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| 6/2/2015 12:00:00 AM

Derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad intelectual: ¿Está preparada nuestra sociedad?

Muchos de ellos son llamados socialmente como niños eternos, enfermos, discapacitados mentales o retardados. Urge un apoyo que supere la simple información sobre sus necesidades y derechos en este campo. , Artículo

Las tensiones sobre este asunto siguen vigentes en el siglo XXI. Por un lado, está el discurso de derechos, plasmado en el 2006 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la “Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD)”, y, de otro lado, están las prácticas sociales que demuestran que no existe una aplicación real de los mismos.

En efecto, este grupo, que representa el 15 por ciento de la población mundial, registra los peores resultados en el mundo en temas de salud, educación y participación social.

Ante esta realidad, los Grupos de Investigación Clínica y Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad del Rosario realizaron una investigación cualitativa con el fin de avanzar en la comprensión y conocimiento de los imaginarios, mitos y estereotipos que circulan en torno a la sexualidad y a los DSyR de las PCDI.

En la investigación se encontró que las palabras más utilizadas para referirse a las PCDI fueron: “niño”, “enfermo”, “discapacitado mental”, “retardado” o “disminuido mental”.

Sus características intelectuales los han condicionado a ser tratados como enfermos y como “niños eternos”, objeto de cuidado.

Si bien los entrevistados reconocen a las PCDI como titulares de los DSyR, en su mayoría cuestionan la capacidad que tienen para su goce y ejercicio pleno, argumentando su falta de habilidad para obrar, actuar o tomar decisiones asertivas, asumiendo riesgos y responsabilidades (autodeterminación).

Todos los grupos entrevistados coinciden en que es necesario educar a las PCDI para que, con los apoyos necesarios, puedan aprender a ejercer sus DSyR.

Reconocen que la educación es mucho más que acceder a la información e implica que las PCDI tengan la oportunidad de aprender y desarrollar habilidades de protección, detección de riesgo y responsabilidad. La educación para la autodeterminación es un proceso continuo, en el que la persona es el principal agente causal de su vida y, por lo tanto, tiene el derecho a construir, aprender y descubrir su sexualidad como parte integral de su desarrollo como ser social.

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