En él, en ese inicio, Iván Fandiño hizo de su confirmación un hecho notable, ante ese toro que logró irse arriba en la muleta. El vasco estuvo como de costumbre, firme, y con las zapatillas clavadas en la arena dibujó muletazos de tal intensidad, que la Santamaría le correspondió con los olés profundos de los viejos aficionados. Hubo mucho más que entrega y a medida que las suertes se hicieron más sentidas, el presagio de un triunfo asomó en el cielo que abría de a pocos. Pero la espada, y luego el descabello, negaron lo que parecía un hecho. Ovación tras aviso y dientes apretados. Palmas al toro en el arrastre.
No hubo más de que echar mano. Al propio Fandiño le salió un quinto que, entre medias arrancadas y derrotes, dio más de un susto. Bueno, a los tendidos, porque Iván olvidó esa condición y buscó sacar agua a costa de su propio tipo. Otra ovación, a la que correspondió con el regalo de un séptimo que manseó en tablas. Le retribuyeron con una oreja que no cuenta en ésta, plaza de primera categoría.
Juan Solanilla resolvió muy bien al también manso tercero de la corrida, que buscó guarecerse en las tablas. Con cabeza, el torero bogotano, buscó, y halló, en las rayas el término medio para sacar algunas series, en las que la receta de no dejarle ver más que la muleta permitió algún acompañamiento, por parte del ejemplar, a los cites. Esa mezcla de recursos y entrega sirvió para coronar un trofeo que tuvo peso. En el sexto, correoso, hizo méritos para que la gente lo acompañara en la empresa de buscar la puerta grande. Pero no hubo suficiente trascendencia ni el acero dio en el blanco. Palmas.
A Diego Urdiales le fue aún peor. El segundo siempre anduvo con la cara alta, aparte de tardo e incómodo. Y nunca terminó sus viajes tras los engaños, si es que acaso lo intentó. El capítulo eterno con la espada hizo aún más prolongado el suplicio. Dos avisos y pitos. El cuarto fue infame. Nunca descolgó y su arboladura allá arriba hizo más difíciles las cosas, que empeoraron cuando descubrió a Diego, al que le apuntó, por fortuna, sin éxito. Palmas, tras deshacerse del regalito.
Ficha
Temporada bogotana 2012
Penúltima de abono
Seis toros de Santa Bárbara
Serios y desiguales de presentación. Bravos en el caballo. El primero, encastado y con emoción en la muleta. Los demás, entre mansos y complicados.
470, 534, 554, 469, 524 y 470 kgrs.
Diego Urdiales
Turquesa y oro
Pitos tras dos avisos y palmas
Iván Fandiño
Malva y oro
Ovación tras aviso y ovación
Juan Solanilla
Obispo y oro
Oreja y palmas
Detalles: Más de media plaza. La corrida demoró 35 minutos en comenzar mientras se arreglaba el ruedo, tras fuerte aguacero. Iván Fandiño regaló un séptimo (500 kgrs), manso. Una oreja.
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