Especiales Editoriales

Montería y Córdoba se levantan: SEMANA recorrió los barrios que sufrieron inundaciones y que dejaron a más de 220.000 damnificados

SEMANA llegó al departamento de Córdoba, donde miles de familias lo perdieron todo por las inundaciones. Las historias son desgarradoras, pero en medio de lo ocurrido no pierden la esperanza de salir adelante con lo único que les quedó: la fe.

3 de abril de 2026 a las 11:00 a. m.
Montería se reconstruye

Varias de las casas del occidente de Montería y municipios aledaños del departamento Córdoba aún permanecen con una marca amarilla a más de un metro de altura. Una “cicatriz”, como la llaman algunos, de lo que fue la tragedia que comenzó el 31 de enero por un frente frío, un fenómeno meteorológico que se generó por las bajas temperaturas de Norteamérica que, al golpear con el aire cálido del Caribe, causó lluvias constantes durante varios días, inundando casas, colegios y fincas que luego de dos meses aún no se recuperan en su totalidad. El olor a tierra mojada sigue latente y las personas aún recuerdan con dolor lo sucedido.

SEMANA llegó hasta la capital cordobesa para constatar cómo esta región se levanta luego del drama que dejó a más de 70.000 damnificados solo en Montería.

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Córdoba y Montería se levantan: SEMANA recorrió los lugares de las inundaciones por el frente frío

Un equipo periodístico llegó hasta las zonas más afectadas para hablar con pobladores damnificados. Los ciudadanos, con ayuda de los gobiernos locales, buscan salir adelante.

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La margen izquierda de la ciudad fue la más impactada, especialmente la Comuna 1, donde quedan los barrios Vallejo, El Dorado, El Poblado y Altos de Canaán, entre otros. Las casas de los monterianos de esta zona quedaron prácticamente bajo el agua, lo que generó que muchos tuvieran que dejar todos sus bienes en sus hogares y salir en canoas o incluso nadando para salvar sus vidas.

Óscar Bolaños es un comerciante de El Poblado, una comunidad popular que limita con la zona de influencia del humedal Berlín. Según cuenta, a las dos de la madrugada del 6 de febrero tuvo que salir del barrio y recorrer más de un kilómetro de distancia con el agua sobre los hombros.

“Salimos nadando porque el agua nos daba al cuello. Había niños pequeños y señores. Duramos más de una hora para salir hasta la troncal. Esperamos que amaneciera para salir a buscar casa seca”, contó. Se fueron a un municipio cercano donde los recibieron durante varios días; otras personas tuvieron que acudir a albergues que destinó la Alcaldía de Montería durante semanas. En el caso de Bolaños, a los 22 días pudo regresar junto a su familia.

La tragedia no terminó allí. Al retornar, encontró que más de la mitad de la mercancía de su negocio de alimentos básicos y enseres se había perdido. “Hay que empezar nuevamente”, agregó. Durante ocho días tuvo que limpiar su hogar y el negocio, y calcula que las pérdidas superarían los 15 millones de pesos en deuda.

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Fermín Arteaga, un habitante de ese mismo barrio, afirmó que para esa misma fecha tuvo que salir luego de que el agua sobrepasara el metro de altura en su vivienda. “Nunca pensé que esa inundación pudiera llegar a nuestro barrio”, reconoció.

“Fue muy rápido. Cuando sacamos el televisor y la moto y quisimos regresar nuevamente, ya teníamos el agua a la cintura; fue bastante desesperante. Esa situación nunca la habíamos vivido”, afirmó Arteaga.

A los pobladores de esta zona, como a los demás cordobeses, les tomó por sorpresa lo sucedido. Varios coinciden en que nunca antes habían vivido algo así, por lo que muchos se confiaron, pues a pesar de las torrenciales lluvias, no esperaban que el agua llegara a ese nivel.

Un barrio aledaño es El Dorado. En este lugar las personas sufrieron la misma calamidad y se vieron obligadas a salir de sus hogares durante más de un mes. Allí se encuentra la Institución Educativa El Dorado, que terminó inundada, afectando la escolaridad de 1.200 niños y niñas que tuvieron que suspender sus clases por varias semanas, ya que, además de no poder asistir a su jornada escolar, perdieron sus útiles, juguetes y hasta el uniforme.

