Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/02/24 09:33

Proceso de paz: ¿Qué se está debatiendo desde la academia?

Para nadie es un secreto que Colombia se encuentra en un momento decisivo de su historia. Tras 50 años de conflicto armado existe la posibilidad de firmar un acuerdo con las FARC. ¿Qué tan de acuerdo están los puristas y estudiosos en el tema? Conozca los aportes críticos desde la academia.

Es en el seno de la academia que se deben dar los debates mejor informados, “blindados” contra la opinión política “disfrazada de opinión experta” Foto: Comercial

El 18 de octubre de 2012 comenzaron formalmente los diálogos de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Desde entonces, el país ha gravitado alrededor de las conversaciones de La Habana, pues las informaciones sobre lo que sucede en la capital cubana crecen, mientras la opinión pública nacional, según el columnista Jorge Arango Mejía, en su texto ¿Qué pasa en la Habana?, no tiene nada claro.

Sin embargo, esa falta de claridad no es irremediable. Si bien la mecánica misma de la negociación implica prudencia, la labor de tanto los medios masivos de comunicación, así como de la academia, deben cumplir un papel iluminador para la comprensión del proceso de diálogo. Esta es una de las obligaciones que por su naturaleza la universidad debe asumir, explica Andrés Molano Rojas, profesor del programa de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Para el investigador, está claro que la academia tiene al menos dos funciones fundamentales a realizar en el presente proceso. Primero, “recoger experiencias internacionales y propias de negociaciones de paz, estudiarlas rigurosamente para extraer conclusiones que permitan entender mejor el desarrollo del actual diálogo y que, de esta forma, sirvan de insumo para la posterior toma de decisiones de política pública derivadas de la negociación”.

Por otra parte, es en el seno de la academia que se deben dar los debates mejor informados, “blindados” contra la opinión política “disfrazada de opinión experta”, complementa Molano.

Así, uno de los escenarios propicios para confrontar posiciones críticas frente a la negociación debe ser la universidad. Se espera que por su naturaleza científica el debate sea de mejor calidad, apuntando al argumento riguroso, versus el argumento que persigue diversos intereses, entre económicos, ideológicos y políticos antes que estrictamente técnicos y racionales.

De igual forma, los investigadores deben recoger la mayor cantidad de datos para comprender los fenómenos asociados al conflicto en las regiones. Así piensa el profesor Oscar Palma, de la facultad de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Rosario, para quien la región colombiana debe ser entendida en sus lógicas y dinámicas propias.

La investigación científico- social “debe llegar directamente a las regiones. Es necesario conocer cómo viven las personas allí, medir su economía, indagar por los tipos de relaciones sociales que se construyen en sus territorios para de esta manera comprender mejor el conflicto y porqué la violencia que lo acompaña se desarrolla en estos lugares”, argumenta el investigador.

Es precisamente en regiones como la Costa Caribe, la Costa Pacífica nariñense, algunos municipios del departamento del Cauca y, especialmente la zona del Catatumbo, donde la violencia originada por el conflicto armado ha sido más cruenta, como resultado de diversos factores socio-económicos y políticos que históricamente han dificultado la construcción de un Estado eficaz capaz de imponer la legalidad.

“Una de las tareas pendientes en algunas de las llamadas zonas periféricas es la de estructurar un orden estatal que, sin desligarse del centro, comprenda las particularidades endógenas de los procesos sociales, políticos, económicos e incluso culturales de cada región”, complementa el profesor Palma.

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