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| 7/1/2015 12:00:00 PM

Si es fumigación, que sea mecanizada

No hay que ser multimillonario para invertir en equipos para aplicación de insecticidas, herbicidas y fungicidas: basta asesorarse adecuadamente para acertar en la elección.

Uno de los postulados para competir en la economía globalizada es que los países encuentren sus ventajas comparativas y competitivas, y así fomentar un comercio equilibrado y complementario. 

Bajo este supuesto se ha dicho hasta la saciedad que Colombia tiene la ventaja de tener una geografía que ofrece todos los pisos térmicos y, en consecuencia, que tiene la variedad de climas y tierras para convertirse en una potencia en materia de producción de alimentos.

Sin embargo, a pesar de que el campo es uno de los sectores de la economía con mayor rezago, tanto los agricultores, como los ingenieros dedicados a esta especialidad y el Estado como un conjunto, reconocen su importancia presente y futura para las finanzas del país y para el bienestar de los ciudadanos.

Precisamente, en entrevista reciente, el ministro de Agricultura Aurelio Iragorri plantea que “el país no puede seguir gastando esfuerzos en productos que no demandan los colombianos y que no demanda el mundo. Tenemos que buscar la seguridad alimentaria de Colombia, la sustitución de importaciones y la ampliación de exportaciones”.

Uno de los caminos para lograr esos tres objetivos pasa por la tecnificación del campo para lograr tanto una mayor productividad como una mayor rentabilidad por hectárea cultivada. Pero ese término, ‘tecnificación’ tiene una especialidad que da el punto de quiebre virtuoso entre el cultivo de pancomer y el productivo con objetivos de comercialización.

Según Alejandro Rendón, ingeniero agrícola de la Universidad Nacional, “la fumigación es la base de un cultivo productivo, pues esta comprende desde la preparación del terreno para eliminar malezas hasta las aspersión de agroquímicos para el control de plagas y hongos”.

Por su parte Santiago Franco, gerente del Negocio Agrícola y Energía de Eduardoño, señala que “una de las actividades de mecanización que genera gran interés es la de fumigación, pues en el mercado colombiano ya se cuenta con equipos con tecnología de punta para estas labores, con expertos que conocen no solo de los equipos, sino también de las mejores técnicas a nivel mundial para fumigar, y es además, una de las actividades que le ofrece un retorno de inversión más rápido al agricultor”.

Métodos de fumigación
La fumigación en el país ha sido tradicionalmente mediante método manual, en el que se requiere un uso intensivo de mano de obra y tiempo, con los consecuentes riesgos humanos, ambientales y económicos.

El ingeniero Rendón explica que “el método manual expone al operario de manera innecesaria a la intoxicación por el manejo directo de los agroquímicos, además de que la aspersión resulta dispareja, lo cual trae desperdicio del material, la a veces la ruina del cultivo y pérdidas económicas, cuando no la contaminación de las fuentes hídricas”.

En reemplazo de la fumigación manual existe la mecanización que “arranca desde las máquinas de cargar a la espalda (como un morral) que, en lugar de una bomba manual, se instala un motor de 2 o 4 tiempos para que la aspersión sea más pareja, hasta las fumigadoras autopropulsadas que se guían por monitoreo satelital, pasando por aquellas estacionarias que usan un motor fijo y largos conductos, y por las operadas con una toma de fuerza desde un tractor”, dice Franco de Eduardoño.

Fumigación en Colombia
La realidad colombiana en cuanto a la mecanización de la fumigación muestra que hay un largo camino por recorrer: “apenas se está dando el salto de la fumigación motorizada tipo morral a la estacionaria o tractorizada, pero ya tenemos ejemplos en los Llanos Orientales de autopropulsión”, aclara Rendón. 

“Sin embargo, sigue Rendón, así como en Paraguay o Bolivia se adquieren entre 100 ó 120 máquinas autopropulsadas por año, acá estamos todavía muy lejos, y eso sin nombrar la mecanización de potencias agrícolas regionales como Brasil o Argentina”.

El punto es que la mecanización de la fumigación es para aquel agricultor que quiera pasar de los cultivos de subsistencia al comercial porque al ahorrar tiempo, riesgos e insumos los costos bajan y puede aumentar la productividad y la rentabilidad siempre y cuando se acierte en la inversión.

Santiago Franco de Eduardoño dice que “vender equipos es muy fácil, pero lo útil es acompañar cada equipo con asistencia técnica, con respaldo posventa y con una presencia directa en campo para que, con el agrónomo del cultivo, se diseñen las estrategias de fumigación, se establezcan los productos, los caudales y las boquillas de la fumigadora según el tipo de cultivo y, en últimas, quede claro cómo y cuándo es el retorno de la inversión de haber adquirido un equipo fumigador”.

Un equipo mecanizado de fumigación puede costar desde 11 millones de pesos y “se tiene experiencia en que el retorno viene en tres o cuatro cosechas, siempre y cuando haya una asistencia técnica directa del vendedor del equipo”, puntualiza Rendón.

“Por ejemplo, con los arroceros del Tolima hemos hecho un ejercicio comparativo de la fumigación tractorizada con la aérea y nos da que el costo por hectárea con la primera puede ser de 20 mil pesos y de 40 mil con la segunda; pero, además, si se quisiera hacer manualmente, el costo se elevaría exponencialmente porque cada jornal cuesta 30 mil pesos diarios y su rendimiento y eficacia no se puede comparar con la mecanización”, concluye el ingeniero.

De manera que si el futuro de Colombia está en el campo, su productividad y rentabilidad puede comenzar a mejorar con pasos importantes como la mecanización de la fumigación.

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