Shirly Arrieta, la rectora de esa institución educativa, contó lo sucedido. “Las lluvias vinieron en una cantidad inimaginable y eso afectó todo el sistema hidráulico de la ciudad, a tal punto que todos los barrios de la Comuna 1 sufrieron las inundaciones que afectaron a las familias”, relató. Arrieta coincide en que esa situación los tomó por sorpresa y pocos creían lo que iba a suceder. Dice que el 80 por ciento de los docentes de esa institución resultaron damnificados.

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Relatos de quienes vivieron la emergencia
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Una de esas víctimas es Karen González, profesora de primaria de lenguaje e inglés de ese colegio, quien contó que fue una de las damnificadas del barrio Vallejo. “Mi casa quedó prácticamente bajo el agua, tuve pérdidas materiales porque el agua superó el metro y medio. Además de toda la incomodidad de salir del hogar y desplazarse”, dijo.

La tragedia para muchos como González aún no termina, pues ella no ha podido regresar a su vivienda y tuvo que arrendar otra casa mientras hace las reparaciones correspondientes, pues su hogar duró más de 15 días bajo el agua. Una de las dificultades que tuvieron los habitantes de esos barrios de la Comuna 1 es que se tuvo que llevar a cabo un exhaustivo proceso de limpieza con máquinas especializadas que dispuso la alcaldía, además de otras actividades de desinfección y hasta manejo de plagas, ya que la lluvia dejó escombros, basura y animales que también perdieron la vida con la tragedia.

Altos del Canaán fue otro de los barrios más afectados. Luego de dos meses de haber sucedido las inundaciones, aún hay calles con charcos de agua estancada que reflejan lo que ocurrió. “No esperábamos que esto fuera tan grande; la magnitud del agua era inmensa. Nos inundamos en menos de dos horas”, afirmó Jonathan Abad, presidente de la Junta de Acción Comunal.

“No aseguramos lo material, buscamos asegurar las vidas. Entre todos comenzamos a sacar a la gente e ir evacuando. No descansamos hasta que no estuvimos seguros de que no había quedado nadie en sus casas. Nos fuimos a albergues, pero la inundación llegó allá y después nos tocó ir a la margen derecha de Montería”, narró el líder de ese barrio.

En el albergue del Colegio Nacional estuvieron durante dos días unas 1.500 familias de esa comunidad; sin embargo, por la cantidad de personas, la alcaldía las organizó en el albergue del Coliseo de Ferias, donde habitaron durante un mes y cinco días.

Cuando regresaron, empezaron a trabajar con la Alcaldía de Montería, que dispuso equipos especializados para que, junto a la comunidad, pudieran volver a habitar sus casas y retornar a sus hogares.

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CÓRDOBA INUNDADA
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Aunque Montería fue una de las zonas más afectadas, varios municipios del departamento terminaron bajo el agua. Según el gobernador Erasmo Zuleta, 25 de los 30 municipios fueron impactados, afectando unas 150.000 hectáreas de tierra, a 80.000 familias y a más de 220.000 personas, en su mayoría campesinos o cordobeses que viven en las zonas rurales.

Uno de los rostros de esa tragedia es Luis González, habitante de la vereda El Vidrial. “Fue impresionante. Hubo personas a las que no les dio tiempo de sacar nada. Perdieron camas, colchones y escaparates”, afirmó. Las personas tuvieron que irse a albergues en Montería o sitios aledaños de Córdoba. En el caso de González, volvía todos los días a verificar cómo se encontraba su hogar. De esta comunidad de ocho viviendas, solo dos quedaron habitables; las demás familias no han podido regresar. Por 12 días, González dijo que tuvo que vivir afuera de su vivienda y dormir en plásticos.

Yolanda Hernández, habitante de Severá, un corregimiento de Cereté, narró que aún no ha podido regresar a su casa porque el agua tumbó las paredes. “Estoy alojada en una posada que nos dieron”, dijo.

Luis Rodiño, vecino de Hernández, contó que vivió la tragedia en carne propia. “Nunca pensamos que la carretera se la fuera a llevar el agua”, aseguró. Según cuenta, todo el corregimiento estuvo inundado durante varios días y entre la misma comunidad tuvieron que poner varios sacos de arena para frenar el caudal del agua.

