papá en la apertura del álbum Rastaman Vibration. Hace seis años, la suerte enfrentó a dos hermanos Marley, Damien y Kymani, en la lista de nominados al premio Grammy en la categoría reggae. Pero el benjamín aclaró que nunca lo sintieron como rivalidad: “Éramos mi hermano y yo contra los otros, o sea que teníamos doble chance de ganar”. Damien se llevó el trofeo y todos los hermanos celebraron. Ziggy, el primogénito, ya lo había advertido: “Solo somos rivales cuando jugamos dominó”.
Hay un disco de Carlos Santana llamado Sacred Fire en el que, al final, cita a Bob Marley recordándonos aquello de que “el futuro es brillante, fructífero y positivo”. Tal vez, como profeta que era, Bob Marley predijo la expansión mundial de su semilla: un vivaz quinteto que cada cierto tiempo se reúne a recordar la canciones de papá pero que, más allá de la nostalgia, ha prolongado el legado con música nueva y voz propia.
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