Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/12/07 00:00

Para que hablen bien de usted

A través de la campaña ‘Haz que hablen bien de ti’, una organización internacional busca colombianos solidarios que le apuesten a mejorar la calidad de vida de las personas más necesitadas del país.

Para que hablen bien de usted

En mayo de este año, los miembros del grupo U2 se disfrazaron para cantar en una estación del Metro de Nueva York. La legendaria banda irlandesa pasó desapercibida por un instante hasta que se despojaron de la indumentaria. El hecho fue noticia en las redes sociales y medios de todo el mundo.

Un tiempo después, en Bogotá, una artista pedía ayuda a los transeúntes de una calle. No buscaba dinero sino que le ayudaran a tocar un par de maracas. Pocos se dieron cuenta de que quien estaba haciendo la personalización era la cantante Maía, y pocos la reconocieron. En otros puntos de la ciudad, la actriz Marcela Carvajal –también disfrazada– pedía que le regalaran un pasaje de bus y, en la Plaza de Bolívar, el francés Patrick Delmas se hacía pasar por un connacional extraviado.

A unos mil kilómetros de distancia, entre la espesa vegetación que cubre las montañas de los Montes de María y las plantaciones de yuca, maíz, ñame y tabaco, Luis Alfredo Torres trataba de olvidar los hechos que durante tres días de febrero del 2000 quisieron arrebatarle la esperanza a El Salado (Bolívar), cuando un grupo de 450 paramilitares asesinó a sangre fría a más de 60 personas e hizo que los sobrevivientes se desplazaran hacia ciudades como Cartagena y Barranquilla.

Mientras U2 promocionaba su gira musical, Maía y las otras celebridades colombianas tenían como único objetivo invitar a los transeúntes a abrir los ojos para ayudar a los demás. De esta forma, según le comentó la cantante a Semana, “sus amigos hablarán bien de ellos, no por las fotos que ponen en Instagram de un bonito carro, sino porque sus acciones tengan sentimiento social, ya sea haciendo voluntariado, donando las cosas que ya no usan o apadrinando niños y comunidades como la de El Salado”, esa a donde Lucho y 400 familias retornaron con la intención de superar aquellas circunstancias que hace 15 años los desplazaron. Al regresar, se reencontraron con el ayer, los parajes donde, por los tiempos en que la vida florecía, la muerte llegó a imperar sin posibilidades de olvido. Al regresar –también– hallaron sembrada una esperanza que, al abrazarles, les promete, a la vez, una nueva vida.

La comunidad ha logrado levantarse poco a poco con el apoyo de diferentes organizaciones. “Todo lo que hoy tenemos: la Casa de la Cultura, el alcantarillado y la Casa del Adulto Mayor, se ha logrado con un trabajo mancomunado entre los que se atrevieron a apostarle a que íbamos a resurgir y se sumaron al esfuerzo que había hecho la comunidad, porque si nosotros no hubiéramos tomado la libre y firme determinación de retornar para recuperar lo que era nuestro y que nadie tenía derecho a quitarnos. Esto que hoy está pasando no hubiera ocurrido, porque afuera no se hubiera hecho nada”, cuenta Lucho, orgulloso de ver cómo su pueblo ha vuelto sonreír. Él siente satisfacción porque, después de cinco años de exilio y amenazas, puede ver a sus ocho nietos correr entre las matas de yuca que le ha dejado la sequía, además de sentir la brisa del Caribe que golpea con decisión las ramas de los árboles mientras la alta temperatura lo penetra todo.

Han vuelto a sonreír gracias al apoyo de organizaciones como Ayuda en Acción, que a través de campañas como Haz que hablen bien de ti, en las que colaboran las Maía, Marcela Cavajal y Patrick Delmas, se dio a la tarea de encontrar colombianos solidarios que quieran contribuir a mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales víctimas de la violencia, como las de este corregimiento de El Carmen de Bolívar.

Allí esta ONG Internacional, que lucha para erradicar la pobreza en el mundo y en Colombia trabaja en zonas rurales, realiza proyectos educativos, de desarrollo económico en el campo, de construcción de paz, derechos de la mujer y acceso al agua, que han ayudado a darle esa nueva cara de progreso al corregimiento. Su labor ha perpetuado la esperanza en los corazones de los habitantes.
    
Para llevar la felicidad y el desarrollo, además de solidarizar, las campañas que lidera la fundación también pretenden captar personas que quieran apadrinar a la población con aportes mensuales de 30 mil pesos a largo plazo, para que los proyectos sean sostenibles.

Natalia Soler, una ingeniera de 25 años residente en Medellín, es una de las madrinas actuales y constantes; ella está convencida de que “entre más personas aporten, más niños que viven en zonas donde la desigualdad es muy grande serán beneficiados. Ayudar a quienes lo necesitan es nuestro aporte a la construcción de un país mejor”.

“Hacer que hablen bien de ti –expresa Maía– es hacer cosas que te llenen el corazón y el alma. Uno no tiene que ser sor Teresa de Calcuta ni el papa Juan Pablo II, pero sí puede apadrinar un niño”. Por eso invita a los colombianos a que no sean como los transeúntes del metro de New York con U2 o los capitalinos que pasaron indiferentes frente a ella cuando les pedía que tocaran las maracas, sino a que abran sus ojos frente a las situaciones en las que es necesaria su solidaridad, porque, como dice: “si hacemos las cosas juntos, lo pequeño se puede volver muy grande”.

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