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| 3/21/2014 12:00:00 AM

La universidad moderna se pone al servicio del empresariado

Tanto empresarios como empleados buscan alternativas académicas para mejorar su competitividad. En la universidad encuentran la respuesta.

La educación ha sido considerada por las sociedades como uno de los pilares básicos para el desarrollo humano y su bienestar. Por esta razón el Estado colombiano, a través de la Constitución del 91, se empeñó en crear las condiciones para dar un mejor cubrimiento educativo, tanto en las escuelas primarias, como en el ámbito superior, sea técnico o profesional.

Pero uno de los principales inconvenientes para que el ciudadano común mejore su formación es el asunto económico: por cierto solamente el 10% de la población puede acceder a educación superior, mientras el 90% restante no lo puede hacer pues debe responder a una necesidad económica: o trabaja y produce o estudia.

Ante esa disyuntiva, y la consecuente frustración de posibles iniciativas productivas, nace la necesidad de una formación académica flexible, tanto en lo que se refiere a los programas como a su misma frecuencia horaria.

Albert Corredor, presidente del Centro de Sistemas de Antioquia (Censa) y rector de la Corporación Universitaria Americana – sede Medellín, explica que hoy día “hay una necesidad compartida entre los empresarios y el capital humano en el sentido de que los unos necesitan personal capacitado y, los otros, capacitarse para lograr una mejor posición en las escalas jerárquicas laborales de las empresas.”

Y es claro, con un personal técnico o profesional capacitado, la empresa se beneficia en varios sentidos: además de ganar en productividad y rentabilidad (pues el recurso humano sabe qué hacer y cómo hacerlo), aumenta su competitividad porque el personal es más creativo e innovador para la obtención de soluciones del día a día. Así mismo, ese capital humano tiene un mejor vivir porque puede desarrollar su potencial.

Pero así como la globalización ha obligado al cambio en las empresas, también lo ha hecho en la educación: mientras hace unos años la rutina del estudiante transitaba entre el aula, la biblioteca y su casa, en la actualidad se ha incluido el concepto del desarrollo integral del ser humano mediante la creación de espacios de integración social y del impulso  de otras dimensiones del ser como la deportiva.

“El aporte moderno al desarrollo humano de la academia va mucho más allá de la adquisición de saberes y habilidades: la práctica de algún deporte o de alguna actividad cultural, como las artes, complementan la dimensión humana”, explica Corredor.

Unido a la formación en las aulas y en los campus universitarios, es claro que el estudiante –sea o no empleado- debe tener la oportunidad de poner en práctica los conocimientos adquiridos. Por esta razón la universidad de hoy debe facilitar espacios de trabajo de campo real como los consultorios jurídicos y empresariales, que no solamente prestan un espacio de práctica sino de servicio social.

En ese trabajo de campo, además de asesorar a personas en el campo legal o empresarial (en aspectos contables, de mercadeo, recursos humanos, tributario o de negocios internacionales)  además se adquiere la comprensión de ese otro gran aspecto del desarrollo laboral: la ética profesional.

Unido a lo anterior el profesional o el técnico del momento está obligado al uso de las tecnologías de la información en su diario quehacer, al tiempo que debe comprender, como mínimo, el inglés como segunda lengua.  No de otra forma es posible la competitividad en una economía globalizada, en la que en virtud de los tratados de libre comercio es común  la interacción con personas de otros países y otras lenguas.

El punto es que tanto empresarios como empleados tienen hoy la oportunidad de mejorar su perfil académico para dar un mejor aporte a la sociedad, a través de instituciones universitarias flexibles y que faciliten su acceso, tanto en la forma de pago como en la intensidad y frecuencia horaria.
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