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| 11/19/2013 12:00:00 AM

También son una opción

A la hora de construir viviendas los inversionistas se están abriendo camino lejos de las grandes metrópolis.

Las ciudades intermedias son un polo de desarrollo y una oportunidad de oro para el sector inmobiliario. Estas urbes, con poblaciones de más de 100.000 habitantes, ofrecen un mercado que crece cada vez más por cuenta de una clase media en expansión y un notorio aumento del ingreso per cápita. A esto se suman factores como las bajas tasas de interés, una abundante oferta de crédito y una inflación controlada.

 

De hecho, según el más reciente informe del Doing Business, las ciudades emergentes resultan más atractivas que las metrópolis, gracias a una mayor eficiencia en procesos como el número de días o trámites para construir. Las grandes urbes como Bogotá, en contraste, presentan dificultades para instalar redes de servicios públicos y demoras en el otorgamiento en las licencias ambientales, lo que se suma a la escasez y el encarecimiento del suelo habitable.

 

Estos factores han hecho que inversionistas nacionales e internacionales, provenientes de Chile, España, México y Portugal, lleguen a ciudades como Cúcuta, Santa Marta, Ibagué, Yopal, Villavicencio, Neiva y en general el Eje Cafetero, entre otras, y le apuesten a proyectos de sedes empresariales y centros comerciales y, por supuesto, a la vivienda. Este sector de la construcción es atractivo por cuenta del crecimiento demográfico y la insuficiente oferta de soluciones habitacionales.

 

 

Según Camacol, en los últimos tres años se ha presentado un impulso importante en la construcción de vivienda formal en estas ciudades. Los casos de Cesar, con un incremento del 60 por ciento, Córdoba  con el 131 por ciento, Sucre con el 67 por ciento, Meta con el 51 por ciento, y Magdalena con el 97 por  ciento, son los más destacados.

 

A ese potencial de la demanda local se suma el de los colombianos que buscan una casa de recreo y  los extranjeros pensionados que quieren pasar sus días en un destino tropical, cuyo costo de vida preferiblemente no exceda su monto pensional. La arquitecta Pilar Rosas explica que “el mercado  inmobiliario internacional busca urbes menos convulsionadas y más económicas, pero con una oferta cultural rica, buen clima y accesibilidad terrestre y aérea, como es el caso de Bucaramanga: líder en segunda vivienda. El reto es ofrecer lo mejor del campo y la ciudad, todo en un mismo sitio”.

 

Mirando a las afueras

 

Otro fenómeno similar al de las ciudades intermedias se está dando en los municipios aledaños a Bogotá. El crecimiento exponencial de la capital, sumado a la escasez de  suelo, ha llevado a que sus habitantes migren hacia lo que se conoce como el ‘polígono metropolitano’, que incluye a Cajicá, Chía, Cota, Facatativá, Funza, Gachancipá, La Calera, Madrid, Mosquera, Soacha, Sopó, Tocancipá y Zipaquirá. Algunos van más allá y han optado por destinos menos cercanos pero con un clima más cálido, como es el caso de Villeta, Anapoima y Melgar. Y es que según Carlos Alberto Serna Londoño, gerente de Espacios Urbanos y gestor de la llamada Ley de Segunda Vivienda, “las ciudades grandes ya no están respondiendo a las necesidades de los ciudadanos en materia de renovación urbana, servicios públicos, tráfico vehicular, contaminación, seguridad, transporte público y espacios para la recreación y el deporte”. Esto ha hecho que se inicie un proceso de desplazamiento de la vivienda de los estratos cuatro, cinco y seis hacia los alrededores de las capitales.

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