Rodiño añadió que sufrieron afectaciones en el agro, tanto en cultivos como con animales. “El pancoger se acabó, la yuca, el plátano, el ñame, se perdieron”, manifestó mientras reconocía que la tragedia lo hizo llorar, una confesión en la que coinciden los cordobeses para ejemplificar la magnitud de la tragedia.

A menos de un kilómetro, Amelia Portacio cuenta que perdieron desde las camas y los clósets hasta los cultivos de cachama y yuca. En la entrada de su vivienda se ven los colchones con marcas de agua que quedaron inservibles y que ahora deberán renovar. Afirma que lamentan que el trabajo por décadas de su padre en el campo se haya perdido con las inundaciones.

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El gobernador Zuleta explicó que ya finalizó la etapa de atención de la emergencia en la que se rescataron las vidas y se entregó ayuda humanitaria. Ahora, comienza la de reactivación económica y recuperación de daños. Gracias a un decreto expedido por el Gobierno nacional, desde la gobernación podrán destinar rentas con destinación específica para atender la emergencia. Para ello ya se construyó el Plan de Atención de la Emergencia (PAE) junto con los alcaldes de los municipios afectados para empezar ese proceso. La inversión se priorizará en los sectores de vivienda, infraestructura, educación y agro.

Los damnificados no solo fueron del norte de Córdoba, sino que habitantes de Tierralta, al sur del departamento, narraron que tuvieron que salir prácticamente en pocas horas para evitar perder sus vidas. Fue tal la situación que Luis Fernando Hernández, un líder de ese municipio, dijo que tuvieron que decidir si salvar a las personas o a los animales.

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¿CÓMO SUCEDIÓ LA TRAGEDIA?

Una de las constantes en las historias de los monterianos y de las mismas autoridades es que este fenómeno los cogió por sorpresa. En pocas horas se registraron las inundaciones y el agua creció a niveles impensables.

Pablo Medina, ingeniero experto en temas ambientales, calificó este hecho como un “cisne negro”, pues así se conoce en materia de riesgo a los fenómenos imprevisibles. Según explicó, varios factores se conjugaron, como el verano en la región, por lo que la represa de Urrá se encontraba en un alto nivel. Sin embargo, al llegar el frente frío, se registraron lluvias a más de 4.000 metros cúbicos por segundo y esa agua entró a la represa. “Pasó prácticamente surfeando por la represa y se metió al río con caudales que nunca habíamos visto”, dijo Medina.

Desde 1999, cuando Urrá entró en funcionamiento, los caudales habían alcanzado como máximo los 1.700 metros cúbicos por segundo, pero esta vez se llegó a más de 2.000 metros, lo que generó que el caudal del río Sinú se incrementara y llegara con fuerza al sur de Montería, a la margen izquierda de la ciudad y a otros municipios de Córdoba.

El alcalde de Montería, Hugo Kerguelén, explicó que en el sector de El Tigre, en zona rural en el sur de la parte urbana, el río Sinú rompió en tres puntos específicos. El nivel era tan alto que no podían contenerlo. Una vez bajó, se construyó artesanalmente una especie de corraleja de madera con sacos de arena en la mitad para impedir que el agua continuara inundando la ciudad y el departamento.

“A Montería no la inundó el río por su cauce normal, sino que se inundó por las rupturas que hizo aguas arriba y el agua pasó a la margen izquierda”, contó Kerguelén, quien estuvo durante la tragedia con las botas puestas, sacando personalmente a las personas de sus hogares.

Tras dos meses de haber ocurrido la tragedia, las personas buscan salir adelante. Desde la Alcaldía de Montería y la Gobernación de Córdoba se anunciaron distintas estrategias para ese propósito. Por ejemplo, se han recibido donaciones por más de 7.100 millones de pesos para el departamento. En el caso de Montería, se anunció que se mejorarán más de 1.000 viviendas de los damnificados.

Mientras eso sucede, los cordobeses se aferran a lo único que les quedó: la fe, pues ellos mismos dicen que solo Dios podrá sacarlos adelante.

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